Capítulo 16 #3
Su nariz roza la mía con lentitud. Mis instintos actúan primero, y me aparto cuando se acerca un poco más.
—¿Me tienes miedo? —Su rostro sigue inexpresivo, pero su voz suena inestable y ronca. Una de sus manos se alza y me aparta un mechón de cabello lejos de la frente. Mis párpados se aprietan y la respiración se me atasca en la garganta.
—N-No.
—Deberías. —Su voz es hielo—. Deberías salir corriendo ahora mismo, Maya. Deberías estar aterrada.
—No te tengo miedo, Harry. —Me obligo a mirarlo a los ojos—. No vas a hacerme daño.
Suena más a una pregunta que a una afirmación. Le ruego al cielo que de verdad no sea capaz de lastimarme, mientras que me aferro al pequeño vestigio de esperanza que me asalta. Y, aun con todo esto, sigo queriendo convencerme a mí misma de que no es una mala persona.
Su mirada se oscurece varios tonos, pero no deja de observarme a detalle. Sus manos se posan con fuerza sobre la madera a mis costados y chillo del susto. Todo el cuerpo me tiembla, pero no me atrevo a moverme.
—¿Quieres saber quién soy, Maya? —Su cuerpo se pega al mío.
Su aliento golpea mi boca de lleno y, por un doloroso instante, creo que va a besarme—.
Soy un jodido delincuente que se gana la vida amenazando de muerte a la gente que le debe dinero su jefe.
Soy un hijo de puta que no tiene respeto por nada ni por nadie.
Soy el idiota que encontró a una chica llorando en un pasillo y quedó prendado de ella en el jodido instante en el que la miró, y si ella no se aleja de mí, voy a arrastrarla al hoyo donde me encuentro estancado.
Voy a hacerle mucho daño, Maya; y no va a ser intencional.
—No… —Estoy a punto de gritar de la angustia—.
No, no, no… No eres esa persona. No lo eres.
—Me niego a creer lo que acaba de decirme—.
Eres Harry, el chico amable que se ofreció a llevarme a casa cuando quisiera.
El chico dulce que puso su número de teléfono en mi buzón.
El tipo que me salvó de una paliza que iba a acabar con mi vida.
—No soy una buena persona, Maya. —Por primera vez, el dolor se filtra en el tono de su voz—.
Y no voy a justificarme —dice. Puedo jurar que su armadura está resquebrajándose frente a mis ojos—.
Puedo decir que las circunstancias me orillaron a tomar decisiones equivocadas, pero la vida siempre nos da opciones.
Yo elegí esto, cuando pude haber hecho algo diferente.
—No puedo pensar. No puedo hacer otra cosa que no sea escuchar lo que tiene que decir—.
¿Y sabes por qué no llegué a nuestra cita?
—De pronto, luce angustiado y desesperado—.
Porque no quiero arrastrarte a mi mundo de mierda.
Porque mereces algo mejor de lo que yo puedo ofrecerte.
Un sonido torturado se me escapa en ese momento y siento cómo su frente se une a la mía. Me estremezco por completo cuando sus manos cálidas me acunan las mejillas. Es enferma la necesidad que tengo de sentir sus labios contra los míos.
La aberración que siento por él, es casi tan grande como las ganas que tengo de fundirme en sus labios.
Mi cabeza es una maraña inconexa de pensamientos contradictorios. Todo parece colisionar dentro de mí; y lo único que puedo hacer, es aferrarme a la visión devastadora de Harry, quien luce torturado y aterrorizado.
—¿Has matado a alguien? —La pregunta sale en un susurro entrecortado. Necesito saberlo. Necesito escucharlo de su boca o voy a enloquecer. Necesito que lo diga para así tener la fuerza necesaria para alejarme.
—Mírame, Maya. —Mis ojos se fijan en los suyos. Su mirada está cargada de intensidad y determinación—. Nunca he matado a nadie.
—¿Cómo se supone que te crea? —Sueno patética y suplicante, pero necesito aferrarme a lo que acaba de decirme.
—Soy un jodido cobarde. —El dolor en su expresión hace que mi corazón se estruje—. Nunca he tenido el valor de tirar del gatillo, y no tengo modo alguno de comprobarlo. Solo mi palabra, Maya; la misma palabra que te di cuando prometí que mi intención no era hacerte daño.
—Júralo.
—Te lo juro por la memoria de mi hermana. Lo juro por el amor que le tengo a mi madre. Lo juro por lo más sagrado que tengo. —Él también suena a punto de quebrarse.
Entonces, lo beso.
Lo beso porque deseo que se detenga. Porque ya no quiero escucharlo más…
Mi lengua busca la suya con urgencia, pero a él le toma unos instantes corresponder a mi caricia.
Un gruñido ronco y profundo brota de su garganta, y finalmente, cede ante la exigencia de mis labios.
Sus manos abandonan mi rostro para aferrarse a mi cintura y une nuestros cuerpos con más intensidad que nunca.
Mis manos se envuelven alrededor de su cuello y tiro de las ondas suaves que se enroscan en su nuca.
Sabe a menta y cerveza, pero no me importa. Nada importa en este momento. Lo único que quiero, es olvidar todo lo que ha dicho, y concentrarme en todo lo que me hace sentir.
Harry Stevens me hace sentir segura… pero la Bestia me aterroriza.