Capítulo 31 #2
—Sí. —Sonríe aún más—. Esta noche tengo una reunión con unos…
amigos. Y no. No son como los que conociste ayer en el puerto.
—Se apresura a agregar y se aparta para mirarme a los ojos—.
Es una reunión de exalumnos de la escuela y me encantaría que me acompañaras.
—Aparta un mechón rebelde de cabello lejos de mi rostro y continúa—: Sé que aún no estás segura de todo esto entre nosotros, pero de verdad me encantaría si pudieses acompañarme.
Nada me haría más feliz, ni me daría más seguridad que tenerte ahí conmigo.
No estoy muy segura de cómo reaccionar. No entiendo por qué quiere ir a una reunión con sus antiguos compañeros de escuela, cuando huyó de todos ellos por el horrible trato que le daban.
Sé que quizás se trata de una cuestión de orgullo. No estoy segura de estar en lo correcto, pero sospecho que Harry desea ir solo para puntualizar que no tiene miedo de dar la cara porque no provocó ese incendio. Sin embargo, no es algo que me agrade del todo.
—No entiendo por qué quieres ir a esa reunión. —Niego con la cabeza—. Harry, ellos te trataron como mierda y…
—Precisamente por eso quiero ir, Maya —me interrumpe—.
He vivido atormentado por el pasado durante mucho tiempo y ya estoy harto.
¿Sabes qué dicen de mí? Que no voy a esas reuniones porque yo provoqué el incendio y me da vergüenza mirar a toda esa gente a la cara.
—El dolor y el enojo se arremolinan en mi pecho—.
Cada año me invitan porque saben que no iré.
Me invitan para burlarse de mí. —Niega con la cabeza—.
Esta vez quiero hacerlo. Quiero mirarlos a la cara y demostrarles que no soy ningún maldito cobarde.
Dudo unos instantes. Me preocupa que Harry desee hacer esto, sin embargo, quiero apoyarlo. Quiero estar ahí para él en caso de que las cosas no salgan como deberían; así que, sin más, envuelvo las manos alrededor de su cuello.
—Nada me haría más feliz que acompañarte —digo.
Una sonrisa se dibuja en sus labios en ese momento.
—¿De verdad? —El entusiasmo tiñe su voz—. Entonces, pasaré a buscarte al apartamento de Kim a las nueve.
—De acuerdo —digo, y él aprieta mi cuerpo contra el suyo una última vez antes de dejarme ir.
Doy un paso tambaleante hacia atrás mientras nuestro abrazo se deshace. Entonces, toma mi mano y deposita un beso en el dorso. Su vista viaja por toda mi extensión y su ceño se frunce cuando su vista se posa en mis piernas.
—¿Qué te pasó en las rodillas?
Siento cómo el rubor me calienta el rostro, pero trato de mantener a raya la vergüenza que me invade.
—Me caí —mascullo.
Sus cejas se alzan y noto cómo reprime una sonrisa.
—¿Cuándo?
—Hace… —Hago un ademán de mirar el reloj inexistente en mi muñeca—, cinco minutos.
Esta vez, no es capaz de esconder su gesto burlón. Mi puño viaja hasta golpearlo en el hombro y hace una mueca de dolor mientras ríe entre dientes.
—¡No te burles! —exclamo, con indignación.
—¡No me estoy burlando! —dice, pero no deja de reír.
Trato de imprimir todo el enojo que puedo cuando lo miro a los ojos, pero ni siquiera se inmuta y prolonga su risa unos segundos más.
—Tonto… —mascullo, y me cruzo de brazos. Sé que luzco como una niña enfurruñada, pero no me importa.
—Hermosa —imita mi tono enfurruñado y me sonríe antes de decir—: Te dejaré trabajar. Paso por ti a las nueve. Seré puntual, lo prometo.
Una sonrisa torpe se apodera de mis labios. Asiento porque no soy capaz de decir nada más y, entonces, empieza a andar en reversa rumbo a la calle, para así no tener que dejar de mirarme.
—¡Ve con cuidado! —digo, cuando casi lo he perdido de vista.
Él me regala una sonrisa arrogante y un guiño antes girarse sobre sus talones y desaparecer de mi vista al virar hacia la acera.
—Deja de hacer eso. —Kim me reprime mientras me observa agarrar mi cabello entre los dedos para decidir si voy a dejarlo suelto o voy a amarrarlo en un moño—. Luce bien sobre tus hombros.
Giro sobre mi eje y la miro con nerviosismo.
—¿Estás segura?
—¡Maya, por el amor de Dios, relájate! Luces preciosa. Además, cuando un hombre está enamorado, no le importa si usas la misma ropa tres días. Siempre vas a lucir bien para él.
Una risita ansiosa brota de mis labios solo porque ha afirmado que Harry está enamorado de mí y tomo una inspiración profunda antes de recargar mi peso en el tocador.
Entonces, dejo que sus palabras se asienten en mí y las abrazo porque son agradables y cálidas, y son lo único que necesito ahora mismo.
El silencio se instala en la estancia, pero no me siento incómoda. Mi mente viaja a la noche que pasé con Harry y todo lo que me dijo. Viaja a las palabras de Kim y a la confusión que se ha encargado de regir mi vida los últimos días.
—¿En qué piensas? —La voz de mi amiga me saca de mis cavilaciones.
Alzo la vista para encararla y me quedo en silencio unos instantes.
