Bestia (Bestia nº 1) Capítulo 14 #3
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Capítulo 14 #3

Al salir de la ducha, me visto con lo mejor que tengo, y aplico un poco más de máscara para pestañas de la que acostumbro a utilizar.

Tomo el único lápiz labial que tengo y pongo un poco en las yemas de mis dedos para aplicarlo a toques sobre mis pálidas mejillas; quiero darles un poco de color y es lo mejor que tengo para hacerlo.

Me aplico el mismo color en los labios y pongo un poco de corrector para ojos en las horribles bolsas debajo de ellos.

Decido amarrarme el cabello en un moño alto y, por primera vez en mucho tiempo, me gusta lo que veo en el espejo. La chica delante de mí luce más como una adolescente ilusionada que como una señora derrotada y eso ya es ganancia en mí.

Miro el reloj en mi muñeca y el corazón se me estruja al ver la hora. Son casi las diez de la noche.

«No va a llegar». Susurra la voz en mi cabeza.

—¡Deja de ser tan negativa, Maya! ¡Por el amor de Dios! —Me reprimo en voz alta y tomo un par de horquillas para aplacar los cabellos rebeldes que se salen del moño.

El nudo de mi garganta está tan apretado, que no puedo respirar como se debe. El agujero que siento en la boca del estómago incrementa con cada segundo que pasa y la quemazón en la parte posterior de mis ojos es insoportable.

Son casi las doce y Harry Stevens no ha aparecido. Una parte de mí está enojada. Furiosa. Decepcionada… Y la otra, está angustiada.

«¿Y si le ocurrió algo?». Me pregunto por milésima vez en lo que va de la noche, y tomo el teléfono inalámbrico entre mis dedos antes de contemplarlo durante unos instantes.

Hace una hora busqué el trozo de papel que Harry depositó en mi buzón y marqué a su número. No respondió.

Le he llamado dos veces más después de esa y tampoco descolgó la llamada en esas ocasiones. Quiero estar furiosa con él, pero la angustia y el miedo que me causa pensar que algo le ha ocurrido, es más grande que nada. Harry nunca me plantaría… ¿O sí?

El sonido del cerrojo hace que todas mis entrañas se revuelvan. Me levanto del sillón donde me encuentro sentada y me detengo a pocos metros de la puerta principal. Entonces, Harry aparece en mi campo de visión.

No hay indicio alguno de violencia en su rostro o cuerpo y eso me relaja considerablemente; sin embargo, su cuerpo denota cansancio y agotamiento.

Su vista se alza y me mira a la cara sin decir nada.

Quiero golpearlo. Quiero tomarlo por los hombros y sacudirlo mientras exijo una respuesta.

—¿Estás bien? —digo, en un susurro débil y tembloroso.

—Sí. —Su respuesta, lacónica y seca, hace que el estómago se me retuerza.

«Lo olvidó». Pienso. «Quizás ni siquiera era una cita. Quizás solo estaba tratando de ser amable porque eso es lo que se hace cuando besas a alguien: eres amable y nada más». Susurra el odioso demonio dentro de mí.

Aprieto los dientes, pero le sostengo la mirada. Un destello de algo que no puedo reconocer inunda sus facciones; pero es tan fugaz, que dudo haberlo notado en realidad.

—Lamento lo de esta noche —dice, mientras se quita la chaqueta con lentitud—. Tuve algo importante que hacer.

Sus palabras detonan la ira en mi interior.

Tuvo algo importante que hacer. Tuvo algo mejor que hacer que salir conmigo.

¿Y yo? Yo volví antes del trabajo para pasar más tiempo con él.

Pasé el día entero reproduciendo un beso que para él fue nada.

Desperdicié casi una hora mirándome al espejo, ideando la forma de hacer que mi aspecto fuese diferente para él.

Una risa incrédula me asalta. Sus ojos no se apartan de los míos.

—Vete al demonio —escupo, con un hilo de voz.

Entonces, avanzo lo más rápido que puedo por el pasillo. Una vez dentro de la habitación, doy un portazo.

Por un momento, lo único que soy capaz de escuchar es mi respiración dificultosa. Las lágrimas queman en mi garganta, y quiero golpearme por estar a punto de llorar por algo que no vale la pena. Pego la frente a la puerta y trato, desesperadamente, de mantener la calma.

«¡No llores, Maya!». Me reprimo. «¡No te atrevas a llorar por él! ¡No te atrevas a derramar una maldita lágrima por ese idiota!».

Echo el pestillo a la puerta, y deshago el moño que me hice hace unas horas y me restriego el maquillaje fuera de la cara. Las ganas de echarme a llorar son intensas ahora, pero lo único que consiguen es enfurecerme cada vez más.

Me deshago de los vaqueros y la blusa, y me enfundo mi viejo pijamas. Me acurruco en la cama y me cubro hasta la cabeza. Entonces, cierro los ojos y concentro toda mi atención en tratar de que el llanto me abandone.

No sé por qué demonios me siento así. He pasado por cosas peores. ¿Por qué demonios estoy así? No debería romperme de esta manera…

El tiempo pasa lento. Quizás pasa demasiado rápido, pero no pongo demasiada atención mientras me deshago en mi miseria. El agotamiento sentimental es tan grande, que no puedo conmigo misma.

Quiero olvidarme de esta noche. Quiero olvidarme de ese beso. Quiero arrancar de mi cabeza todo lo que ha pasado con Harry y dormir. Dormir hasta que ya no exista herida alguna…

Entonces, cierro los ojos. No sé si podré hacerlo. No sé si el sueño será mi aliado, pero, de cualquier modo, lo intento. Cierro los ojos y me dejo ir.