Bestia (Bestia nº 1) Capítulo 18 #2
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Capítulo 18 #2

Una pregunta vaga por mi mente mientras miro las líneas suaves en mis palmas. Quiero armarme de valor para decirla en voz alta, pero me toma unos instantes conseguir la confianza y el valor para hacerlo.

—¿Quién era él? —La voz me suena más firme de lo que espero.

No quiero arruinar el momento, pero tampoco quiero quedarme con la duda. Sé que no debo pronunciar esas palabras si no quiero saber la respuesta, pero, simplemente, no puedo pasarlo por alto.

Harry desvía la mirada y cierra los ojos, como si le diera vergüenza que esté preguntándole algo así.

Le toma unos segundos volver a encararme, pero luce sereno cuando lo hace.

—¿De verdad quieres saber? —Habla en un susurro ronco y profundo.

—No realmente… —Me sincero—. Pero necesito hacerlo.

—Es una de las personas con las que trabajo. Su nombre es Tyler —dice—. No te preocupes por él. No va a volver a acercarse a ti.

La sensación de protección que me traen sus palabras es maravillosa. Harry Stevens me hace sentir más segura que nunca. Es el chico que puede hacerme olvidar todo lo que me angustia en un segundo.

Quiero saber a qué se dedica con exactitud. Quiero saber qué hace en realidad. Por muy aterradora que sea la verdad completa y sin filtros, deseo saberla; pero no me atrevo a decir nada ahora. No quiero arruinar lo que tenemos planeado para hoy, así que decido guardar las preguntas para después.

—¿Saldremos más tarde? —Sueno nerviosa, pero a él no parece importarle.

—Por supuesto. —Asiente—. Solo me doy una ducha rápida y nos vamos.

Una sonrisa radiante se apodera de mis labios y asiento, mientras que él se apresura a tomar ropa del armario y salir en dirección al baño. De pronto, se detiene a medio camino. Vuelve sobre sus pasos y trota de forma graciosa hasta mí.

Se inclina hacia adelante y toma mi barbilla entre sus dedos para depositar un pequeño beso en mis labios.

—Hola… —susurra contra mi boca y vuelve a presionar los labios contra los míos.

—Hola —susurro de vuelta cuando se aparta.

—No tardaré. —Me guiña un ojo y se encamina hacia el baño.

—¿A dónde quieres ir? —Harry habla mientras enciende su viejo cacharro.

Me mira de reojo y no me pasa desapercibida la sonrisa fácil que tira de sus labios. La sombra de sus hoyuelos lo hace lucir amable y juguetón, y se siente como si estuviese conociendo una faceta de Harry completamente nueva para mí.

—Mi amiga Kim me habló de un lugar de comida brasileña. Ella y su novio van ahí todo el tiempo y dice que es bastante económico. —Sueno muy entusiasmada. Aunque no lo admita en voz alta, deseaba que esto sucediera entre nosotros desde hace mucho tiempo.

Harry asiente, pero su sonrisa vacila. De pronto, luce nervioso. Mi ceño se frunce ligeramente, pero no me atrevo a preguntar qué sucede.

—¿Por dónde está? —Trata de sonar fresco y tranquilo, pero hay un filo tenso en el tono de su voz.

—Por Mission Street. —Mi entusiasmo previo se tambalea un poco.

No quiero que piense que soy una entrometida, y tampoco quiero incomodarlo, pero su actitud me inquieta demasiado, así que me atrevo a preguntar—: ¿Está todo bien?

Era solo una sugerencia. Si quieres que vayamos a otro lugar, por mí está…

—No. —Me corta, pero no despega los ojos del camino ni un segundo—. No es eso, Maya. Es que…

Espero en silencio, pero las palabras no vienen.

—¿Qué? ¿Qué ocurre? —insisto.

El silencio que se apodera de nosotros es tenso y tirante. Avanzamos por las calles repletas de tráfico y Harry se detiene cuando una luz roja nos alcanza. Entonces, toma una inspiración profunda.

—No suelo ir a lugares así, Maya —dice.

Me toma unos instantes darme cuenta de cuál es el trasfondo de sus palabras.

Harry no va a lugares como ese por sus cicatrices. Por esas marcas que son naturales para mí ahora. Él sabe que pueden ser impresionantes cuando las miras por primera vez. Debe recibir muchas miradas curiosas y escandalizadas por eso.

—Podemos ir a otro lugar —sugiero, pero me siento un tanto desanimada ahora. A cualquier lugar a donde vayamos va a sentirse incómodo.

—Quiero llevarte ahí —dice con determinación—. Está bien, Maya. Estoy acostumbrado, es solo que… —Fija su vista en el camino y niega con la cabeza—. No quiero que te sientas incómoda por eso. La gente va a mirarme. Mucho.

—No me importa, Harry —digo, firme y segura—. Lo único que quiero es pasar tiempo contigo.

No responde, pero su mandíbula se tensa considerablemente. Sé que no está convencido de esto aún y me siento impotente por no saber qué hacer para hacerlo sentir un poco más tranquilo.

El estado de ánimo de Harry cambia conforme nos acercamos al lugar, así que empiezo a hablar acerca del trabajo, en un intento de aminorar la tensión que comienza a hacerse presente en su lenguaje corporal.

Hablo sobre Kim y Will, Fred y su infidelidad. Incluso, hablo sobre mis funciones en el restaurante. Sueno patética, pero él parece relajarse con el paso de los minutos.

Al llegar al restaurante, lo primero que hago, es entrelazar sus dedos con los míos. Trato de demostrarle que no me importa lo que la gente piense, pero no estoy segura de que esté recibiendo el mensaje como me gustaría.

De pronto, parece tomado por sorpresa cuando soy yo quien guía nuestro camino por el estacionamiento hasta la entrada principal.

El mesero de la recepción palidece en el momento en el que nos ve llegar, pero se apresura a desviar la mirada del rostro de Harry para posar toda su atención en mí. Puedo sentir la incomodidad que irradia el cuerpo del chico con el que vivo, pero trato de no hacerlo notar.

El tipo de la recepción nos da la bienvenida sin apartar sus ojos de los míos. Evita a toda costa mirar a Harry mientras habla, y no sé si quiero golpearlo o agradecer la indiferencia que trata de mostrar.