CAPÍTULO 13 #2
Escucho el sonido de un celular y ese, obviamente, no es el mío, cuando veo a mi lado me doy cuenta de que ese tipo dejó su teléfono y también alcanzo a ver que tiene un mensaje de Valentina que dice exactamente:
De: Vale
«¿Puedes contestar mi llamada, POR FAVOR?»
Tomo el teléfono y se desbloquea. Qué bendición.
No tiene contraseña, ni huella, ni reconocimiento facial, ni nada por el estilo.
Me asomo por la puerta solo para cerciorarme que Samuel no está cerca y veo la charla que tiene con Valentina.
Borra sus conversaciones, claro, pero se le olvidó la que tuvo esta mañana.
Él es quién le dice que la pasó rico con ella anoche y la respuesta de ella es: «Deja de ver a Nina».
Okey, iba a dejar de hablarle a Samuel, pero ya no.
La respuesta de él es todavía peor:
De: Samuel
«Al que deberías pedirle eso es a tu novio, está demasiado interesado en Nina y está comenzando a molestarme».
De: Vale
«¿Nico interesado en Nina? Ni siquiera se caen bien»
De: Samuel
«Pues a tu novio sí le cae demasiado bien, porque la mira con ganas de ponerla en todas las posiciones que se le ocurran»
«Y a mí no puedes pedirme que deje a alguien, porque yo no soy quién tiene un compromiso contigo. Tú tienes novio ¿Lo recuerdas?»
«Dile a Nico que se aleje de Nina»
¡Claro! Porque Nico va a hacerle caso a algo que le diga Valentina seguro —obviamente Nico ni siquiera le hace caso a su madre—.
Saco mi teléfono y le tomo una foto a esa conversación.
Lamentablemente no hay nada más. Dejo el celular de Samuel exactamente como estaba y me salgo de mi oficina solo para que no se le pase por la cabeza que yo me quedé ahí revisándole los mensajes.
A mitad del pasillo le envío la fotografía a Nicolás.
Nico mira el mensaje, no contesta de inmediato, porque tal vez está leyendo lo que le acabo de enviar.
Estoy en la recepción cuando veo que en la pantalla se está mostrando la noticia de lo que sucedió ayer.
Carajo. La chica tenía solo veinte años.
Veo a Samuel casi corriendo salir de la oficina de Alfonso y entrar a la mía, no tengo nada comprometedor ahí, así que no me importa.
Sale poco después con más calma y esboza una sonrisa al verme.
Camina hacia mí, pero no le estoy poniendo mucha atención, yo estoy viendo la pantalla.
—Lo lamento —lo escucho decir a mi lado—. Había dejado mi celular en tu oficina y los papeles que iba a darle a Alfonso.
—Está bien. No te preocupes.
Se queda ahí también prestándole atención al noticiero y es en ese preciso momento que aparece Nico saliendo de ese edificio. Los reporteros quieren hacerle preguntas, pero son los policías quiénes los detienen. Definitivamente entiendo el odio de Samuel, Nico le aparece hasta en la sopa.
Y a mí también.
Entonces escucho una voz femenina detrás de mí:
—¿Por qué ese médico forense es tan guapo?
Disimuladamente miro las caras de ellas dos, pero no las había visto aquí antes, no parecen ninguna de las modelos tampoco. Sin querer veo la cara de Samuel y él solo está esbozando una de esas sonrisas incómodas, pero ya no está viendo la pantalla, mira su celular.
—Demasiado guapo. —Agrega la otra.
Samuel, ignorándolas, me dice:
—Oye... lo de la habitación en mi apartamento lo decía en serio ¿Okey? Si no quieres estar en ese lugar, solo llámame y yo voy por ti. Tengo suficiente espacio, no te preocupes.
—Sí, claro. —Claro que no, yo no me quedaría en el mismo lugar que Samuel. —Yo te aviso sin duda.
Se acerca y me intenta dar un beso en la comisura de los labios, como siempre, pero yo le recuerdo que tengo un virus y eso lo detiene, qué suerte que al menos en eso no se parezca a Nicolás. Su celular suena otra vez y de seguro es Valentina de nuevo.
—Me tengo que ir —dice—. Tengo mucho qué hacer. Te escribo más tarde, guapa.
—Por supuesto.
