Bajo Las Luces de Valencia 19 #2
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"Tras comprobar las fechas disponibles y sin costes adicionales, he reprogramado el regreso para el día 27 de enero, martes. También he actualizado el billete del Sr. Caio. Ambos embarcarán juntos, manteniendo el mismo aeropuerto de salida."

Caio sonrió satisfecho.

—Me gusta esa parte.

Filipa puso los ojos en blanco, divertida, y volvió a leer.

"Solo solicitaremos un informe médico autorizando el viaje, ya que la compañía aérea puede exigirlo debido al embarazo."

—Eso es fácil —comentó Caio—. El médico lo hace hoy mismo.

Ella asintió y continuó.

"Pensando en la comodidad y la seguridad del viaje, he conseguido una mejora de clase a ejecutiva. Así, la señora viajará con más comodidad y el Sr. Caio irá como acompañante responsable, no siendo necesario soporte directo de la compañía, salvo necesidad."

Filipa abrió los ojos de par en par.

—¿Ejecutiva? Madre mía…

Caio soltó una pequeña risa.

—Aurora ya va a empezar la vida viajando mejor que nosotros.

Filipa se rió con el comentario, pero enseguida volvió a la lectura.

"Enviaremos por correo electrónico las nuevas tarjetas de embarque en cuanto recibamos su confirmación de aceptación de la nueva fecha."

Bajó lentamente el móvil. Durante unos segundos, se quedó en silencio. Ahora había una fecha. Fecha para dejar Valencia. Fecha para volver a Brazil. Fecha para empezar una nueva vida. Y eso hacía que todo pareciera aún más real.

Después de unos segundos en silencio, asimilando aquella nueva realidad, Filipa respiró profundo. Luego cogió el móvil de nuevo y respondió a la agencia:

"Puede confirmar mi embarque y el de Caio para esa fecha. Gracias."

En cuanto envió el mensaje, dejó el teléfono sobre la mesa y se quedó mirándolo un instante, como si aquello cerrara oficialmente un capítulo de su vida. Luego levantó la vista hacia Caio y, con una sonrisa pequeña pero sincera, dijo:

—Ya está, Caio… ahora es oficial.

Él le cogió la mano por encima de la mesa, apretándola suavemente.

—¿Y cómo te sientes?

Filipa suspiró otra vez antes de responder:

—Asustada, pero en paz. Creo que, por primera vez en mucho tiempo, estoy yendo en la dirección correcta.

Caio sonrió al escucharla.

—Entonces que sea así, pequeña. Los tres juntos.

≈

Puesto que la tarde ya estaba avanzada, Filipa decidió que no iría a clase aquel día. Ella y Caio volvieron juntos a la residencia, caminando tranquilamente por las calles frías de Valencia. Ana ya había salido hacia la universidad.

Nada más llegar, Caio fue a su habitación para resolver algunas cosas de trabajo, mientras Filipa fue a la suya. Al entrar, se quitó los zapatos despacio y se recostó en la cama, abrazando una almohada. Cogió el móvil y le envió un mensaje a Ana:

—Amiga, ya tengo la fecha de regreso. Cuando vuelvas, hablamos.

La respuesta llegó inmediatamente.

—Quiero saberlo todo y lo que dijo el médico. ¿Cenamos juntas hoy?

Filipa sonrió.

—Claro. Te espero con la cena lista.

—¡Genial! ¡Hecho!

Después de eso, dejó el móvil a su lado y volvió a quedarse en silencio, perdida en sus pensamientos. Ahora todo estaba decidido: volvería a Brazil.

¿Cómo sería su vida a partir de ese momento?

Hasta entonces, Valencia había parecido una realidad paralela.

Un lugar lejano del caos, de las exigencias y de los dolores que había dejado en Brazil.

Allí todo parecía suspendido, como si pudiera vivir sin enfrentarse directamente a las consecuencias de su vida, sin miradas, juicios ni explicaciones.

Pero volver significaba enfrentarlo todo: la familia, los amigos, la antigua rutina y los cambios dentro de ella.

Y entonces un escalofrío recorrió su piel de inmediato.

Guto. ¿Cómo sería volver a encontrárselo?

¿Qué sentiría al verlo? ¿Cómo reaccionaría él al verla embarazada?

¿Mostraria arrepentimiento? ¿Indiferencia?

¿Culpa? Y lo peor… ¿estaba preparada para volver a mirar a alguien que la había herido tanto?

Muchas preguntas empezaron a invadir su mente al mismo tiempo.

Filipa cerró los ojos un instante. Quizá ese siempre había sido el verdadero motivo de su miedo a volver.

No era solo la vergüenza o la decepción de sus padres.

Era enfrentarse a una realidad de la que ya no formaba parte.

Porque la Filipa que salió de Brazil meses atrás ya no era la misma. Su vida había tomado otro rumbo.

Ahora tenía a Aurora. Había madurez, dolor y también Caio. Al pensar en él, sintió el pecho calentarse. A su lado, todo parecía menos aterrador. Con Caio, Filipa se sentía segura.

Entonces decidió llamar a sus padres para darles la noticia. Necesitaba escuchar sus voces, sentir su cariño de cerca, aunque fuera a través de una pantalla. Tal vez así conseguiría calmar un poco la inquietude que aún albergaba en su mente.

En cuanto atendieron, le llegó de inmediato la voz animada de Alonso al otro lado:

—¡Hola, hija! ¿Cómo estás? ¿Y mi nieta, cómo está? Tu madre está aquí al lado mandando besos. Voy a ponerlo en altavoz para que ella también te escuche.

