CAPÍTULO 14 #2
Espero a que el semáforo vuelva a ponerse en rojo antes de hablar. Busco las palabras correctas, pero creo que no existen. Al menos no para esto.
—En ese accidente murieron mi madre, mi abuela y mi tía. La hermana de mi abuelo. Yo fui la única que sobrevivió.
Decirlo en voz alta después de tantos años se siente extraño.
—Desde entonces solo hemos sido mi abuelo y yo. Hasta que Glenda llegó a su vida muchos años después. Y con ella llegó Francia. Bueno, Francia llegó antes. Ha sido mi mejor amiga desde la primaria. De hecho, gracias a nuestra amistad mi abuelo y su abuela se conocieron.
Hago una pausa y miro por la ventana.
—No me preguntes por mi papá, porque ni siquiera yo sé dónde está.
Dejo escapar una pequeña risa, más por incomodidad que porque haya algo gracioso.
—Pero, en fin... creo que después de aquello conducir un auto se convirtió en una especie de pesadilla para mí.
Mi abuelo decía que mientras él estuviera vivo me llevaría a todas partes, así que nunca tuve que aprender.
Hasta que empezó el Alzheimer y ya no tuve otra opción.
Han pasado veinte años desde el accidente. Así que... no importa.
Nico permanece callado por primera vez desde que lo conozco. Está viendo al frente y de pronto lo que dice es:
—Aparca.
—No voy a aparcar, no te conté esto para que me tengas lástima.
—No te tengo lástima, eres satanás en un metro con cincuenta centímetros.
—¡Mido un metro con cincuenta y tres, Nicolás!
—Sí bueno, la diferencia no es mucha. Aparca.
—Esta vez sí lo hago y él se baja del asiento del copiloto, rodea el vehículo y llega hasta mi lado en el lugar del conductor, me quita el cinturón de seguridad y me extiende su mano.
—Aunque me encanta la idea de que seas totalmente independiente a la hora de conducir, ya ha sido suficiente por hoy.
No tengo ganas de ponerme a discutir, así que me bajo.
Él con ambas manos me toma de la cintura y cuando mis pies tocan el suelo me voy al asiento del copiloto.
A ver, pude pasarme dentro de la camioneta también, pero, en fin.
Como dije, ese es un tema del que no vuelvo a hablar y qué bueno que Nico lo entienda, no pregunta nada más.
El resto del camino es silencioso, pero nada incómodo. Una vez frente al edificio, suelto:
—Voy a quedarme en mi apartamento.
Nico se detiene exactamente frente a mi edificio, pero del lado contrario.
—¿Estás segura?
—Por supuesto, Nico.
A ver... no estoy segura. No sé qué es lo que estoy haciendo, ni cómo voy a sobrevivir en ese lugar, pero finjo que sí.
Tal vez no duerma hoy, pero mañana me va a ganar el cansancio y voy a dormir sí o sí.
—Dónde murieron dos personas.
—No lo repitas.
Le pido que aparque bien, pero no lo hace, entonces hago lo mismo que las otras veces y me paso por sobre sus piernas, ahí tomo mi bolso del asiento trasero, pero esta vez Nico me toma fuerte por la cintura para que no me frote sobre él. No pensaba hacerlo.
—No juegues con fuego, pulguita.
Esta vez es su celular el que nos interrumpe. Al menos no es Valentina; es una llamada del trabajo.
Nico contesta en voz baja y aprovecho para decirle que voy a bajarme.
Cuando termina la llamada, me giro hacia él para despedirme. Nosotros nunca nos despedimos con un beso en la mejilla, pero esta vez, por alguna razón, a Nico se le ocurre hacerlo… y a mí se me ocurre mirar exactamente hacia ese lado.
Me planta el beso en la boca.
Los dos nos quedamos quietos durante un segundo. Entonces se me ocurre la grandiosa idea de devolverle el beso y a él la de responder con mucha más intensidad. Por un momento olvido por completo que estaba a punto de bajarme del auto y creo que él también.
Hasta que su celular vuelve a sonar.
Carajo.
Mejor me bajo.
—Te veo mañana... o tal vez no.
Él esboza una sonrisa.
—Presiento que igual vamos a volver a vernos en un par de horas.
—Ya te dije, no.
Cierro la puerta. Me voy directo a mi apartamento sin ver a ninguna parte, ni al lado donde hay todavía manchas de sangre, ni el lado del ascensor ¿Lo peor de todo?
El maldito edificio entero está en silencio, no hay personas por las escaleras, ni se escucha el bullicio común del interior de los departamentos.
Dios mío, no sé en qué momento se me ocurrió pensar en dormir aquí.
Todavía hay cintas amarillas en mi piso y entro de una sola vez, porque de otra forma voy a arrepentirme.
No voy a llamar a Nico, no voy a llamar a Nico, no voy a llamar a Nico.
Me quito el maquillaje, la ropa y tomo una ducha, todo el tiempo pensando en lo que pasó en el apartamento contiguo y escucho pasos en el piso de arriba.
Mierda. Salgo del baño, me cambio y ahora escucho ruidos en el apartamento de al lado...
el de la pareja hot específicamente. A ver, no voy a entrar en pánico, tengo la batería del celular baja y aprovecho que Nico está en línea:
Para: Nico
«¿Sabes si están trabajando en el apartamento de al lado?»
Nicolás me contesta de inmediato, pero su respuesta no me hace sentir mejor:
Para: Nico
«No que yo sepa, ¿por qué?»
Okey, otro ruido en ese apartamento. Es como si movieran muebles o algo así.
Definitivamente, voy a perder la dignidad, porque tengo que irme de aquí sí o sí.
Tomo un bolso y comienzo a guardar toda la ropa que me alcance y zapatos, todo...
A ver, que no tengo a dónde ir más que al apartamento de en frente y es Nico el que me envía un texto:
De: Nico
«Sabes que puedes quedarte aquí, "mi" pulguita»
Voy a ignorar el «mi» que escribe a propósito.
Igual no me lo pienso dos veces, en cuánto dice eso yo ya estoy saliendo de mi apartamento camino al de él y, en el trayecto, tengo que pasar por el lugar por dónde sucedió lo del otro chico y me dan ganas de correr, lo hago. Nico me dice que puede venir por mí, pero yo ya estoy en su elevador.
Cuando toco la puerta, él abre de inmediato.
—Podía haber ido por ti.
—Bueno, yo ya estoy aquí. —Él con una sonrisa cínica me dice que pase. Entonces, yo aclaro: —Y esto es solo por hoy ¿Entendido?