19
Caio y Filipa salieron por las calles de Valencia en un ambiente ligero y naturalmente romántico. Caminaban abrazados, intercambiando sonrisas, miradas prolongadas y besos rápidos a lo largo del camino.
Caio estaba radiante, como si aún no pudiera creer que por fin estaba viviendo aquello. Filipa, por su parte, se sentía extrañamente ligera y segura.
Cuando llegaron a la residencia, se encontraron con Ana saliendo de su habitación. Se detuvo al instante al verlos de la mano.
—No me puedo creer lo que estoy viendo… ¿la pareja del año por fin se ha hecho realidad? —dijo divertida.
Filipa puso los ojos en blanco, mientras Caio solo sonreía, completamente entregado a la felicidad.
—Pues sí… por fin Filipa se ha rendido a mi encanto —respondió él, con aire seguro.
—Dios mío, mira qué confianza la de este hombre ahora —dijo Ana, riéndose.
Los tres entraron en la habitación y estuvieron hablando durante un buen rato. Ana quería saber absolutamente todo sobre ese “despertar” repentino entre ellos. Filipa le contó cómo había ocurrido todo.
Más tarde, bajaron a cenar en el restaurante de la residencia. El ambiente entre los tres era ligero, divertido y acogedor. Entonces Ana comentó:
—Estoy muy feliz por ustedes. Eso no es ninguna novedad. Pero ahora en serio… ¿y Brazil? ¿Qué han decidido?
Filipa y Caio se miraron brevemente.
—En realidad aún no hemos hablado bien de eso —respondió Caio—. Pensaba hablarlo esta noche con Filipa, pero ya que lo has sacado tú, quizá sea bueno resolverlo cuanto antes.
Filipa respiró profundo antes de responder:
—El lunes hablaré con el médico para entender cuál sería el mejor momento para viajar… si puedo esperar un poco más o no. Y tengo que hablar con el profesor de la universidad sobre las clases.
Entonces miró a Caio.
—Y, por cierto… todavía no sé cuándo vuelves tú a Brazil.
Caio guardó silencio unos segundos antes de responder con sinceridad:
—Mis vacaciones son de treinta días. En realidad lo organicé todo pensando en esto. Sigo trabajando online cuando hace falta, pero… —la miró directamente— vine aquí decidido a llevarte conmigo, pequeña. Así que, siendo sincero… solo vuelvo si tú vuelves conmigo.
Aunque ya lo intuía, Filipa abrió los ojos sorprendida.
—¿Y si decido volver más cerca del parto?
—Eso lo decidirá el médico —respondió Caio con calma—. Pero, sinceramente… me parece un viaje demasiado largo y cansado para dejarlo para el final.
—Yo estoy de acuerdo —añadió Ana—. Ahora no eres solo tú, amiga. También está Aurora.
Caio asintió.
—Además, todavía tenemos muchas cosas que organizar. El hospital, el ajuar… la habitación de Aurora… y tu mudanza a mi apartamento.
Al oír aquello, Filipa sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo. Ahora todo parecía real. De verdad iba a vivir con Caio.
—Pero… ¿tan rápido? —preguntó sorprendida.
Caio rió suavemente.
— Eh, tranquila… no estoy diciendo que nos casemos mañana. Solo que quiero tenerlas conmigo. Quiero cuidarlas como es debido. La boda puede ser después, a nuestro ritmo.
Ana sonrió.
—Me parece perfecto. Porque yo también quiero participar en todo.
Entonces Filipa miró a Caio con más calma y respondió:
—Esperemos a la consulta… y luego decidimos todo con calma, ¿de acuerdo?
Caio le tomó la mano por debajo de la mesa y sonrió.
—De acuerdo, pequeña. Um paso a la vez.
≈
El lunes, Filipa y Caio fueron juntos al médico. Como era una consulta solo para recibir orientaciones sobre el viaje, les atendieron rápidamente. El médico los recibió con simpatía y, tras analizar los exámenes y la etapa del embarazo, sonrió a Filipa.
—Entonces has decidido volver a Brazil, ¿no? Me alegra. En estas situaciones, estar cerca de la familia marca toda la diferencia.
Filipa miró a Caio antes de responder.
—Sí… voy a estar cerca de mi familia. Y de Caio también.
Al oír aquello, Caio sonrió discretamente, pero por dentro sintió que el corazón se le calentaba. El médico entonces volvió su atención a los informes.
—Estás entrando en el quinto mes de embarazo. Por la evolución de la gestación, imagino que estabas pensando en volver sobre marzo, ¿verdad?
Filipa asintió.
—Sí… pensé en eso.
Sin embargo, el médico se puso más serio.
—Sinceramente, no lo veo prudente. A partir de este periodo el viaje empieza a ser bastante más agotador, sobre todo por la duración del vuelo y el avance del embarazo.
Filipa ya esperaba aquella respuesta, pero aun así sintió un escalofrío.
—¿Y qué recomienda, doctor?
—Que viajes lo antes posible. Como mucho a mediados de febrero, antes de entrar en el sexto mes. Así será más seguro tanto para ti como para Aurora. El embarazo va muy bien, la bebé está sana, pero debemos ser prudentes.
Filipa guardó silencio durante unos segundos, asimilando todo aquello. Luego giró lentamente el rostro hacia Caio. Él solo la observaba, respetando su tiempo. Respiró profundo y sonrió ligeramente.
