Bestia (Bestia nº 1) Capítulo 34 #3
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Capítulo 34 #3

Ríe. De verdad ríe… pero suena como un gesto torturado. Como si cientos de emociones se arremolinaran dentro de él y estuviesen a punto de enloquecerlo.

Mis manos se envuelven alrededor de su brazo y recargo la cabeza en su hombro. No me atrevo a decir nada. Tampoco se siente como si pudiese arrancar las palabras de mis labios, así que decido seguir escuchando.

—No sé en qué punto llegué a ser parte del selecto grupo predilecto de Rodríguez —dice—.

Tyler y yo íbamos juntos a todos lados y nos encargábamos de lanzar advertencias a diestra y siniestra.

Aprendí a utilizar un arma porque así era requerido, pero nunca he llegado a utilizarla realmente.

El apodo de Bestia me lo gané después, debo admitir. Era un jodido animal con todo el mundo…

De pronto, parece sumido en sus recuerdos.

—¿Qué es lo que haces exactamente, Harry? —Mi voz es un susurro suave y tranquilo, y me siento sorprendida por eso.

—Básicamente, saco la mierda de la gente que no quiere pagar sus deudas con Rodríguez —explica, en tono neutro.

—¿Por qué le deben a Rodríguez? ¿Qué es lo que le deben? —Sé la respuesta mucho antes de escucharla, pero necesito que las palabras salgan de su boca.

—Les vende sustancias. Drogas de todo tipo.

—Siento un extraño sabor amargo en la punta de la lengua—.

Rodríguez está creando una red de distribución por toda la ciudad.

Tiene gente trabajando para él en todos los barrios bajos de San Francisco y, aun así, él no es el jefe absoluto.

Rodríguez también es el subordinado de alguien con mucho más poder.

Alguien que se encarga de abastecer a todo el estado.

Ese alguien también es un subordinado de otra persona…

La cadena es interminable, Maya. Nadie sabe quién es la cabeza de todo esto al final del día.

Un escalofrío recorre mi cuerpo entero.

—¿Has pensado alguna vez en salir de ese mundo? —La pregunta sale de mí sin que pueda procesarla antes.

Su silencio me pone ansiosa, pero trato de no hacérselo notar.

—No podría hacerlo aunque quisiera —susurra, con un hilo de voz—.

Una vez dentro, no hay modo de salir. Tendría que huir y, aún con todo eso, huir no me garantiza que seré libre para siempre —suspira—.

Es por eso por lo que no deseo que ellos sepan acerca de tu existencia, Maya.

No quiero exponerte a un peligro innecesario.

—¿Por eso me ignoraste en la fiesta de la bodega?

Asiente.

—Así es.

—Pero Tyler sabe sobre esto.

—Tyler cree que estoy encaprichado contigo. No sabe que estoy enamorado.

Sin que pueda evitarlo, una pequeña sonrisa se dibuja en mi rostro al escucharlo decir abiertamente que está enamorado de mí. Él parece darse cuenta de esto, ya que sonríe también.

—Sí, Maya, estoy enamorado de ti. Supéralo.

Rompo en una sonrisa más grande.

—Me tomará un poco de tiempo superar algo así —bromeo de regreso y él ríe por lo bajo.

Nos quedamos en silencio unos instantes.

—Me he hecho una promesa. —Harry es el primero en hablar de nuevo, y me aparto de mi cómoda posición para mirarlo.

Él no me devuelve el gesto—. Me he prometido a mí mismo mantenerte lejos de toda esa mierda.

Haga lo que haga, ellos nunca van a saber acerca de ti.

—Su vista se clava en la mía—. Te lo juro, Maya.

No me atrevo a decir una palabra, así que, en su lugar, busco su boca para besarlo. El gesto se siente diferente. Nervioso, pesado, doloroso y cargado de miedo.

—Te quiero —susurro, porque de verdad necesito decirlo.

Presiona sus labios contra los míos una vez más.

—No tienes idea de cuánto te quiero yo a ti, niña mía —susurra luego de apartarse.

—¿Sabes algo? —Sonrío un poco—. Odiaba que me dijeras «niña» antes.

Él se retira y me regala una mirada curiosa.

—¿Por qué?

Me encojo de hombros.

—Creía que me veías como una niña indefensa. Como si fuese tu hermana menor o algo así. —Siento el rubor apoderándose de mi rostro.

—¿Sigue molestándote que te diga «niña»?

—No cuando me dices «niña mía». —Sé que me he ruborizado tres tonos más que hace unos momentos, pero él luce extrañamente encantado con mi confesión.

—¿Y si te digo que eres la niña más hermosa que he conocido en mi vida? ¿Eso te molesta? —Sonríe.

—No —mascullo, avergonzada.

—¿Y si te digo que eres la niña más jodidamente dulce en la faz de la tierra?

—Una risa nerviosa brota de mis labios y él tira de mí para ayudarme a quedar sentada sobre su regazo—.

¿Qué tal si te digo que jamás imaginé que una chica como tú me haría sentir el idiota más afortunado del mundo? ¿O qué pasa si te digo que…?

Envuelvo los brazos alrededor de su cuello, y lo beso para acallar sus palabras. Él gruñe mientras corresponde a mi caricia.

Ahora mismo, no deseo pensar en todo lo que acaba de contarme, ni en lo que puede suceder si algo sale mal y Harry tiene que huir. No quiero pensar, tampoco, en cómo sería capaz de abandonarme con tal de alejarme del mundo en el que está estancado.

En este momento, lo único que quiero es centrarme en lo feliz que me hace el simple hecho de estar entre sus brazos. Así que, por hoy —solo por hoy—, me dejo llevar.