Bestia (Bestia nº 1) Capítulo 43 #2
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Capítulo 43 #2

Toda emoción se esfuma de mi cuerpo en el instante en el que veo la tortura en su expresión. Luce enfermo, asqueado y aterrorizado, pero no dice nada. No se mueve. No respira.

Quiero decir algo reconfortante, pero sé que nada de lo que diga puede aminorar la oleada de recuerdos que ese lugar debe traerle.

Mi vista se fija en el terreno frente a nosotros. Luce como una escuela ordinaria, y no hay vestigio alguno de haber habido un incendio en ese lugar. El edificio debe haber sido reparado hace años; sin embargo, los recuerdos de Harry siguen intactos.

En ese momento, estiro mi mano para alcanzar la suya, pero me detengo en el acto. No puedo hacer esto. No puedo intentar consolarlo de esta manera porque no es correcto. No puedo permitir que vuelva a colarse dentro de mis huesos como lo hizo antes…

—¿Ves esa hilera de ventanas de ahí?... —señala con una mano, en dirección a la parte izquierda de la edificación.

Su voz suena más ronca que nunca—. Según la policía, en ese lugar se inició.

Era un laboratorio de química. Hubo una explosión y eso hizo que la estructura se debilitara. Hubo un montón de heridos.

Mi ceño se frunce, en confusión.

«¿Cómo es que te culparon si se inició dentro del edificio? ¿Estabas ahí?». Quiero preguntar, pero no me atrevo a hacerlo.

No sé cuánto tiempo nos hemos quedado aquí, sin hacer nada, pero no me atrevo a romper el silencio que se ha instalado entre nosotros.

Su rostro se agacha y noto cómo sus párpados se cierran.

—Lo siento… —dice, con un hilo de voz—. Lo siento mucho. Yo…

—No… —lo interrumpo y estiro mi mano hasta ponerla sobre su hombro. Él parece sobresaltarse por el contacto, pero no me aparta—. No hay nada que sentir, y tampoco tienes que explicarme nada.

Su cabeza gira en mi dirección y, de pronto, me encuentro mirando sus pálidos ojos verdes. Hay lágrimas en ellos, pero ninguna es derramada.

—¿Sabes cuántas veces traté de disculparme por esto? —La tortura en su voz me quiebra por completo—. ¿Sabes cuántas veces intenté demostrar que yo no lo hice?... El fallo del juicio nunca fue suficiente y yo solo deseaba que la gente supiera que no maté a nadie.

—Harry —el nudo en mi pecho se aprieta—, no puedes seguir torturándote con eso.

No es sano. No tienes nada que demostrarle a nadie porque tú no lo hiciste.

No le debes nada a las personas que te culpan.

Al contrario, son ellas las que te deben todo a ti.

Te arrebataron la vida entera. Las ilusiones, las metas, las ganas de salir adelante…

No puedes tratar de buscar su aceptación porque es claro que ellos nunca van a creer en tu inocencia.

Dudo mucho que crean en ti aún después de escuchar una confesión de boca del verdadero culpable.

—¿Cómo hago, entonces, para dejar de sentirme así, Maya? —susurra—. No quiero ser la víctima aquí, pero cada vez que intento olvidarlo todo y dejarlo atrás, ocurre algo y todo vuelve. Es una tortura constante.

—No se trata de olvidar, Harry —digo, en voz queda—. Se trata de aprender a vivir con ello. No puedes pretender que no ocurrió, pero puedes aprender a lidiar con todo eso.

Suelta una risa amarga y niega con la cabeza mientras aparta la mirada.

Harry no dice nada. Tampoco se mueve durante un largo momento.

—No sé qué mierda ocurre conmigo —dice, al cabo de un rato. Acto seguido, echa a andar el auto—. Será mejor que nos vayamos.

Quiero decir algo más, pero no se siente correcto. No cuando ha cortado de tajo con la conversación.

Pasan cerca de quince minutos antes de que logremos salir del laberinto que es ese fraccionamiento. No hemos hablado más acerca del incendio. No hemos hablado de nada en lo absoluto durante ese lapso.

Harry se ha sumido en sus pensamientos desde que dejamos su antigua escuela y yo no me he atrevido a hablarle. Verlo al borde del quiebre ha sido peor de lo que esperaba y me siento impotente por no saber qué hacer para mejorar su estado de ánimo, así que no digo nada.

—A mamá le agradas. —Harry habla después de otro largo rato en silencio.

Una sonrisa suave se apodera de mi boca.

—A mí me agrada ella. —Me detengo unos instantes, insegura a preguntar; pero lo hago de todos modos—: ¿Qué te llevó a buscarla de nuevo?

Él se detiene en un semáforo en rojo.

—Fue ella quien me buscó. Al parecer, se encontró a Johannah en el centro comercial y fue así como supo dónde vivía. Llegó a casa de la nada un día por la mañana —dice, sin mirarme.

Algo cálido se desliza dentro de mi pecho y mi sonrisa se ensancha.

—Es una mujer hermosa —comento.

—Es la mujer de mi vida —susurra y poso mi atención en él. Una sonrisa avergonzada se apodera de él y explica—: Cuando era niño, siempre me dijo que la mujer de mi vida nunca me haría daño. Ella es la única mujer que nunca me ha lastimado; es por eso por lo que digo que es la mujer de mi vida.

Una punzada de dolor atraviesa mi pecho en ese instante, y crece hasta convertirse en algo insoportable.

Me encantaría poder ver a mis padres de la forma en la que Harry ve a su mamá.

En mi caso, ellos son los causantes de las pesadillas.

Leandro es la cara de todas y cada una de ellas y mi madre es la mujer que desapareció de la faz de la tierra hace más de un año después de acabar con su matrimonio y con…

«¡No vayas ahí!», grita la voz en mi cabeza y desvío el hilo de mis pensamientos.