Epílogo
New York, New York
Nueva York
Primavera 2015
Phuong
Cada estación del año tiene su encanto y, a mis ojos de eterno enamorado, vivirlas desde mi ciudad favorita, donde resido con el hombre al que amo hace más de dos décadas, es fascinante y nunca pierde su hechizo.
Hoy cumplimos un año más de casados y esta mañana pensé que el tiempo no pasaba suficientemente rápido para volver a reunirme con él. Hacía tres días que no lo veía y me parecía que llevábamos semanas lejos.
Más emocionado a cada paso que daba en dirección a nuestro encuentro, sentía que me picaban las palmas de las manos por tocarlo.
Necesitaba abrazarlo, para hundir mi nariz en el hueco de su cuello.
Aceleré los pasos en pos de la puerta de desembarque en aquel aeropuerto que bullía actividad un viernes en la tarde.
Miré al frente y enseguida lo identifiqué.
Nunca me equivocaba cuando se trataba de reconocer de lejos al hombre al que amaba y estoy seguro que jamás lo haré.
Descubrir entre la multitud de personas a Finley, sentir en la piel a ese hermoso hombre del cual me enamoré casi desde que nos cruzamos en la escalera de cierta residencia estudiantil, que una vez dejé ir y que regresó a mí, siempre fue mi don.
Identificar su cabello rubio cenizo, que se había pintado de gris, como el mío, con el paso de los años, sus hombros un poco más encorvados que en su juventud, y reconocer ese brillo en sus ojos cuando nuestras miradas se encontraban, era en mi mundo —que era el mismo de él— un regalo.
Recibirlo con una enorme sonrisa, entre mis brazos, sin inhibiciones o temores, un placer.
―Bienvenido de nuevo a mis brazos, hermoso.
―No sabes cuánto extrañaba volver a casa, amor.
Sellar nuestro encuentro con un beso, nuestro universo.