Filipa sintió un calor agradable en el pecho ante el cariño espontáneo de su padre.

—Hola, papá… estamos bien. Y tenemos novedades.

—Ahora me has dejado curioso. Te escuchamos.

Filipa suspiró antes de contar:

—He cambiado la fecha del viaje. Volveré el 27 de enero.

Hubo unos segundos de silencio. Entonces la voz de Alonso sonó emocionada:

—¿De verdad, hija? Qué noticia tan maravillosa…

Ella podía sentir su felicidad incluso a través del teléfono.

—Vas a volver a casa…

El tono lleno de amor hizo que Filipa sintiera una enorme nostalgia en ese instante.

—Sí, papá… quiero estar cerca de ustedes. Quiero que Aurora crezca sabiendo cuánto es amada.

Al otro lado, Rebeca ya estaba llorando emocionada.

—Ay, Dios mío… mi nieta va a nacer aquí cerca de nosotros…

Filipa sonrió emocionada. Entonces Alonso preguntó:

—¿Y Caio?

Ella miró instintivamente hacia la puerta de la habitación antes de responder:

—Está aquí conmigo. Ha ido a todas las consultas y volveremos juntos en el mismo vuelo. Ah… y por el embarazo la agencia consiguió un upgrade a clase ejecutiva.

—¡Qué maravilla! —dijo Alonso, contento—. Me quedo mucho más tranquilo sabiendo que Caio vuelve contigo.

Y aquello le calentó el corazón a Filipa. Natural. Como si, poco a poco, Caio ya estuviera ocupando un espacio definitivo en su vida… y también en la familia.

—Luego envíame los datos del vuelo —continuó Alonso con entusiasmo—. Tu madre y yo iremos a buscarles al aeropuerto. No veo la hora de abrazarte.

Los ojos de Filipa se humedecieron.

—Yo también os echo de menos, papá…

Hablaron unos minutos más, entre preguntas sobre el viaje, el embarazo y la emoción por la llegada de Aurora. Y colgaron con la promesa de que seguirían hablando muchas veces antes del regreso a Brazil.

≈

Filipa decidió pasar por la habitación de Caio antes de la cena con Ana. Caminaba distraída por el pasillo de la residencia cuando pasó frente a la sala compartida donde los huéspedes solían trabajar.

El espacio era acogedor y elegante: mesas individuales repartidas por la estancia, sillones cómodos cerca de las estanterías y lámparas de luz cálida que lo hacían todo más agradable. Algunas personas trabajaban en silencio, otras leían tranquilamente mientras tomaban café.

Fue cuando lo vio. Caio estaba sentado en una de las mesas, concentrado frente al portátil. A su lado, una mujer. Filipa redujo el paso de inmediato.

La chica era guapa. Alta, elegante, parecía tener la misma edad que Caio.

Vestía de forma sofisticada y tenía ese aire de mujer segura y exitosa.

Ambos miraban la pantalla del portátil de él, mientras el suyo permanecía abierto al lado.

Conversaban demasiado cerca. Demasiado sonrientes.

Y eso perturbó a Filipa de inmediato. Una sensación extraña le oprimió el pecho.

Celos. Intentó ignorarlo, pero ya estaba caminando hacia ellos.

Caio notó su presencia de inmediato y le dedicó una sonrisa tranquila, sin mostrar ninguna incomodidad.

—Hola, pequeña… qué sorpresa tan buena.

Filipa se acercó despacio, manteniendo la postura firme a pesar de la inquietud que sentía por dentro.

—Ella es Laura —explicó Caio con naturalidad—. Portuguesa. Está aquí en Valencia para presentar su trabajo de máster en Recursos Humanos.

La mujer sonrió con educación.

—Encantada.

—Laura, ella es Filipa, mi…

Caio dudó un segundo y Filipa lo notó. Antes de que pudiera terminar, ella misma respondió, firme:

—Soy su novia.

Y luego miró directamente a Laura. La portuguesa pareció sorprendida, pero mantuvo su sonrisa elegante.

—Encantada, Filipa. Caio me estaba enseñando un programa de selección y reclutamiento que ha desarrollado. Me ha parecido increíble. Quiero usarlo como referencia para mis contrataciones e incluirlo en mi trabajo final de máster.

Filipa asintió.

—Ah, sí… es muy bueno en lo que hace. Y también bastante generoso.

El tono ligeramente irónico no pasó desapercibido para Caio. Ni los celos. Y, sinceramente, aquello le divirtió y le sorprendió a la vez.

Filipa entonces se acercó un poco más, apoyando la mano sobre su propia barriga de forma posesiva. El gesto fue sutil, pero muy claro. Caio lo entendió al instante. Conteniendo la sonrisa, cerró el portátil.

—Ya he terminado aquí, pequeña. ¿Nos vamos?

—Claro… vamos.

Luego se volvió hacia Laura.

—Encantada de conocerte… ¿Laura, verdad?

—Sí —respondió ella amablemente—. Y… ¿es niño o niña?

Filipa sonrió, ahora más suave.

—Niña. Aurora.

—Qué nombre tan bonito… felicidades a los dos.

Laura entendió perfectamente el mensaje. Caio recogió el portátil y ambos se marcharon hacia la habitación.

Durante el camino, Filipa permaneció en silencio. Eso solo aumentaba las ganas de Caio de provocarla. En cuanto entraron en la habitación y cerró la puerta, él cruzó los brazos y la observó unos segundos antes de hablar:

—Entonces… ¿la mamá de Aurora está celosa o es solo impresión mía?Filipa levantó el mentón, desafiante. — Impresión tuya.

—Ah, claro… totalmente.