Bestia (Bestia nº 1) Capítulo 37 #2
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Capítulo 37 #2

Sé que debo decirle a Harry. Sé que debo contarle, también, acerca de la amenaza de Tyler, pero ahora mismo no me parece que sea el lugar adecuado para hacerlo.

Cuando lo haga, quiero tener la capacidad de detenerlo de hacer cualquier estupidez.

Si se lo digo ahora, va a salir hecho una furia.

Ni siquiera voy a poder bajar de la cama debido a la ridícula cantidad de sondas que están pegadas a mis venas.

—No lo recuerdo del todo —digo. Es mitad mentira y mitad verdad—. Me golpearon en la nuca y… Y solo puedo recordar ruidos extraños y flashes de imágenes sin sentido.

Siento cómo su cuerpo se tensa.

—Kim dice que te escucharon gritar. —Su voz se ha enronquecido varios tonos—.

Dijo que, cuando salió, cuatro chicas corrieron lejos de ti y te dejaron ahí, tirada, medio desmayada.

Ella llamó a la ambulancia y me marcó desde tu teléfono para avisarme dónde te encontrabas.

—Traga duro y mi miedo incrementa—. Maya, pasaste más de media semana inconsciente.

—Su voz se quiebra—. ¿Tienes una idea de lo horrible que fue eso? Sentí que… Creí que…

Entonces, lo beso de nuevo. Él gruñe contra mi boca, pero corresponde a mi caricia.

Cuando nos separamos, me obligo a mirarlo a los ojos.

—Estoy bien —digo—. Todo está bien ahora.

Sus manos me abandonan el rostro para entrelazarse con las mías. Un beso es depositado en mi frente antes de que se aparte para volver a intentar alimentarme.

Harry no deja de acercar comida a mi boca y yo no dejo de protestar. Argumento una y otra vez que soy capaz de comer por mi cuenta, pero él me ignora todas y cada una de esas veces.

Después de asegurarse de que he comido todo lo que estaba en la bandeja, se sienta sobre el colchón duro de la camilla para poder envolverme los hombros con uno de sus brazos. Pregunta cómo me siento cada pocos minutos y ríe un poco cuando me quejo de sus gestos sobreprotectores.

Estoy agotada. Tengo tanto sueño, que apenas puedo mantener los ojos abiertos, pero no quiero dormir. No cuando él está aquí conmigo.

Alrededor de las seis de la tarde, una enfermera entra a la habitación y le dice a Harry que el horario de visitas ha terminado y que debe dejarme descansar.

El gesto enfurruñado en su rostro hace que una carcajada estalle fuera de mí. La acción detona una punzada de dolor en mi costado izquierdo; sin embargo, no es a causa de nada interno. La enfermera se cerciora de ello.

Harry se las arregla para tratar de convencer a la mujer de regalarle diez minutos más para despedirse de mí y, una vez que consigue que nos dé un momento más de privacidad, se apresura a llegar a mi lado para besarme de nuevo.

—Estaré justo aquí, ¿de acuerdo? —susurra, contra mi boca—. No voy a ir a casa sin ti.

Una sonrisa pequeña y tímida tira de las comisuras de mis labios.

—No seas bobo —lo reprimo—, ve a casa, descansa y come algo. Estaré aquí mañana. Prometo que no iré a ningún lado.

Niega con la cabeza.

—No me iré sin ti —dice, con determinación—. No me he movido de aquí en casi cinco días. Puedo estar un par más. No es problema para mí.

—¡Dios mío, Harry! —exclamo, con exasperación—. Ve a casa. Duerme en tu cama. Estaré bien.

—No insistas, Maya —refuta—. No me iré de aquí. Sé que luzco como un maldito indigente, pero no estoy dispuesto a dejarte, ¿me oyes?

Olisqueo en su dirección y hago una mueca de fingido asco.

—Necesitas una ducha, Stevens —bromeo.

