60. En Edimburgo
En Edimburgo
OLIVIA
Es la primera vez que voy a hacer un viaje al extranjero con amigos, y tengo la sensación de que esta escapada nos unirá aún más.
Somos muy diferentes, pero tenemos algo en común: el corazón enredado.
Estoy contenta porque sé que estos días de desconexión nos permitirán a Serena y a mí volver a acercarnos.
Entre lo de Andrew y la carga de trabajo, siento que se ha abierto una pequeña brecha entre nosotras que no tengo ningún interés en que se haga más grande.
—Siento cómo me puse con lo de Andrew —me dice Serena cuando estamos en el avión.
A mi izquierda, Carter se ha quedado dormido y ronca con la boca abierta. Ben está a su lado, leyendo un libro.
—Fue culpa mía fijarme en el único chico que no me convenía.
—Bueno, aquí hay muchos —dice refiriéndose a los pilotos infieles que se mueven por este mundillo.
—Ojalá hubiese podido negar mis sentimientos cuando me lo dijiste, pero ya era demasiado tarde.
—Sigue siéndolo, ¿verdad?
Asiento algo incómoda, pues no me gusta hablar de Andrew con Serena.
—Olivia, yo solo tengo miedo de que te haga daño.
—Lo sé.
—Y sería mala amiga si no te dijera lo que pienso al respecto.
«¿Y qué piensas?», quiero preguntarle, pero en el fondo prefiero no saberlo.
—Andrew te hará daño, como a todas las demás.
Piensa que no soy diferente a ella. ¿Debería molestarme?
—Los hombres no cambian.
—Si tengo que estrellarme, supongo que lo haré.
—¿Y estás dispuesta a eso?
—Serena… —oigo decir a Ben.
Está escuchando nuestra conversación. Serena se inclina y lo asesina con la mirada.
No sé qué responder, es tan incómodo… No quiero seguir hablando de lo que tengo con Andrew.
Tal vez ella esté en lo cierto, quizá me rompa el corazón.
O no. Es algo que no podemos saber y en lo que no quiero pensar, porque, si no, ¿me habría arriesgado a besarle aun teniendo el corazón roto?
El amor es un riesgo. Todos lo sabemos. Puede salir bien o mal, destruirte o darte una razón más para vivir.
—Pase lo que pase, estaré contigo, eres mi mejor amiga —dice mientras me coge de la mano tras mi silencio como respuesta.
Se lo agradezco sonriéndole. Aunque no me gusta pensar que cree que mi relación con Andrew se torcerá en algún momento.
Ojalá que no. Ojalá pueda seguir escondiendo la nariz en su cuello toda mi vida; que sus ojos, esos de un azul tan bonito, me devuelvan la mirada de la última vez que nos vimos.
Llegamos a Edimburgo. El frío de Escocia me invade de una forma que jamás había sentido en Irlanda. Dios santo, que soy española, ¡mediterránea! Nunca volveré a quejarme del calor de Alicante, lo prometo.
— Andiamo , chicos —dice Serena con su característico acento italiano.
Nos pasamos la mañana de turismo y compramos muchos souvenirs.
Carter hace payasadas todo el rato, pica a Serena…
De vez en cuando, Ben y ella intercambian miradas cómplices, pero a los cinco minutos parecen odiarse.
Mamá me llama por teléfono y le cuento qué me está pareciendo la ciudad y, de paso, me pregunta cuándo volveré a casa.
También hablo con Andrew, aunque no tanto como me gustaría, porque está estudiando y volando…
—¿Cómo van las cosas con tu príncipe azul?
—¿Así es como llamas al hermano de tu amante?
Carter suelta una carcajada.
—¿Hablaste con ella?
—Sí.
—¿Y qué te dijo?
—De todas las personas del planeta, has tenido que ser tú, Carter, el que desordenase por completo el mundo de Eloise Jones.
Me fijo en sus ojos. Es hablar de ella y le cambia la expresión. Está enamorado hasta las trancas. Lo que empezó siendo uno más de sus retos amorosos no ha terminado como él esperaba.
Por la tarde, después de comer, tenemos un tour por varios sitios relevantes que aparecen en las películas de Harry Potter, y no miento si digo que es lo que más ilusión me hace del viaje.
Me preocupaba tener que comer en lugares caros y hacer cosas que superasen con creces mi nivel adquisitivo…
La ciudad no es barata que digamos, y mis tres acompañantes vienen de mundos acomodados, pero en absoluto me siento distinta.
Comenzamos el tour en The Elephant House, la supuesta librería donde nació el personaje de Harry Potter.
Me hace tanta ilusión como buena friki de la saga…
Hay muchas leyendas sobre el lugar de su nacimiento, si la autora frecuentaba o no ciertas librerías…
Al parecer, era tan pobre que no podía pagar la calefacción de su casa, pero yo me lo creo todo.
