Epílogo
ALICE
El murmullo del público llena el teatro. Dentro de unos minutos comenzará Sueño de una noche de verano .
Me encuentro al lado de Ángela, frente al escenario. Hace apenas unos segundos estaba pendiente de que cada uno estuviera en su sitio, junto a Sandra, que no se ha separado de ella en toda la tarde. Ahora las luces han bajado y el silencio empieza a imponerse.
Observo cómo Ángela retira el papel de reservado y mira el asiento antes de sentarse. Sabe que las notas no volverán, pero el recuerdo aún persiste. Odio que alguien lograra sembrar en ella tanta inseguridad.
Menos mal que Berta ya no está cerca. De Carla tampoco he vuelto a saber nada; su propio mal hacer la dejó en evidencia. Con la única que mantengo el contacto es con Nerea, que hoy ha venido con su nueva pareja a ver la obra.
Me giro y la veo en la cuarta fila. Le sonrío y ella me devuelve el gesto.
También han venido mis padres. No es la primera vez, ya son casi asiduos a un pueblo que los ha acogido igual que lo hizo conmigo.
Se han acostumbrado al silencio de este lugar, a su ritmo pausado, al café en el bar de Dolors.
Mi madre lo lleva peor. Echa de menos sus tiendas o restaurantes cuando está aquí, pero cada vez que viene noto que casi no se esfuerza por aparentar. Porque, en el fondo, está a gusto.
Los padres de Ángela están sentados junto a los míos. Su madre sostiene el programa y se lo muestra a la mía mientras comentan quién interpreta cada papel. Mi madre ya reconoce algunos nombres y su sonrisa me conmueve.
Gerard y Arianne están detrás de nosotras. Sandra, sentada a su lado, recibe los besos discretos de su novio esperando que comience la función. Han sobrevivido a un verano en Capri y a más de una conversación complicada. Ahora hablan de vivir juntos.
Ángela habló con su madre hace unas semanas.
Desde que somos pareja parece más receptiva, más abierta a escuchar antes de juzgar.
La casa de los abuelos de Ángela, donde vivimos ahora, es grande, con espacios suficientes para mantener intimidad y cercanía.
Gerard y Sandra podrían alquilar una parte.
Sería una ayuda para todos. De momento, lo estamos valorando.
El Atelier de Serratona funciona mejor de lo que imaginé.
Las clientas habituales, las turistas curiosas, las recomendaciones boca a boca.
Serratona tiene ese poder: cuando decide abrazarte, lo hace sin reservas.
Con Antón y Asociados sigo teniendo relación.
Envío los informes semestrales tal como acordamos.
El apellido Medina dejó de formar parte de la firma.
No hizo falta escándalo, bastó con que la verdad circulara.
La oscuridad nos envuelve. El telón se levanta y la obra comienza.
Cuando termina, los aplausos son largos y sinceros. Lo que se ha vivido en el escenario ha sido intenso, casi mágico.
Antes de salir del teatro, la cojo de la mano y la aparto unos pasos.
—Tu aroma me ha tenido hipnotizada toda la función.
—No puedo pasar sin mi labial de cereza, lo sabes. Aunque sé que te gusta, no me lo puedes negar.
Acerca sus labios a los míos y los devora con ansia. Estamos en un rincón donde la luz apenas nos alcanza, protegidas por el claroscuro.
—¿Quieres que vayamos a nuestro rincón? —le susurro, acercándome más—. Allí seguro que nadie nos molestará.
Me mira, divertida.
—Mañana, de día. Me gusta verte a la luz del sol.
—A mí me encantaría verte a la luz de la luna. He visto que hoy está llena.
—Qué ideas tienes, aunque me fascinan.
Vuelvo a besarla, despacio, empapándome de ese sabor a cereza que tanto logra hacerme perder el sentido.
Nuestro rincón nos espera.
Y sé que, mientras sea con ella, siempre estaré en casa.