Besos Robados Capítulo Veintinueve #2
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Capítulo Veintinueve #2

—Escuchad, tenemos una pista sobre las transacciones que la SEC ha señalado —nos contó Duncan.

—Espera, ¿lo has estado investigando?

—Sí —respondió Duncan—. Knox y Finn han seguido el rastro hasta una empresa fantasma. —Por alguna razón, le brillaron los ojos—. Y la constituyó Farley & Gottlieb .

—Cyrus tiene una relación muy estrecha con ellos —señalé al instante. Se me hizo un nudo en la garganta—. ¿Creéis que él está detrás de esto?

—Es la pista más clara que tenemos por ahora.

—Venga ya, sé que ese hombre me tiene manía, pero no haría algo así. ¿Cómo encontrasteis siquiera la sociedad fantasma? —pregunté.

—Hannah revisó las transacciones. Finn y Knox comprobaron la información, y…

—Un momento, ¿Hannah lo sabe? —interrumpí—. Joder. Le mandé la información, pero no me dijo nada.

—Sí, también ha estado aquí esta noche —informó Duncan.

—¿Por qué se ha ido?

Finn se frotó la sien, manteniendo la cabeza gacha.

Knox se levantó:

—Porque se ha enterado por casualidad de la empresa que hemos montado y le hemos contado todo.

—¡¿Pero qué cojones…?! —exclamé—. ¿Por qué no me lo dijisteis desde el principio?

—Porque era importante que supieras lo de Cyrus —explicó Duncan.

—Ahora mismo me importa un carajo Cyrus. ¿Cómo se lo ha tomado?

—Mal —respondió Finn.

—Dijo que necesitaba salir de aquí y aclararse —añadió Knox.

—No me digas. ¿Por qué no me enviaste un mensaje por eso también? —Le clavé la mirada a Duncan.

—Porque yo también estoy lidiando con otro marrón —respondió con frialdad.

—Los demás podemos encargarnos de eso —intervino Griffin.

Entonces me percaté de que él y Wyatt habían estado callados toda la charla.

Conociéndolos, necesitaban un rato para asimilarlo.

Cada uno tenía su forma de lidiar con las malas noticias.

Finn y Knox solían afirmar que estaban dispuestos a todo.

A Wyatt y Griffin les gustaba considerar cualquier posible escenario, pero, al igual que mis hermanos pequeños, solían hacer lo que fuera necesario para resolver un problema.

—Oye, ¿puedes centrarte en nuestro problema con Cyrus un momento? Creo que deberíamos enviarle esta información a la SEC —dijo Duncan.

Negué con la cabeza:

—Ahora mismo no puedo concentrarme en nada.

Antes de conocer a Hannah, me habría quedado toda la noche en la oficina con mi familia.

Pero en ese preciso instante lo único que quería era arreglar las cosas con ella y explicarle mis motivos.

Hacerle ver que lo había hecho todo porque no soportaba verla pasar apuros.

Y menos por algo que yo podía solucionar tan fácilmente.

Ella lo era todo para mí, y necesitaba que lo supiera ya mismo.

El asunto de la SEC podía esperar. Confiaba en que mis hermanos se encargarían de ello.

—Espera. Al parecer no planea matarnos, eso es positivo —comentó Knox.

—Sí, tío, sentimos de verdad haber metido la pata —añadió Finn—. Pero vio la carpeta en el escritorio de Knox y no podíamos mentirle a la cara como si nada.

—No, ya lo he hecho yo durante demasiado tiempo —admití—. Tengo que ir a solucionar esto.

—Vale. Elaboraremos un plan y nos reuniremos contigo por la mañana —respondió Duncan.

Todos estuvieron de acuerdo, y al segundo siguiente salí pitando del despacho para coger el ascensor hacia el parking .

Me subí al coche y salí de allí antes de darme cuenta de que no sabía dónde estaba Hannah. Estaba a punto de llamarla, pero cambié de opinión.

—Y una mierda. —No quería hablar del tema por teléfono. Necesitaba verla.

Conduje hasta su apartamento lo más rápido que pude y aparqué en la calle contigua a su edificio. Unos cuantos borrachos salían del asador justo cuando me acercaba al telefonillo.

Joder. No iba a dejar que se quedara en este sitio ni una noche más después de aquel día. No pensaba permitirlo.

Pero lo primero es lo primero.

Tenía otra batalla que ganar.

Probé con el telefonillo un par de veces, pero no me contestaron. Estaba a punto de llamar a Blair para preguntarle si sabía dónde podría estar Hannah cuando caí en la cuenta de que solo había un sitio al que iría en una situación así: el hostal.

Pero, aun así, quería asegurarme de que estaba allí. Sabiendo que no tenía tiempo que perder, revisé mis contactos, recordando que había guardado el número de su vecina después de la tormenta. Lo encontré y la llamé enseguida.

—¿Diga? —respondió una voz de anciana.

—Hola, ¿hablo con la señora Adams?

—Sí.

—Hola, soy Chase Sterling.

—Ah, tú eres el guaperas que estaba con Hannah después de la tormenta.

Eché la cabeza hacia atrás al oír sus palabras. “El guaperas”. No era exactamente como pensaba que empezaría la conversación. Era una señora muy mayor.

—El mismo —confirmé—. Escuche, quería preguntarle, ¿hay alguna luz encendida en el hostal? Creo que Hannah podría estar allí.

—Sí, sí. Ha llegado hace como media hora, creo. ¿Quieres que vaya a decirle que la estás buscando? Esa chica se pasa el día perdiendo el móvil.

—No, no hace falta. La verdad es que quiero darle una sorpresa —dije.

—Eres guapo y atento. Se ha hecho con un buen partido.

Me gustó mucho más esa descripción que “guaperas”.

—Gracias, señora Adams. Que pase una buena tarde.

—Igualmente.

Colgué, me subí al coche y arranqué superando con creces el límite de velocidad.

No quería dejar a Hannah a solas con sus pensamientos durante demasiado tiempo.

Era consciente de que las pruebas estaban en mi contra.

Solo podía imaginarme lo que se le estaría pasando por la cabeza.

Necesitaba explicárselo todo lo antes posible, pero primero tenía que hacer una parada técnica.