Epílogo. El aire
Epílogo
El aire
OLIVIA Y ANDREW
Desde aquí, cada día veo muchas historias de amor.
Muchos corazones rotos que revolotean hasta que por fin encuentran todas sus piezas.
Muchos «y si», «quizá» o «tal vez» que terminan en nada o, en el mejor de los casos, en todo.
Muchas miradas hacia el cielo buscando respuestas invisibles, o hacia el suelo siguiendo un rastro de lágrimas.
Mucha gente busca el amor en miradas, en personas, en canciones o en películas.
Lo que no saben es que yo soy el amor, que estoy compuesto por él, que la mayor parte del tiempo lo tienen delante de sus narices y no se dan cuenta.
Me encantaría gritárselo, pero no tengo voz.
Debería ser una persona o algo más tangible para que la gente no fuera tan perdida en algo que la envuelve en todo momento.
Me fijé en Olivia López y Andrew Jones la primera vez que volaron juntos en la avioneta.
Tenían algo distinto. Me ha divertido sentir y conocer su historia.
Desde ese día, no me he separado de ellos.
Y es curioso, porque el amor de verdad no se suele encontrar a tanta altura.
Están enamorados del cielo, y el cielo forma parte de mí.
Están enamorados de la idea de que todo lo que sucede arriba es especial. Y así es.
La historia de Olivia y Andrew no ha sido perfecta.
De hecho, ¿cuál lo es? Como ellos dicen, existen las turbulencias, y solo hay que saber eludir la tormenta a tiempo.
Las nubes no me preocupan, me acompañan cuando me uno al viento, y que el cielo esté gris no implica nada malo.
Las nubes y el viento son necesarios para que el amor situado en un lugar incorrecto se mueva al que le pertenece.
Todo es un movimiento constante, y yo me muevo con todo eso.
He estado acompañando amores que no han tenido que ser y amores que han sido.
Me he mezclado con besos consumidos por dos personas que se aman con locura, pero también me he metido en las lágrimas de los corazones rotos.
Hay de todo. Solo he de saber dónde estar, qué elegir, qué aire escoger.
Andrew escogió París durante un tiempo y se ahogó.
Hay que saber sentir el aire que respiras e interpretarlo.
El aire de Dublín es el escenario perfecto para ellos. Ahora él es feliz cerca de su familia y de Olivia, trabajando en la capital como instructor de jóvenes pilotos.
Y ella… Ella echa de menos su aire mediterráneo, pero de vez en cuando vuelve, pasa tiempo con su madre y sobrevuela el cielo de nuevo.
«¿Dónde se encuentra el amor?», se pregunta Olivia muchas veces.
Entonces él se acerca a ella, la acaricia y le responde: «El amor está en cada beso que se da antes de volar».