—En Harry. —Ella ladea su cabeza, con curiosidad y continúo—: No sé qué demonios es lo que somos.
Si es que somos algo en realidad. —Hago una mueca cargada de pesar—.
Tampoco sé qué hacer. Esta tarde cuando fue a buscarme al trabajo permití que me besara, pero tampoco quiero que piense que puede tenerme a la hora que lo desea, así haga mil cosas horribles.
Y me siento justo en medio de lo que mi cabeza grita que debo hacer y lo que realmente deseo.
No quiero ser el tipo de chica que lo perdona todo solo porque le han endulzado el oído, pero…
—Pero tampoco quieres descartar la posibilidad de estar con él —Kim termina por mí.
—Sí… —musito, y miro mis zapatos.
—Te entiendo, Maya —dice—, pero el que no arriesga no gana.
El día de hoy estamos aquí, pero mañana puede que no.
Disfruta eso que la vida te ofrece hoy, porque no sabemos si vas a volver a tener la oportunidad de recuperarlo después.
Es arriesgado apostar por una persona, pero a veces funciona —alzo la vista para encontrarme con una sonrisa cálida y maternal—.
Y aún si lo arruina todo y demuestra ser un hijo de puta infiel, habrá valido la pena.
Todo vale la pena si hay un aprendizaje de por medio.
Venimos a este mundo a aprender y a reinventarnos como seres humanos.
Un suspiro tembloroso se me escapa. Estoy a punto de responder cuando el golpeteo en la puerta hace que ambas saltemos en nuestro lugar.
Kim mira el reloj de su teléfono.
—Bastardo puntual —dice con una sonrisa pintada en los labios.
Una risa nerviosa me asalta y ella ríe conmigo.
—¿Estás segura de que suelto luce bien? —pregunto una vez más.
—Suelto luce sexi. —Me guiña un ojo—. Ahora vete. No quieres estar aquí cuando Will llegue. Vamos a ser muy ruidosos.
Abro los ojos como platos con su comentario, y ella ríe a carcajadas mientras me apresuro hasta la entrada principal con una sonrisa incrédula pintada en el rostro.
Mi respiración se atasca en mi garganta en el momento en el que abro la puerta y lo veo.
Harry Stevens está delante de mí y viste completamente de negro.
Su vista me recorre de pies a cabeza y jugueteo con un mechón de cabello para aminorar la ansiedad.
Kim me prestó un vestido entallado, así que soy consciente de la forma en la que acentúa mis curvas.
Su mirada recorre la extensión de mi cuerpo y sus ojos y los míos se encuentran en el camino. Entonces, me regala una sonrisa cálida.
—Estás hermosa.
Siento el rubor tiñéndome las mejillas.
—¿Nos vamos? —digo, luego de aclararme la garganta.
Él asiente y se aparta del camino para dejarme pasar.
Bajamos las escaleras del edificio en silencio y trepamos a su viejo cacharro sin mediar palabra alguna.
El trayecto al lugar donde la reunión se llevará a cabo es relativamente largo. En ese lapso, Harry habla acerca de sus antiguos compañeros de la escuela. Esos que actuaron como verdugos sin darle el beneficio de la duda.
Habla, también, de su mejor amigo, Luke Thompson. Se sorprende en el momento en el que le cuento la forma en la que lo conocí y, cuando le hablo respecto a nuestra plática a las afueras del muelle, jura que va a golpearlo por entrometido.
Me cuenta el motivo por el cual su amigo utiliza un bastón para caminar.
Al parecer, se encontraba en el incendio.
Una columna de concreto debilitado por el fuego le cayó encima y le destrozó una parte de la cadera.
Perdió el cuarenta por ciento de la movilidad en una pierna y ahora necesita algo de ayuda para poder andar por su cuenta.
—Hablábamos muy poco antes del incendio.
Nos hicimos amigos después de que todo el proceso legal terminó —dice mientras detiene el auto en una luz roja—.
Luke siempre fue un chico muy querido por todo el mundo.
Era el payaso de la clase y tenía modos muy peculiares de pasar las asignaturas en las que era horriblemente malo.
Yo jamás he congeniado con ese tipo de personas, así que no tenía el más remoto interés en entablar una amistad con él.
Pero míranos ahora. Es mi mejor amigo. —Una sonrisa triste se dibuja en sus labios—.
Él y su madre fueron los únicos que creyeron en mi inocencia cuando todo ocurrió.
—Es un tipo agradable —digo, en voz baja—, y realmente te estima.
Su sonrisa se ensancha un poco.
—Es un imbécil —suelta con humor—. Pero es un buen tipo. —La felicidad momentánea se esfuma de su rostro y añade, en un susurro—: Mi hermana estaba enamorada de él.
No sé qué decir. La tristeza en su expresión es tan profunda, que temo no poder hacer nada para recuperar al Harry juguetón que había sido desde que subimos al auto. Estiro la mano para colocarla sobre la suya, la cual está puesta sobre la palanca de velocidades.
—Tú no tienes la culpa de lo que ocurrió ese día —digo, porque realmente lo creo y porque sé que se culpa a diario.
—Si no hubiese provocado a esos idiotas…
—Tenías todo el derecho de defenderte. —Lo interrumpo—. Harry, ellos decidieron provocar ese incendio. Fueron ellos quienes mataron a esa gente, no tú.