Bestia (Bestia nº 1) Capítulo 43 #3
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Capítulo 43 #3

Sacudo la cabeza para alejar los recuerdos tortuosos y aprieto la mandíbula.

Entonces, me pregunto cuánto daño le hice a Harry.

Cuánto dolor le causé y cuán lastimado quedó después de que nos separamos.

En ese entonces solo pensaba en mí y en mi bienestar.

Jamás llegué a preguntarme cuánto lo heriría al alejarlo como lo hice.

—¿Alguna vez te hice daño, Harry? —La voz me sale en un susurro tembloroso.

—No más del que yo te hice a ti, Maya —responde. Suena sereno y tranquilo y eso solo hace que la sensación de hundimiento sea más intensa.

—Lo siento mucho —sueno patética—. Lamento mucho haberte hecho daño. Nunca quise hacerlo.

—No lo lamentes —responde y luego me regala un encogimiento de hombros—. El dolor es inevitable en esta vida. Yo también te herí muchas veces, y no estoy diciendo que no sienta haberlo hecho; es solo que es inevitable. En el amor, salir lastimado es algo que ocurre nos guste o no.

Mi vista se posa en la calle y me doy cuenta de que estamos cerca del apartamento de Kim. No estoy lista para decir adiós. No cuando tengo tantas preguntas que hacer. No cuando deseo retenerlo unos segundos más en mi vida.

—Harry… —Trago duro. El nerviosismo me asalta, pero no dejo que eso me amedrente—. ¿Puedo preguntarte algo?

Él duda unos instantes, pero asiente con cautela.

Mi pulso late con tanta fuerza, que temo que sea capaz de escucharlo.

—¿Lo que dijiste la otra vez es cierto? ¿Te has asociado con una compañía pesquera? ¿Dejaste de hacer… lo otro? —pregunto.

La vacilación en su rostro me pone los nervios de punta y me tenso en anticipación a su respuesta.

—Es cierto —dice—. Me asocié con una compañía pesquera pequeña. —Mi corazón salta, pero se hunde de nuevo cuando continúa hablando—: Pero no he dejado mi trabajo con Rodríguez. Te lo dije antes, Maya. Ese mundo no se deja atrás nunca.

La decepción quema hondo dentro de mi pecho. Una parte de mí creía que había dejado eso atrás, pero, en el fondo, sabía que era imposible que ocurriera…

Cuando aparca frente al edificio donde vivo, me veo tentada a echarme a correr.

Dejar que me trajera fue una mala idea. Estar cerca de Harry duele más de lo que debería. Saber que nada ha cambiado entre nosotros escuece y hace que todo dentro de mí se derrumbe.

—Gracias por traerme —digo, con un hilo de voz.

Él no dice nada. Ni siquiera me mira. Mantiene la vista fija en el camino, a pesar de que el auto ni siquiera se mueve. Yo tampoco me atrevo a moverme.

Al cabo de unos instantes en completo silencio, decido que debo marcharme y abro la puerta del copiloto para salir. Entonces, siento cómo sus dedos helados se envuelven en mi muñeca. Mi atención se vuelca hacia él y me congelo cuando me doy cuenta de su cercanía.

—Voy a irme, Maya —susurra, con urgencia—. Voy a irme lejos de aquí. Lejos de Rodríguez, de Tyler, de Nadia y de ese mundo de mierda. Es la única manera.

El alivio, el pánico y el dolor se arremolinan y colisionan en mi sistema en ese instante.

—¿Qué?

Harry asiente.

—¿Cuándo? —Mi voz sale en un hilo.

—No lo sé —susurra y noto el pánico en su mirada.

Está aterrorizado—. No lo sé, Maya, pero debes prometer que vas a cuidar de mi mamá; que vas a frecuentarla y hacerle compañía.

Va a odiarme después de esto, pero… —Traga duro.

Sus palabras suenan arrebatadas y parece como si no estuviese seguro de qué decir.

Entonces, duda unos instantes, pero continúa—: Maya, puse el apartamento a tu nombre.

Cuando me vaya, puedes vivir ahí. El lugar es tuyo. No quiero que nadie más lo tenga.

—No… —susurro—. No, Harry. No puedes…

—¿Por qué no? —me interrumpe. Luce ansioso y desesperado—. Tu padre ya no vive en el edificio. Lo echaron hace meses. Es seguro para ti y…

—No puedes hacerme esto. —Lo interrumpo, y las lágrimas se agolpan en mis ojos—. No puedes irte y dejar a tu madre así. —«¡No puedes dejarme a mí así!», quiero decir, pero no lo hago—. No puedes irte sin ella. Si vas a irte, tienes que llevarla contigo.

—Ella no va a querer dejarlo todo, Maya. —Suena triste y derrotado—. Lo único que puedo hacer es dejarle dinero y… Y dejarle a la mujer más hermosa, aparte de ella, que he tenido la fortuna de conocer: tú.

—Harry…

—Por favor, Maya. No volveré a pedirte nada más. Por favor…

«No te vayas. Por favor, Harry. No me dejes aquí. Llévame contigo…». Quiero gritar, pero, en su lugar, asiento con rapidez.

—De acuerdo —susurro, al cabo de un momento de silencio tenso—. Lo haré.

Él luce aliviado, pero yo me siento más enferma que nunca.

—Gracias… —suspira. Sé que quiere decir algo más, pero ya estoy bajando del auto.

Entonces, sin decir una palabra más y sin dejarlo continuar, doy un portazo y me precipito hacia el interior del edificio. Ni siquiera me atrevo a mirar atrás.

En ese instante, la resolución cae sobre mis hombros como si del peso del mundo se tratase. Cae sobre mi cuerpo y todo dentro de mí se estruja hasta un punto sin retorno…

Harry va a irse. Va a irse y no voy a verlo nunca más.