—Tú también, Bassi. —Se encoge de hombros mientras sonríe.

—También necesito lavarme los dientes —asiento, en acuerdo.

—Lo necesitas. Realmente tu aliento es… —Golpeo su brazo con mi puño cerrado antes de que pueda terminar la oración—, ¡oye!

—Eres un tonto —mascullo, avergonzada—. No volveré a besarte hasta que me lave la boca.

Él trata de llegar a mis labios, pero yo rehúyo lo más que puedo. Entonces, me sostiene la cara entre las manos y planta un beso casto sobre mi boca.

—Me gustas así —susurra, sin dejar de sonreír—, toda apestosa y eso.

—Idiota. —El calor inunda mis mejillas y él suelta una risa entre dientes.

—También te quiero, amor.

—¡Oye! —La voz de la enfermera llega a nosotros de pronto, así que nos apartamos de golpe—. ¡Baja ahora mismo de ahí! ¡Vas a lastimarla! ¡Si alguien te mira ahí van a…!

Harry se baja de la cama y rueda los ojos al cielo.

—Ya me iba. —Harry alza los brazos, como si estuviese siendo amenazado por un arma de fuego. Entonces, se gira para mirarme—. Estaré justo aquí afuera. Si me necesitas, solo tienes que gritar.

—Sí… —La enfermera habla, con sarcasmo—. Como si yo fuese a dejarte entrar a la hora que te plazca.

El chico en el umbral le dispara una mirada cargada de fingida irritación, pero ella ni siquiera se inmuta.

—Te quiero —digo, porque necesito hacerlo.

—Te quiero —dice, sonríe y me guiña un ojo, antes de desaparecer por el pasillo.

Kim ha venido a verme muy temprano esta mañana.

Me ha contado cómo me salvó de haber sido asesinada a golpes afuera del restaurante, y no me sorprende descubrir que le entusiasma la idea de ser una especie de heroína.

Will, por otro lado, trata de contener a su hiperactiva novia cuando esta manotea al aire mientras habla sobre la frialdad con la que pensó en el instante en el que me halló tirada en el suelo.

Al cabo de un rato, Kim y Will se despiden de mí porque deben ir a sus respectivos empleos; sin embargo, antes de que se vayan, les hago prometer que vendrán a verme pronto. Ellos aseguran que lo harán y se marchan después de eso.

La habitación se queda en silencio unos instantes y me pregunto dónde se encuentra Harry ahora. Quizás ha tenido que salir de improviso. Quizás solo fue a conseguir algo para almorzar antes de venir a sentarse a mi lado el resto del día.

Estoy sumergida en mis pensamientos, cuando la voz de la enfermera me hace saltar en mi lugar.

No he escuchado qué es lo que ha dicho.

—¿Perdón? —sueno confundida y dispersa.

—Han dejado esto en la recepción para ti —repite, y alza un pequeño arreglo de flores a las cuales no les conozco el nombre. Entonces, lo coloca sobre la mesa junto a la puerta, y toma la tarjeta que venía en él para llevármela a la cama—. Tu novio es un chico detallista.

Una sonrisa se pinta en mis labios.

—¿Sabe dónde está ahora?

—Dijo algo sobre conseguir un buen café. —Ella sonríe—. No debe tardar.

Mi sonrisa se ensancha y saco el papel doblado que se encuentra dentro del sobre diminuto. En el instante en el que mis ojos se pasean por las líneas garabateadas, todo mi mundo se tambalea.

Solo hay cuatro palabras escritas. Cuatro de ellas y una firma:

«Ya sabes qué hacer.

Tyler.»

Las manos me tiemblan y el aturdimiento me invade cada célula del cuerpo. El tiempo parece haberse detenido un nanosegundo, ya que todo se siente como si ocurriera en cámara lenta.

En ese momento, la certeza me golpea de lleno. No puedo posponerlo más. Tengo que contarle a Harry lo que pasó, y tiene que ser lo más pronto posible.