Bestia (Bestia nº 1) Capítulo 31 #3
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Capítulo 31 #3

Noto cómo su mandíbula se aprieta y su mirada se torna helada y oscura, pero se limita a mantener los ojos fijos en el camino.

Quiero que la tensión disminuya. Quiero apartar los pensamientos oscuros lejos de su cabeza.

—He pensado mucho en lo que hablamos ayer —digo, para desviar la conversación hacia otro lugar.

De pronto, soy consciente de cómo su atención se fija en mí. Entonces, me regala una mirada rápida antes de volver a posar sus ojos en el camino.

—Ah, ¿sí?

—Sí.

—¿Y qué has pensado?

—¿De verdad lo preguntas? —Sueno divertida y él vuelve a mirarme; esta vez, por el rabillo del ojo—. Estoy aquí hoy. Eso debe de significar algo, ¿no?

El silencio se extiende largo y tirante. Su expresión es inescrutable. No estoy segura de cuán conforme está con mi respuesta, pero no me atrevo a decir nada más.

—Voy a hacer que funcione —dice, finalmente.

—Vamos a hacer que funcione —digo, y aprieto su mano en un gesto cariñoso.

Él sonríe medio divertido y toma mi mano para llevársela a los labios.

El resto del camino es silencioso pero cómodo. No me atrevo a pronunciar palabra alguna, porque en realidad no siento que deba hacerlo. No tengo la necesidad de llenar esos espacios en blanco entre nosotros porque todo lo que teníamos que decirnos fue dicho ayer por la noche.

Sé que las cosas no van a volver a ser como antes de la noche a la mañana, pero estoy dispuesta a aceptar lo que venga siempre y cuando sea para bien de los dos.

Harry aparca el coche y señala hacia una casa a pocos metros de distancia.

—Es ahí —dice, pero no hace nada por bajar del auto.

—Estás nervioso, ¿cierto? —hablo con suavidad.

—Un poco… —admite—. Todo el mundo me mirará y hablará sobre mi aspecto.

—¿Cómo no van a mirarte si eres así de atractivo y sexi? —trato de subir sus ánimos, pero él solo me mira con exasperación.

—Me mirarán por las cicatrices.

—Te mirarán porque eres atractivo hasta con ellas.

—Maya, sabes que no es cierto. Ellos me tienen…

—¿Miedo? —termino por él—, pues que se vayan a la mierda con todo y su maldito miedo.

Una sonrisa incrédula se apodera de sus labios.

—Eres increíble —dice, sin dejar de sonreír—. Acabemos con esto de una maldita vez.

Bajamos del auto y, entonces, Harry toma mi mano. Avanzamos por la acera en dirección a la casa anfitriona y, una vez en el lugar, somos recibidos por una chica de nombre Madeleine. La chica abraza a Harry después de mirar con demasiada atención las marcas en su rostro.

Él pretende no notar el impacto que tienen sus cicatrices y me presenta con ella con un gesto casual.

Es extraño verlo ser amable —casi risueño— con el resto del mundo. La jovialidad en su rostro se siente errónea. Sé que está siendo así solo porque no desea darles el gusto de ver lo que siente en realidad.

Veinte minutos después de haber llegado, localizamos a Luke.

El chico no puede disimular cuán satisfecho se siente de verme aquí, y eso le da pie a Harry para abordar el tema de la conversación que tuvimos en el muelle.

Luke se mofa de las amenazas de Harry, mientras que mi acompañante asegura que va a romperle la cara de un bastonazo si vuelve a abordarme sin su consentimiento.

No sé cuánto tiempo ha pasado desde que llegamos, pero Harry parece más y más relajado conforme pasan los minutos.

Chicos y chicas lo miran desde lejos, pero no se atreven a acercarse. Sin embargo, él no luce afectado por eso. No me pasan desapercibidas, tampoco, las miradas que se posan en mí y en mi mano entrelazada con la suya.

Han llegado a nosotros varios retazos de conversación en los que las palabras incendio y cicatrices salen a relucir, pero Harry ni siquiera se inmuta al respecto. Se ha limitado a charlar con Luke y conmigo respecto a las cosas más banales e irrelevantes de la vida.

Al cabo de un rato, los susurros y las conversaciones respecto a Harry incrementan y, de pronto, por el rabillo del ojo, soy capaz de ver cómo un chico de cabellos rubios avanza hacia nosotros a toda velocidad.

—Oh, mierda… —dice Luke, al darse cuenta de la acción y la vista del chico a mi lado se posa en la figura que se acerca a nosotros a toda velocidad.

Justo en ese momento, siento cómo todo el cuerpo de Harry se tensa, y sé, de antemano, que algo va mal.

—Harry, ni se te ocurra meterte en una pelea. —Luke advierte, pero Harry ya ha soltado mi mano y se ha interpuesto entre el tipo y yo—. No le des el gusto de provocarte.

—¿Cómo te atreves a venir, imbécil? —El tipo rubio espeta cuando está lo suficientemente cerca.

Detrás de él, otro tipo se acerca. Este es más bajo de estatura y tiene el cabello oscuro.

Luke trata colocarse entre el agresor de Harry y él, pero una mirada dura por parte del rubio lo detiene.

—Fui invitado, como todos aquí. —Harry suena sereno, pero hay un filo tenso en su voz.

—No tienes vergüenza —el rubio escupe—. ¿Cómo te atreves a poner un pie en este lugar después de lo que hiciste?

—Richard, es suficiente. —El chico de cabello oscuro habla, pero el rubio —Richard— no parece escucharlo.

—Yo no hice absolutamente nada. —Harry suena determinante mientras habla, pero lo único que recibe son un montón de miradas reprobatorias.

—Mataste a seis personas —Richard sisea con enojo.

—Yo no maté a nadie —Harry escupe con brusquedad. La ira ha comenzado a invadir su tono.

—Richard, déjalo estar. —El tipo moreno toma por el brazo al agresor de Harry, pero este se deshace de su agarre de un tirón brusco.

—¿Tú también vas a defenderlo, Zack? —Richard habla en dirección al moreno y este aprieta los dientes con fuerza—. ¡Tú mejor que nadie sabes cómo es este imbécil! ¡El tipo es un asesino!

Los puños de Harry se aprietan con tanta fuerza, que sus nudillos se ponen blancos.

—Harry… —Luke habla con suavidad—, no…

—¿Qué pasa, Zack? —Mi carne se pone de gallina al notar la frialdad con la que Harry habla—. ¿Aquí tampoco vas a decir nada, amigo?

—Harry, detente. —Luke suena cada vez más preocupado y ansioso.

Me toma unos segundos reaccionar pero, cuando lo hago, envuelvo mis dedos en su muñeca. Todo su cuerpo irradia tensión y violencia, y no puedo entender qué está pasando.

—Harry, por favor… —pido, en voz baja, para que solo él pueda escucharme. Sin embargo, no se mueve—. Vámonos.

El chico frente a nosotros, mira a Harry con odio y rencor, pero no se mueve. Ni siquiera se amedrenta ante la mirada furibunda que mi acompañante le dedica.

Finalmente, al cabo de unos tortuosos instantes, Harry parece recuperar la compostura y da un paso lejos de su agresor. El alivio viene a mí en oleadas gigantescas y envuelvo los dedos en los suyos para tirar de él lejos de Richard.

—Ten cuidado. —El chico rubio escupe, justo cuando estamos a punto de marcharnos—. Va a encerrarte en un laboratorio y prenderte fuego cuando te descuides.

Entonces, el caos se desata.