Capítulo 15 #3
Estoy a pocos metros del edificio, cuando escucho una voz familiar gritando mi nombre. En ese instante, me vuelco en dirección al sonido y me congelo al mirar al chico de ojos castaños y aspecto desgarbado que trota en mi dirección.
—¡Jeremiah! —exclamo a manera de saludo—. ¿Qué estás haciendo aquí?
Él se detiene justo cuando llega a mí y me regala una sonrisa radiante.
—¿Cómo que qué hago aquí? —Rueda los ojos al cielo y dice—: Vine a verte, por supuesto. Creí que te escondías de mí. He venido aquí todos los días y no te he visto ni una sola vez.
El rubor me tiñe el rostro y me quema con intensidad en las mejillas sin que pueda impedirlo.
—No deberías estar aquí —digo, a pesar del aleteo en mi estómago. No sueno tan dura como me gustaría.
Él hace un gesto desdeñoso con la mano para restarle importancia a mi comentario.
—No debería hacer muchas cosas, y sin embargo, las hago. Soy a lo que ustedes las chicas llaman «chico malo»—sonríe aún más.
—¿Y se supone que eso debe hacer que suspire por ti? —Alzo las cejas con incredulidad, porque es el comentario más bobo que han utilizado para coquetear conmigo en mucho tiempo—. Escucha, Jeremiah, agradezco el interés. De verdad lo hago… pero pierdes tu tiempo.
—Pierdo el tiempo a diario en otras cosas, puedo seguir perdiéndolo aquí. —Se encoge de hombros.
Estoy a punto de replicar con un comentario sarcástico, cuando veo un familiar vehículo girando en la esquina.
Todo mi cuerpo se tensa por completo cuando reconozco la vieja camioneta de Harry.
—Oh, mierda… —Las palabras me salen de los labios casi por voluntad propia.
La mirada de Jeremiah se posa en el mismo punto en el que la mía se encuentra.
—No sabía que él vivía aquí —dice, más para él mismo que para mí.
Mi atención se fija en él.
—¿Lo conoces? —El corazón se me acelera a una velocidad alarmante y ni siquiera sé por qué.
Jeremiah me mira como si fuese el ser humano más estúpido en la faz de la tierra.
—Todo el mundo conoce a Harry «La Bestia» Stevens.
Quiero preguntar a qué se refiere con eso, pero no me atrevo a pronunciar palabra alguna. No estoy segura de querer escuchar lo que va a decir si la formulo en voz alta, así que me limito a morder la parte interna de mi mejilla para no hablar.
El cacharro aminora su marcha conforme se acerca al edificio, de modo que soy capaz de mirar un atisbo del rostro de Harry desde donde me encuentro.
Su ceño fruncido lo hace lucir más duro que de costumbre, las cicatrices lucen siniestras con el reflejo sombreado del parabrisas y sus manos aferradas al volante, sumadas a la curvatura intimidante de sus hombros, lo hacen lucir hosco y hostil.
—Es aterrador, ¿no es así? —La voz de Jeremiah me trae de vuelta a la realidad.
—No —digo. Sueno irritada—. No luce para nada aterrador.
Los ojos del chico se posan en mí y esboza una sonrisa incrédula.
—Estás bromeando, ¿cierto? —dice—. Ese tipo es el más aterrador que he visto en mi vida. Créeme cuando te digo que es un jodido psicópata.
El estómago me da un vuelco.
—¿Por qué lo dices? —Trato de sonar despreocupada, pero fracaso terriblemente.
—Maya, ese tipo está metido en cosas malas.
—Jeremiah me mira a los ojos. La seriedad con la que lo dice, hace que la ansiedad aumente otro poco—.
Dicen que carga con un arma a todos lados, que tiene arranques violentos y que la gente con la que está relacionado…
bueno… no es muy buena que digamos. —Hace una mueca de desagrado—.
No le dicen Bestia solo por las cicatrices, ¿sabes?
—¿En qué está metido? ¿Con qué clase de gente se relaciona? ¿Cómo sabes todo eso? —Las preguntas me salen a borbotones de los labios, y Jeremiah luce sorprendido por mi reacción.
—¡Tranquila! —Alza las manos, como si estuviese apuntándole con un arma—. Solo repito lo que se dice en las calles.
—¿Y qué es eso que se dice? —Miro en dirección a la camioneta aparcada. Harry está saliendo del auto, y lo único que quiero, es que Jeremiah hable de una maldita vez.
—Que trabaja para un vendedor de drogas. Uno con mucho poder. Ya sabes… En el área de cobranzas. —Sus palabras caen sobre mí como balde de agua helada—. De todos modos, ¿cómo es que no sabes nada de esto?
—¿Cobranzas? —La voz me sale en un susurro tembloroso y asustado. No tengo ni idea de lo que se dice en las calles de la zona porque nunca estoy en ellas. No hay que ser un genio para notarlo; sin embargo, decido no decir nada al respecto.
Jeremiah me mira con exasperación.
—Maya, dicen que el tipo amenaza a los pobres diablos que le deben a su jefe, ¿entiendes? El tipo se encarga del trabajo sucio: amenazar, golpear, matar… —Se encoge de hombros—. No me consta. A nadie le consta; pero digamos que es un secreto a voces. Por si las dudas, nadie quiere meterse con él.
De pronto, me cuesta respirar. El pulso me golpea con furia detrás de las orejas, mis manos se sienten heladas, la cabeza me da vueltas a mil por hora y no puedo apartar la mirada del chico que camina en dirección al edificio.
«¿Quién demonios eres, Harry Stevens?».