Bajo la Raya (DC Jake Tanner 3) Capítulo 59
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Capítulo 59

EL PUB

J ake retiró las manos del teclado y miró la hora.

De algún modo, ya eran las siete y fuera estaba noche cerrada.

El aire acondicionado de la oficina continuaba zumbando de fondo, filtrando la estancia con un aire suave y limpio.

Jake se levantó de su asiento y se acercó a la ventana.

Fuera, los trabajadores se apresuraban a volver a casa.

Algunos a pie, otros en bicicleta, otros conduciendo.

Vació su mente de todo pensamiento y simplemente los observó pasar velozmente.

En cierto modo, los envidiaba. Su trabajo consistía en asegurarse de que ellos —y sus familias— estuvieran a salvo; en asegurarse de que, si algo les sucedía, llevaría al responsable ante la justicia.

Pero ninguno de ellos sabía lo que estaba pasando en el mundo real , en la primera línea del deber.

Ninguna de las personas al otro lado de la ventana sabía por lo que estaba pasando él para sacar a los criminales de las calles.

Mirar por la ventana le daba una perspectiva diferente de las cosas.

Algunos días preferiría estar ahí abajo, yendo a un trabajo de oficina mediocre que despreciaba para que él y su familia pudieran llevar un estilo de vida de clase media.

Otros días no podía imaginar nada peor, y valoraba la oportunidad de ganarse la vida con lo que hacía.

Aún no estaba quemado. Y no creía que fuera a estarlo nunca.

Se abrió una puerta a su espalda. Jake se giró y vio a Liam allí de pie, a la cabecera de la sala con los brazos cruzados.

Garrison había regresado a la oficina tras otra ausencia inexplicada, y se había pasado la última media hora hablando con entusiasmo sobre su coche nuevo.

Mientras tanto, el resto del equipo se había ido a casa, salvo un par de empleados civiles que probablemente buscaban ganarse algunos puntos extra.

Ahora solo estaban ellos cuatro: Jake, Charlotte, Liam y Garrison.

Durante un momento, no pasó nada. Jake observó a Liam —la minucia de sus movimientos faciales y corporales— y concluyó que seguía borracho. De hecho, estaba peor que antes, balanceándose un poco de lado a lado con esos ojos inyectados en sangre que parecían quedar nublados ante cualquier cosa.

—¿Qué hay de n-nuevo? —dijo Liam, esforzándose visiblemente por no arrastrar las palabras.

—Muy poco, jefe —respondió Garrison, recostándose en su silla y metiéndose un montón de galletas en la boca; una pila de migas se formó rápidamente en su cuello.

—En realidad —dijo Charlotte, levantándose de su silla. En la mano sostenía una carpeta—. Tengo un par de cosas que creo que serán de interés.

—¿Ah, sí? —dijo Liam—. Me encantará o-oírlas.

—Acaba de llegar el informe de patología de Poojah sobre Richard Maddison.

—¿Y?

—Ha encontrado marcas de pinchazos en sus brazos, recientes, así como lo que ella cree que son rastros de cocaína en su nariz. Eso corrobora su paradero el día antes de morir, según las imágenes de CCTV que Drew encontró de él en el piso de Jermaine Gordon.

—Ya…

—Y hay algo más también.

—Ya… —repitió Liam, demostrando que era la única palabra de su vocabulario que podía pronunciar con claridad estando borracho como una cuba.

—Tras investigar los antecedentes de Nigel Clayton en el PNC y en HOLMES —comenzó Charlotte—, parece que todos han tenido tratos entre sí. Richard. Jermaine. Nigel. Incluso Danny Cipriano. En el pasado, Jermaine les ha suministrado tanto a Nigel como a Richard desde que todos salieron de prisión.

—¿Así que están todos compinchados ? —La voz de Liam alcanzó un crescendo al decir la palabra.

—Eso parece, jefe.

Liam se apoyó en la pared. —Bueno, yo digo que todo eso es un trabajo espléndido por su parte, inspectora Grayson. De hecho, vosotros dos —señaló con el dedo alternativamente a Jake y a Pete— tenéis que poneros las pilas… Lo que me recuerda… Garrison, te toca.

—¿Me toca qué?

—Relevar a Drew. El pobre cabronazo probablemente se esté muriendo de asco ahí fuera a solas. Dile que su turno ha terminado por h-hoy. Te quiero en el turno de noche y enviaré a alguien por la mañana. —Los ojos de Liam se posaron en Jake—. Tanner, podrías ser tú.

Jake tragó saliva y asintió. Había estado temiendo eso. No quería estar cerca de esa parte de la investigación. Prefería estar en la oficina con Charlotte; donde se sentía seguro, donde podía apoyarse en ella si era necesario.

Garrison se levantó de la silla y recuperó las llaves del coche de su bandeja de documentos. —Supongo que será mejor darles un buen uso a las ruedas nuevas.

—No te olvides las galletas.

Garrison asintió con un leve rastro de risa antes de marcharse.

Cuando se cerró la puerta, Liam se volvió hacia Jake y Charlotte.

—Idos a casa, chicos —dijo Liam—. Con suerte, mañana tendremos algo que celebrar.

«Parece que tú ya has encontrado ese algo», pensó Jake, pero decidió mantener la boca cerrada.

Sin decir nada más, Liam le dio una patada de despedida a la puerta de su despacho, como solía hacer cada día, y salió de la habitación dando traspiés.

El silencio, salvo por el sonido del personal civil de apoyo trabajando de fondo, cayó sobre Jake y Charlotte. Se miraron y se encogieron de hombros.

Él consultó su reloj: las ocho de la tarde.

Era hora de ir al pub.