Capítulo Catorce
CASSIE
Estoy acomodando una silla cuando la camioneta de Logan entra en el camino de acceso. Baja despacio. El viaje le ha dejado ojeras, pero la rabia lo mantiene en guardia. Su mirada me encuentra primero a mí y después a Dean.
—Adentro —dice.
Me enderezo. —Tú no me das órdenes.
La incredulidad se abre paso en su expresión. —Hola a ti también, Cass.
—Puedes abrazarme o gritar. Elige.
Durante un segundo se queda ahí, mirándome, decidiendo qué hacer; luego cruza el jardín y me estrecha entre sus brazos. Lo abrazo con fuerza.
—Sigo enojado —dice contra mi pelo.
—Lo sé.
Me suelta. —Tú quédate aquí afuera.
—No —digo—. Entramos todos.
La sala parece terminada: suelos relucientes, muebles en su sitio, la colcha de los Hunter sobre el sofá. Logan lo observa todo, pero su expresión no se suaviza.
—¿Desde cuándo? —pregunta.
—Nos besamos el día tres —digo antes de que Dean pueda responder—. Y hace unos días decidimos que lo nuestro va en serio.
Logan hace una mueca. —No necesito un calendario de su vida sexual.
—No se trata de sexo —dice Dean.
—Te lleva diez años. —Logan lo ignora y me mira a mí.
—Soy perfectamente consciente de nuestra diferencia de edad.
Se vuelve hacia Dean. —Deberías habérmelo dicho antes.
—¿Antes? —Dean le sostiene la mirada—. No tenía esto planeado.
—Qué conveniente.
—Es la verdad. —La voz de Dean sigue tranquila—. No tenía planeado acostarme con tu hermana, Logan. Simplemente pasó.
Logan se pasa una mano por el pelo. —Esto acabará con ella cambiando todos sus planes, ¿verdad? Mudándose a tu casita, trabajando en tus proyectos, despertando dentro de cinco años y preguntándose por qué construyó su vida alrededor de un hombre.
La última frase le sale más áspera que las acusaciones anteriores.
Me acerco un paso. —La revisión de mi apartamento es dentro de tres días. Empiezo en Stone and Finch a la mañana siguiente. Voy a conservar las dos cosas.
—¿Y a él?
—A él también.
—Cass...
—No tienes que darnos tu bendición, Logan. Somos adultos.
Se estremece. —No estoy diciendo que necesites mi permiso.
—Entonces, ¿qué estás diciendo? —Cruzo los brazos sobre el pecho—. Quieres que elija entre los dos hombres a los que quiero.
—Él ya eligió —dice Logan—. Sabía lo que iba a provocar.
Dean encaja el golpe. —Sabía que podrías enojarte. No sabía que la alternativa era perder a la única mujer a la que he amado.
—¡Vamos, por favor! —Logan niega con la cabeza—. ¿Cuánto llevan juntos? ¿Dos minutos?
—No. —La voz de Dean se vuelve más áspera—. Eres mi mejor amigo, Logan, así que no voy a discutir contigo mientras estés alterado. Por eso te llamé antes de ir a buscarla. Por eso terminé tu casa después de que me dijeras que me fuera. Pero no puedes pedirme que rompa con Cassie. No es justo.
—Necesito aire —dice Logan.
Sale. Dejamos que se vaya sin seguirlo.
Cuarenta minutos después, Logan sigue sentado en su camioneta al final del camino de acceso.
Dos horas después vuelve y me ayuda a llevar las macetas a sus posiciones definitivas, sin hablar.
Después de cenar, Logan me encuentra en el porche con la lista de fotos definitivas. Dean pasa la noche en su casita porque mi hermano pidió espacio y él se lo dio sin hacer que yo me fuera también.
Logan se sienta en la silla de al lado. —Cuando mamá y papá se mudaron, sentí que eras el último pedazo de hogar que me quedaba aquí. Sé que eso suena...
—¿Como si yo fuera un plato conmemorativo?
—Iba a decir patético.
—Eso también.
Su risa se apaga. —Creciste mientras yo estaba ocupado preocupándome. Sigo pensando que, si vigilo lo suficiente, no se colará nada malo.
—A veces voy a sufrir.
—Así no lo vendes muy bien.
—Puede ser. Tomaré malas decisiones, y algunas también harán daño a otras personas. Por mucho que me quieras, no puedes ahorrarme lo que es vivir.
Me estudia el rostro, frunciendo el ceño. —¿Cuándo te volviste tan lista?
—Más o menos cuando dejé de comer crayones.
—Eso fue la Navidad pasada.
Le doy un empujón en el hombro. Él me agarra la mano y la aprieta.
—Todavía no puedo perdonarlo —dice.
—Eso es entre tú y él.
—Pero intento entender tu punto de vista.
Sonrío. Nos quedamos sentados en el porche restaurado hasta que las polillas se reúnen alrededor de la luz nueva que instaló Dean.