Capítulo 29 #2
—Harry es un tipo muy jodido, Maya. Me siento en el deber de contártelo —dice, con tristeza, al cabo de un largo momento—; sin embargo, voy a atreverme a abogar por él y decir que no es así de mierda.
Lo conozco lo suficiente como para asegurarte que no se acostó con Nadia.
Y no te lo digo como su amigo, sino como una persona que sabe de lo que es capaz.
También comprendo tu postura, y entiendo que no puedas confiar, pero, entonces, ¿qué haces aquí?
... —Sacude la cabeza—. Creo que hablo por ambos cuando digo que no han dejado de lastimarse con este constante estira y afloja.
—Hace una pequeña pausa—. Y también sé que no soy nadie para opinar o darte un consejo al respecto, pero necesito decírtelo.
Necesito soltarlo porque no es justo para nadie.
Niego, al tiempo que abro la boca para replicar.
—Si vas a buscarlo —Luke es más rápido que yo y habla primero—, porque estoy asumiendo que eso es lo que estás haciendo, hazlo cuando estés segura de que puedes intentar volver a confiar. Hazlo cuando valga la pena.
Guardo silencio unos instantes.
—¿Cómo sé que puedo intentarlo? —susurro, con un hilo de voz, luego de unos instantes—. ¿Cómo sé que puedo tratar de confiar en él una vez más sin sentir que le estoy dando el poder de hacerme pedazos?
—Amar es arriesgarse, cariño. —Me mira a los ojos y me regala una mirada amable y cálida—. Es darle a alguien el poder de lastimarte, pero también es darle a ese alguien la capacidad de hacerte feliz. Harry va a saber aprovechar esa oportunidad; si es que te atreves a dársela, claro.
—Me trató como basura hace un rato—digo, tras un momento largo.
—Hazlo pagar por ello —resuelve, con un encogimiento de hombros.
Suelto una risa nerviosa.
—¿Así de fácil? —Trato de sonar sarcástica, pero sueno más bien entusiasmada.
—Así de fácil. —Me guiña un ojo—. Tengo la impresión de que no tienes ni idea del poder que ejerces en Harry. Espero, por el bien de ese pobre diablo, que nunca lo descubras.
Mis manos se sienten sudorosas y temblorosas debido a la ansiedad, pero las aprieto en puños para aminorar la sensación de descontrol que me invade.
—¿Crees que Harry realmente está enamorado? —No quiero sonar ansiosa ni desesperada, pero lo hago.
Él me mira con un gesto exasperado.
—¡Dios mío, mujer! Ese hombre mataría por ti. ¡Por supuesto que está enamorado!
Una risita idiota y nerviosa me asalta, pero el desfogue de tensión es como una calada de aire después de haber estado mucho tiempo debajo del agua.
Nos quedamos en silencio durante un rato, y no puedo evitar posar la vista en la bodega de donde salí huyendo.
Se siente como si pudiese escapar de todo esto y esconderme en el refugio en el que se han convertido las paredes del apartamento de Kim.
También se siente como si pudiese correr a buscarlo y olvidarme de la horrible pesadilla en la que se ha convertido lo que tenemos; sin embargo, no puedo dejar de pensar en la imagen que puso esa chica en mi cabeza aquella mañana en su apartamento.
No sé si soy capaz de confiar una vez más, y no sé si podré hacerlo pronto, pero necesito escuchar lo que tiene que decir. Necesito ponerle un punto final a todo esto o si no voy a volverme loca.
—Iré a buscarlo. —Las palabras parecen tener voluntad propia en mí, ya que brotan sin que pueda detenerlas.
—¿Estás segura de eso? —pregunta Luke, sin apartar la mirada del océano.
—No.
Una carcajada se le escapa en ese instante.
—Eres una chica honesta. Eso me gusta. —Niega con la cabeza—.
Solo… no te cierres. Escucha lo que tiene que decirte.
Sé que va a frustrarte porque no es capaz de expresar sus sentimientos con palabras, pero va a llegar al punto en el que va a poder hablar sin tartamudear, vacilar o decir estupideces.
Déjalo llegar ahí y te aseguro que no vas a arrepentirte.
Sonrío, medio nerviosa y ansiosa, y asiento. Me pongo de pie con rapidez y extiendo la mano en su dirección para ayudarlo a levantarse. Sin embargo, él no la toma. Hace una maniobra extraña con el bastón en su mano y se pone de pie.
Una sonrisa arrogante se dibuja en sus labios.
—No soy un inválido —dice.
—No estaba diciendo que lo fueras. —Frunzo el ceño—. Solo estaba siendo amable contigo.
—Deja de ser amable, entonces —dice, pero no suena molesto—. Y, por cierto, no abordes a Harry directamente. Déjame llegar a él primero y haré que se reúnan; solo no te pierdas de su vista, que eso lo pone como loco.
—Esperaré cerca —resuelvo.
Él sonríe y niega con la cabeza.
—Ve. Ahora te alcanzo. —Hace un gesto hacia la bodega, y comienzo a avanzar cuando añade—. Y, ¿Maya? —Lo miro por encima del hombro—, dale un abrazo a mi madre cuando la veas. No le digas que me has visto, solo… abrázala. Fuerte.
El entendimiento encaja pieza a pieza.
«¡Johannah! ¡Es el hijo de Johannah!».