—Entonces será así… vuelvo contigo.
Salieron de la consulta y fueron directamente a la universidad.
Filipa no asistiría a clase aquella mañana, pero necesitaba hablar con su tutor.
En el fondo, aquellas ausencias constantes ya dejaban clara una verdad que Filipa llevaba tiempo evitando: sería imposible seguir con el curso presencial, mientras organizaba su regreso a Brazil y se preparaba para la llegada de Aurora.
Cuando entraron en el despacho del profesor, él los recibió con amabilidad.
—Entonces has decidido volver a Brazil, Filipa —preguntó, apoyando las gafas sobre la mesa—. Me alegro por tu decisión. Creo que ha sido lo más sensato. Pero si algún día quieres volver, estaré encantado de ayudarte profesionalmente en lo que necesites.
Filipa sonrió, emocionada.
—Gracias, profesor. De verdad… por el cariño y la comprensión.
El profesor asintió y continuó:
—En cuanto a las clases, no te preocupes. Estamos prácticamente al final del curso. Tus notas son excelentes y, sinceramente, por el rendimiento que has tenido hasta ahora, ya estás aprobada. Pero por cuestión de normativa de la universidad, necesito que completes algunas actividades.
Filipa sintió un alivio inmediato recorrerle el cuerpo.
—En tu caso —continuó— te dejaré solo dos tareas finales. Podrás hacerlas a distancia y enviármelas por correo electrónico.
Ella respiró profundamente, aliviada de no perder todo lo que había conseguido hasta entonces.
—Muchas gracias de verdad… haré lo mejor posible.
—No lo dudo —respondió él con amabilidad—. ¿Y cuándo piensas volver a Brazil?
Filipa intercambió una breve mirada con Caio antes de responder:
—Creo que a finales de mes. Pero hasta entonces seguiré viniendo a clase normalmente.
—De acuerdo. Entonces solo avísame de la fecha exacta cuando la decidas.
—Sí, profesor.
Al salir del despacho, Filipa permaneció en silencio durante unos segundos, sujetando los papeles contra el pecho. Todo empezaba a volverse real.
Los dos salieron de la universidad y fueron a un café en el centro de la ciudad. El ambiente tranquilo de las calles, el aroma del café recién hecho y el frío agradable de Valencia hacían todo aún más acogedor. En cuanto se sentaron, Caio apoyó los brazos sobre la mesa y dijo:
—Ya que estamos en el centro, creo que mejor aprovechamos para resolver ya lo de los billetes.
Filipa asintió.
—Voy a escribir a la agencia y ver qué pueden hacer.
Cogió el móvil y empezó a escribir, explicando toda la situación: la recomendación médica de adelantar el viaje, la necesidad de volver antes de lo previsto y la petición de cambiar su billete para finales de mes.
También envió los datos del vuelo de Caio, pidiendo, si era posible, que ambos regresaran el mismo día.
Después de enviar el mensaje, dejó el móvil sobre la mesa y suspiró suavemente.
Hablaron durante unos minutos más, pero en cierto momento Filipa se quedó mirando la ciudad en silencio.
La gente caminando, los edificios históricos, el sonido lejano de las conversaciones en español, los cafés llenos en las terrazas…
todo aquello empezaba a despertar en ella una sensación anticipada de nostalgia.
A ella le encantaba Valencia. Aquella ciudad había sido refugio, renacimiento, silencio y madurez. Allí sufrió, lloró, se perdió, pero también encontró apoyo, descubrió su fuerza y, sin darse cuenta, encontró el amor de Caio. Sentiría falta de aquel lugar. Mucha falta.
Al notar su silencio mientras observaba la ciudad desde la ventana del café, Caio sonrió ligeramente y preguntó:
—¿Ya estás echando de menos este lugar, pequeña?
Filipa no necesitó pensar para responder.
—No imaginas cuánto, Caio. Amo Valencia… aquí soñé, sufrí, aprendí, maduré… me transformé. Y también fue aquí donde viví el periodo más intenso y significativo de la vida de una mujer: mi embarazo. No puedo irme de aquí indiferente a todo eso.
Caio la observó en silencio unos segundos. Le gustaba la forma sincera en que se abría con él. Luego sonrió de lado.
—Lo entiendo. Y, siendo sincero… Valencia también ha adquirido un significado muy especial para mí.
Filipa arqueó ligeramente una ceja.
—¿Ah, sí? ¿Y eso por qué?
Caio se inclinó un poco sobre la mesa y respondió, divertido:
—Porque fue aquí donde por fin me aceptaste.
Y le guiñó un ojo. Filipa terminó riendo, sintiendo cómo se le calentaba el rostro.
—Qué convencido…
—No es confianza exagerada cuando es verdad, pequeña. Es solo un hombre feliz.
≈
Veinte minutos después, el móvil de Filipa vibró sobre la mesa del café. Cogió el teléfono y abrió rápidamente el mensaje de la agencia. Mientras leía, sus ojos se fueron abriendo poco a poco.
—¿Qué pasa? —preguntó Caio, curioso por su reacción.
Filipa entonces le giró la pantalla del móvil y empezó a leer en voz alta:
"Querida Filipa, es posible adelantar su regreso, especialmente debido a su estado. Enhorabuena por el embarazo".
Sonrió discretamente antes de continuar.