Bestia (Bestia nº 1) Capítulo 38 #3
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Capítulo 38 #3

Él entra a la bodega y me freno en seco justo frente a la puerta abierta.

Soy capaz de tener un vistazo de toda la estancia desde este lugar. Tres de las chicas que me golpearon —Nadia entre ellas—, se encuentran sentadas sobre un puñado de cajas de madera. Tyler se encuentra a pocos metros de distancia, y charla con un par de chicos desconocidos para mí.

Una carcajada retumba y reverbera debido a la acústica del lugar abovedado, antes de que Nadia se levante y haga su camino hacia Harry.

En ese momento, doy un paso hacia atrás y me refugio lejos de la vista de la gente que se encuentra dentro, mientras observo cómo la chica envuelve sus brazos alrededor de uno de los de Harry.

Ella chilla algo que no soy capaz de entender, pero él solo se limita a mirarla antes de soltarse de su agarre con brusquedad.

Nadia se tambalea hacia atrás con la violencia del movimiento y cae sobre su trasero con estrépito.

—¿Qué demonios, Bestia? —exclama uno de los chicos.

La chica de cabello corto que se sentó en el regazo de Harry durante aquella fiesta, corre en rescate de su amiga mientras él avanza hasta donde Tyler se encuentra.

De pronto, el escándalo estalla. Harry deja caer el bidón en el suelo antes de impulsar su brazo hacia atrás y atestar un puñetazo en el rostro de Tyler.

Un grito ahogado se me escapa en ese instante, pero cubro mi boca con una de mis manos para amortiguarlo.

Tyler se tambalea, pero Harry lo estabiliza antes de tomarlo de la camiseta y lanzarlo al suelo.

—¡Stevens! —grita uno de los chicos—. ¡¿Qué mierda estás haciendo?!

Harry balancea una pierna y la estrella contra el estómago de Tyler, antes de posar una rodilla en el suelo y tirar de la playera de Tyler para obligarlo a mirarlo a la cara. Entonces, sisea algo que no soy capaz de escuchar y lo golpea de nuevo con el puño.

Otro de los chicos trata de detener a Harry, pero este lo mira con hostilidad.

—¡No te atrevas a ponerme un puto dedo encima, imbécil! ¡Esto es entre este bastardo y yo! —grita en un bramido.

Entonces, todo es violencia, golpes y sangre.

No quiero mirar. No quiero ver a Harry así, pero tampoco puedo apartar la vista. Tampoco puedo hacer nada para detenerlo. Si entro, Nadia sabrá el motivo por el cual Harry hace todo esto. Sabrá que soy yo la causante de todo y va a hacer algo en contra de nosotros…

Un gruñido brota de la garganta de Harry mientras atesta una patada tras otra.

Mis ojos están fijos en la escena y trato de procesar lo que ocurre sin desmoronarme o ahogarme en el horror que me asalta.

Mi vista se clava en el rostro del chico del que estoy enamorada, y el nudo en mi garganta se intensifica cuando me doy cuenta de la crueldad que se dibuja en sus facciones.

Ese chico no es Harry. Es un tipo de aspecto aterrador. Un tipo que ha perdido completamente su humanidad y no le importa hacerle daño a los demás.

No me asusta la potencia de sus golpes, ni la manera en la que acecha a Tyler —quien ha dejado de moverse desde hace unos minutos—.

Lo que es realmente perturbador, es la inexpresividad de su rostro.

La carencia de emoción con la que lo golpea.

La forma despiadada, fría y calculadora con la que se desenvuelve.

Él no es Harry. Él es Bestia.

No sé cuánto tiempo pasa antes de que se aparte de Tyler, pero, cuando lo hace, lo contempla con la expresión en blanco durante unos segundos.

Harry luce jadeante y cansado, pero eso no impide que dé un par de pasos hacia atrás y tome el bidón con el que llegó. Tampoco impide que lo destape y camine hacia el tipo tirado en el suelo.

No me atrevo a apostar, pero podría jurar que he visto un atisbo de sonrisa en las comisuras de sus labios. Harry ha perdido el control sobre sí mismo y eso me asusta más de lo que me gustaría admitir.

Sin decir una palabra, el chico de las cicatrices deja caer el líquido sobre Tyler, quien se encuentra aovillado en el suelo.

El hedor del líquido lo inunda todo y me paralizo por completo al darme cuenta...

Es gasolina.

«¡Va a prenderle fuego!».

Mi vista se clava en Harry y me percato de la sonrisa satisfecha que hay en su rostro. Me percato de la inhumanidad de su mirada y de lo enfermiza que es su felicidad.

Él no es mi Harry. No puede serlo.

Doy un paso hacia atrás, y luego otro.

Doy un paso más y, entonces, me echo a correr.

El pánico se apodera de mí tan rápido que comienzo a llorar.

Lágrimas pesadas, calientes y angustiadas brotan de mí sin parar mientras corro sin rumbo alguno.

Mi respiración es dificultosa para este momento y el aturdimiento no hace más que perturbar mi sentido de la orientación.

Mi mano izquierda ha comenzado a temblar incontrolablemente y algo cálido corre por mi nariz hasta llegarme a la barbilla.

El sabor de la sangre invade mi boca y sé, justo en ese instante, que debo ir a un hospital.

Debo conseguir ayuda ahora mismo y, a pesar de eso, no puedo apartar de mi mente la imagen de Harry —de Bestia—, vaciando un bidón de gasolina sobre el cuerpo de un hombre al que le ha sacado la mierda a golpes.