—Tal vez deberías ir a dárselo tú. —Le regalo una sonrisa amable y su expresión se transforma en una ansiosa y nerviosa.
—De eso hablamos otro día —me corta—. Ahora ve, que no veo la hora de que ese idiota deje de lamentarse.
La música estalla en mis oídos en el momento en el que entro a la bodega. Mi mirada recorre el lugar en busca de Harry, pero no logro localizarlo entre tanta gente.
Avanzo en dirección a la barra improvisada, solo porque no estoy muy segura de dónde empezar a buscar. Su grupo de amigos se encontraba ahí cerca, pero no puedo asegurar que está con ellos ahora mismo.
Me detengo a pocos pasos de distancia y vuelvo a mirar hacia todos lados.
La fiesta se ha puesto un poco más salvaje ahora.
Es como si algo hubiese poseído a todos los presentes, ya que bailan, brincan y gritan como si fuese el último día de sus vidas.
Es un hecho que el cambio de música ha hecho que los bailes se vuelvan más y más sugerentes.
Una chica y un chico casi parecen estar a punto de tener relaciones a mitad de la improvisada pista de baile, y desvío la mirada cuando él introduce su lengua en la tráquea de ella.
Mi vista se detiene en el momento en el que identifico a Jeremiah entre el barullo de gente y me encamino hacia él. Él y Nick parecen lidiar con el peso muerto de Rob, quien ríe con histeria. No hay que ser un genio para notar que está completamente borracho y drogado.
Ambos chicos parecen tener problemas sosteniéndolo, así que me apresuro a alcanzarlos para ayudarles. Estoy a punto de llegar a ellos, cuando alguien se interpone en mi camino.
La chica que aparece en mi campo de visión me mira de pies a cabeza y una sonrisa burlona se dibuja en sus labios.
El familiar cabello rubio de la mujer que estaba en el apartamento de Harry está acomodado en ondas perfectas, y sus ojos claros están maquillados con delineador negro; lleva un vestido entallado, zapatos altos, y chaqueta de cuero.
—Yo te conozco —dice, y coloca sus manos sobre sus caderas—. ¡Eh, Bestia! —grita, viendo hacia su derecha y todo mi cuerpo se tensa—. ¿Esta no es la chica que te limpia el apartamento?
Aprieto los ojos y tomo una inspiración profunda para prepararme a la humillación que se avecina. Sé que Harry se ha acercado. Todo mi cuerpo parece percatarse de su presencia, pero no me atrevo a mirarle.
—No. —Harry responde. El tono helado con el que habla hace que un extraño dolor se apodere de mi pecho.
—¡Claro que lo es! —ella exclama—, fue a tu apartamento la mañana siguiente a la fiesta que hubo ahí la última vez. Estoy segura de que era ella.
Trato de avanzar para pasarla de largo, pero me sostiene por el brazo. Sus uñas largas se clavan en mi carne, incluso por encima del material de la chaqueta de Jeremiah.
—Eres tú, ¿no es cierto? —Siento sus ojos clavados en mí, así que tengo que mirarla directamente.
—Suéltame —pido, entre dientes. Mi voz suena inestable y ronca, pero no hay vestigio de miedo en ella.
Sus cejas se alzan y una sonrisa socarrona se apodera de sus labios.
—¿Ahora eres una perra, Bambi? —se burla.
Tiro de mi brazo lejos de su agarre y doy un paso lejos.
—No me toques.
Sus cejas se elevan aún más, pero no deja de sonreír.
Harry se ha situado detrás de ella, así que puedo mirarlo de reojo.
Su expresión está en blanco, pero su mandíbula está tan tensa, que temo que pueda destrozarla de un movimiento.
La chica frente a mí lo mira por encima del hombro y hace un gesto en mi dirección.
—¿Follaste con ella? —dice.
La mirada helada de Harry se posa en ella durante una fracción de segundo y luego se posa en mí.
—No. —La respuesta es lacónica y fría.
—¡Oh, vamos! —ella exclama, medio divertida—. Como si no te conociera. Follas con todo lo que se mueve.
—Nadia, cierra la boca —Harry sisea.
Ella ni siquiera parece inmutarse por la hostilidad con la que Harry le habla, ya que su atención está fija en mí y me regala una sonrisa radiante.
—Apuesto a que la ropa interior de niña es tuya —se burla—. ¿Si sabías que a Stevens le encanta coleccionar la ropa interior de sus conquistas?
—Nadia, detente.
—Me pide que la modele para él antes de follarme —ríe.
La atención de todo el mundo comienza a posarse en nosotros, y lo único que quiero es desaparecer. La humillación quema con tanta intensidad, que estoy luchando con todas mis fuerzas para mantener las lágrimas a raya.
—¿De verdad creías que te iba a tomar en serio, cariño? Eres tan insignificante. —Me mira de pies a cabeza. El coraje es cada vez más intenso—. Tan insípida. Tan sosa. Tan…
Entonces, sucede.
Mi mano conecta con su mejilla con tanta fuerza, que mi palma arde.
El jadeo colectivo de la gente a nuestro alrededor no se hace esperar y la satisfacción de verla sostener el lado de su cara como si fuese a caerse de su rostro es tan grande, que quiero reír a carcajadas.
La adrenalina hace que mi cuerpo entero tiemble, y me siento más eufórica que nunca, pero el efecto no me dura mucho, ya que, de pronto, el caos estalla.