Visitamos el cementerio de Greyfriars, que dicen que inspiró una de las escenas finales de Harry Potter y el cáliz de fuego , donde por primera vez se bate en duelo con Voldemort.
Y es que nuestra guía nos dice que J. K.
Rowling cogió muchos de los nombres de las tumbas de este cementerio para algunos de sus personajes, como McGonagall o Tom Riddle. Cuando se lo cuente a mamá, flipará.
Me siento como una niña pequeña. Ben no se separa de mi lado; cuando algo le interesa, es de los que se ponen en primera fila para atender a lo que dicen en todo momento.
Se considera tan fanático como yo del universo de magia.
Cuando llegamos al George Heriot’s School, una escuela de niños huérfanos, nos cuentan que la autora se inspiró en este edificio para crear Hogwarts; además, este colegio también estaba dividido en cuatro casas.
Carter y Serena se dedican a hacernos fotos a mí y a Ben, y siento que somos el grupo de amigos perfecto, porque cada uno aporta algo distinto.
Cuando termina el tour , todos estamos muertos de hambre, y Serena propone un restaurante que ha descubierto a través de sus redes sociales. Después, cómo no, Carter insiste en que salgamos de fiesta.
Unas horas más tarde, es de madrugada y los cuatro vamos borrachos. Que conste que mi borrachera ha sido por culpa de Carter y el estúpido juego que se ha inventado para hacernos beber a todos, sobre todo a mí.
—Si pierdes, tienes que beber, esas son las normas.
Maldito el momento en que dije que sí a las reglas de Carter, pero no voy a negar lo tremendamente bien que me lo estoy pasando.
—Entonces ¿estáis juntos? —me pregunta Ben en algún momento de la noche.
Nos hemos limitado a hacer ronda de pubs por todo el centro y nos hemos bebido un par de copas en cada establecimiento. Ya no sé a cuántos hemos entrado.
—No estamos juntos, estamos… ¿conociéndonos?
—Pero os gustáis.
—Sí, como tú y Serena, por ejemplo —le pincho.
—Muy graciosa.
—¿Te puedo preguntar algo? ¿Sabes lo que sientes por ella?
—Unas veces creo que sí y otras no. Es muy raro, jamás me ha pasado.
—Solo te voy a decir una cosa —digo alzando el índice mientras doy un traspié porque estoy mareada—: si no corres, acabarás perdiéndola.
—¿Te ha contado algo?
—Sois mejores amigos, tú sabrás.
—Ya, pero tú eres su mejor amiga, y eso lo cambia todo.
—En algún momento te tendrás que aclarar.
—Lo sé.
Diez minutos después estoy hablando con Serena y le pregunto si aún sigue enamorada de Ben.
—No, tía, creo que estoy pasando página.
—¿Ah, sí?
Le doy una calada al cigarro de Serena. Sé que no debería fumar, pero esta noche no me importa mucho.
—Desde que conocí a Wren…
Wren. El chico que trabaja en el aeropuerto. Hace dos días, antes de irnos de viaje, por fin se atrevió a buscarlo y habló con él.
—He perdido tanto tiempo esperando a que Ben se fijase en mí de otra manera que ya paso. Solo somos amigos.
—Pero ¿estáis bien?
—Sí, sí. Además, siento que todo ha vuelto a la normalidad.
Media hora más tarde, escribo a Andrew. Bueno, en realidad le mando audios, porque no veo nada en la pantalla del móvil.
—Que sepas que te echo muuucho de menos, Andrew Jones. Me has cambiado, has puesto mi mundo patas arriba y te voy a perseguir hasta matarte si te atreves a hacerme daño.
Pausa. Le mando otro.
—Un chico me ha dicho que le parecía guapa y, ¿sabes qué? Lo primero en lo que he pensado ha sido en ti y en la noche en que nos conocimos.
Otro.
—Andrew, ojalá estuvieras aquí, porque me niego a dejar esta ciudad, pero solo volvería a Dunrae porque estás tú.
Otro.
—Andrew, creo que te quiero.
Ni siquiera soy consciente de lo que acabo de decir porque me doy la vuelta y veo a Carter, que sale del pub, enfadado.
¿Qué está sucediendo? De repente, una chica pasa por delante de él, le dice algo al oído, ella sonríe y le besa.
Espera, Carter se está liando delante de mí con una desconocida. ¿Y Eloise? ¿Qué ha pasado?
—¿Carter?
Pero sigue besando a la desconocida con una pasión y una fuerza increíbles, como si no hubiera besado a alguien en mucho tiempo. Vale, creo que el alcohol se nos ha ido de las manos. O quizá sea yo.
—¿Dónde están Ben y Serena?
Con esta pregunta, lo devuelvo a la realidad.
—Ay, madre mía —dice mirando hacia donde están liándose nuestros dos amigos.