Le dedico una sonrisa y cambio el gesto de inmediato cuando me giro y ya no lo veo más.
Qué cansada estoy. Mi celular me anuncia un mensaje de texto y es la respuesta de Nico, él acaba de adjuntar una imagen a nuestra conversación, claro que la abro y es un mensaje de Valentina que dice: «Oye, no me gusta tu amistad con Nina»
Es de esta mañana y él la dejó en visto.
Como en las otras ocasiones... digo, no es que sea chismosa, pero en la misma captura aparece un mensaje de ayer, ella le preguntó si estaría ocupado por la noche y él no le contestó. Eso es ser la novia de Nico supongo.
Le contesto el mensaje:
Para: Nico
«A este paso, los que van a tener aplicaciones instaladas en su celular seremos tú y yo»
No me sorprende su respuesta:
De: Nico
«¿Y crees que a mí me importa?»
Para: Nico
«Pues a mí sí, Nico. No quiero que alguien se victimice usando mi nombre».
Tarda un par de minutos en contestar, pero antes me avisa que está ocupado y yo le digo que no hay problema. Me regreso a mi oficina a revisar todo lo que tengo agendado para hoy. Después de un rato, escucho mi celular:
De: Nico
«¿Tienes planes hoy, «mi» pulguita?»
Eso último voy a ignorarlo.
Para: Nico
«¿Te refieres a si tengo planes en general? ¿O a si tengo planes con Samuel?»
De: Nico
«No me interesa si tienes planes con Samuel, solo cancélalos y ya»
Para: Nico
«Ah, mira nada más»
Está escribiendo y me voy a ver la historia que acaba de publicar, es una fotografía frente al espejo de su baño y, además, es la misma toalla que tenía puesta hoy cuando entró a la habitación. Maldito Nico.
De: Nico
«Después del trabajo voy a salir con los chicos con los que fuimos a la cueva el fin de semana ¿Quieres venir?»
¡Por Dios! No. Yo no tengo ganas de ir a escalar algo después del trabajo y se lo escribo así, a lo que él reacciona con un emoji de risa, pero me asegura que no vamos a escalar a ningún lado.
Para: Nico
«Está bien, entonces acepto»
Me arrepiento, claro, no por ir a ese lugar con sus amigos...
sino, porque justo en el momento que aparca frente a la revista se baja y me entrega las llaves de la camioneta.
No pregunta, solo se sube del lado del copiloto y me deja la otra puerta abierta.
Yo me quedo ahí intentando mantener la calma para no descontrolarme frente a mis compañeros de trabajo.
—¿Para eso me invitas? ¿Para tener un chofer gratis?
—Tu servicio es muy malo, no te contraría ni de gratis.
—No me jodas, Nicolás. —Sí me subo, mientras maldigo a Nico dentro de mi cabeza. —Esta es la última vez que salgo contigo.
Me responde con una risa y lo que le agrega es:
—Cuando tomes tu auto y mires que ya puedes conducir sin que te de miedo la carretera, vas a agradecérmelo.
Mejor guardo silencio.
Llegamos bien hasta el lugar que me indica, tal vez porque estoy tan molesta que ni me doy cuenta si nos metemos frente a un camión o no.
En fin, el lugar que tengo frente a mí es como un bar, bastante fino y parece que tiene mesas de billar.
Aparco mal como siempre y esta vez dejo la camioneta muy cerca de una pared. Mierda. No, no voy a hacerlo de nuevo.
Lo dejo así y otra vez me voy a pasar por sobre las piernas de Nico.
Tomo mi bolso del asiento de atrás y lo siguiente lo hago a propósito: Me froto sobre él para sentir como se va poniendo duro poco a poco.
Y es que Nico no disimula absolutamente nada.
Se ríe nada más, hasta que me pasa su brazo por la cintura y con el otro me toma la barbilla.
—Ya te lo advertí, mi pulga. La próxima vez te hago perder el control y no creo que esta camioneta sea muy cómoda.
—Ya te lo dije, buena suerte con eso.
Mejor me bajo. Él se queda ahí con una sonrisa, pero lo único que hace es cruzarse al lugar del conductor y aparcar bien. Eso era todo lo que tenía que hacer hoy frente a Samuel, pero no. En fin, se baja, rodea la camioneta y llega hasta mí extendiéndome su mano.