Bajo la Raya (DC Jake Tanner 3) Capítulo 52
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Capítulo 52

LA TORTUGA Y LA LIEbrE

J ake llevaba una hora sentado en su coche y, en ese tiempo, no había visto a nadie. Ni siquiera un tractor o un jinete. Ni siquiera a un ciclista... o «plaga de la carretera», como los llamaba Martha, su suegra, para disgusto de él.

Mientras esperaba, había logrado calmarse, reducir su ritmo cardíaco, pensar racionalmente y limpiarse la mayor parte de la sangre de Michael Cipriano de las manos y la cara, aunque aún quedaban restos.

Su mente seguía siendo incapaz de librarse de la idea de que Liam y los Crimson estuvieran trabajando juntos.

En los últimos meses, Liam y él se habían vuelto más cercanos.

Habían pasado más tiempo juntos fuera del trabajo: tomando cervezas, poniéndose al día con el resto de la oficina, yendo a por café...

Jake incluso había invitado a Liam a comer a su casa.

Habían estrechado lazos y Jake había dejado que Liam se acercara a sus hijos.

Lo recordaba con claridad... chocando esos cinco con Maisie, jugando con su pelo, preguntándole qué tal le había ido el día.

Pero lo peor de todo era el hecho de que Elizabeth y él le hubieran puesto Ellie a la niña en honor a la madre de Liam. Ahora, ella serviría como un recordatorio constante de su traición y su doblez. Pensarlo le hizo estremecerse.

Un juego de luces parpadeó en su retrovisor.

Garrison. En su coche flamante.

—¿Todo bien? —preguntó Jake, bajando de su vehículo mientras Garrison se detenía frente a él.

—Todo bien. ¿Qué ha pasado aquí, entonces?

Jake lo puso al corriente.

—Maldita sea —respondió Garrison—. ¿Te han revisado? ¿Estás herido?

—No, no, estoy bien. ¿Dónde están los demás?

—Eh, yo... esto... —tartamudeó Garrison—.

Creo que han dicho algo de pasarse rápido por la escena del crimen, para avisar a la policía de Essex de que podría haber un ligero conflicto de intereses.

He dicho que vendría yo a verte aquí, para asegurarme de que estás bien.

—Garrison se giró e hizo un gesto con la cabeza hacia la gran estructura que había tras Jake—. ¿Ya la has revisado?

—He estado esperándoos.

—¿Es para que yo haga de músculo?

—¿Te refieres al hombre que tiene edad para ser mi padre?

Garrison señaló a Jake con el dedo.

—¡Más vale que cuides ese lenguaje! —le dio una palmadita juguetona en el hombro a Jake—. ¡Es broma! Te pasaré esta mierda por alto esta vez, pero si lo vuelves a decir, tendré que zurrarte. Y solo porque sea viejo, no creas que no lo haré... ni que no pueda .

Jake soltó una risita nerviosa. Su atención se vio distraída por el sonido de otro vehículo que se aproximaba.

Era Drew. Bajando la ventanilla al detenerse junto a ambos, preguntó:

—¿De qué va todo esto ahora?

—Michael Cipriano ha muerto —respondió Jake.

Drew frunció los labios y asintió.

—Asunto espinoso. —Sus ojos se desviaron hacia el coche de Garrison—. ¿Es este el coche nuevo, Pete?

—¿Verdad que es una preciosidad?

—Lástima que no elijas a tus mujeres igual, tío.

Garrison le dedicó a Drew una peineta y le dio un pescozón.

Jake los observó a ambos un momento. Qué inmaduros se estaban comportando, desafiantes.

Como niños petulantes que están deseando que les riñan.

Uno de los atracadores más prolíficos del país acababa de ser asesinado y a ellos no parecía afectarles lo más mínimo.

Claro que no, comprendió Jake enseguida.

No tenían nada de qué preocuparse. Sabían que podrían encubrirlo y encargarse de ello. Fácil.

—¿Te encuentras bien, compañero? —le preguntó Drew.

—No especialmente. Acabo de ver morir a un hombre delante de mis narices. Pero bueno... ya se me pasará.

No se le pasaría. Los terrores nocturnos serían peores ahora. El manto de nieve blanca que veía casi cada noche estaría cubierto por una nueva incorporación: la sangre de Michael Cipriano.

Unos minutos después, llegaron Liam y Charlotte.

—Cielo santo, ¿qué narices te ha pasado? —preguntó Liam.

—He intentado salvarle la vida a Michael Cipriano. Es evidente que no he tenido mucha suerte —dijo Jake con malicia en la voz.

—Vamos a tener que conseguir que te limpies. No queremos que la gente de la oficina piense que eres un temerario.

Jake asintió y soltó una risita forzada.

—Tengo ropa de repuesto en la oficina.

—Cuéntanos qué ha pasado —dijo Liam.

Esta era la parte que Jake más temía. Si les contaba a todos el motivo real por el que se había citado con Michael, le pillarían y descubrirían la verdad al instante. Afortunadamente, el tiempo había jugado a su favor y había podido aprovechar esos valiosos minutos para inventar una mentira.

—He pensado que sería buena idea comprobar cómo estaba Michael.

Ver si sabía algo de Maddison, si podía decirnos algo sobre él y Danny.

—Jake miró fugazmente a Charlotte antes de volver a centrarse en Liam—.

Recordé haber visto en algún sitio que Danny y Richard habían tenido tratos con Jermaine Gordon en el pasado, así que pensé en ver si Michael podía arrojar algo de luz sobre el asunto.

—¿Y lo ha hecho?

Jake negó con la cabeza.

—No ha querido decirme nada.

—¿Luego qué ha pasado? ¿Por qué estás aquí?

—Estaba a punto de irme cuando un par de agentes uniformados se lo han llevado.

Han irrumpido y lo han metido en la parte trasera de su coche.

Me ha parecido extraño, así que he decidido seguirlos, y entonces los han sacado de la carretera.

Los uniformados han muerto al instante, pero Michael estaba vivo.

He intentado salvarlo, pero entonces han bajado unos tipos y lo han matado a golpes —concluyó Jake.

Respiraba con dificultad, esperando que se hubieran creído cada palabra.

De lo que no se había dado cuenta era de que, al estar Charlotte allí, necesitaba que todo pareciera reglamentario, como si fuera un caso nuevo y no hubiera antecedentes de ningún tipo.

—¿Y has seguido a los atacantes hasta aquí? —preguntó Liam.

Jake suspiró aliviado.

—Sí, jefe.

—¿Cuántos has dicho que eran?

—Dos.

—¿Y no has podido identificarlos?

—No. Llevaban pasamontañas negros.

Drew se cruzó de brazos.

—Es muy posible que sea cosa de Jermaine Gordon otra vez, jefe. Enviando a algunos de sus chicos para terminar con toda la familia Cipriano en memoria de Richard.

—No descartes esa idea, Drew. Muy posible, desde luego —respondió Liam.

Tras terminar de alimentar el ego de Drew, volvió su atención a Jake.

—¿Has visto a alguien entrar o salir del almacén desde que estás aquí?

Jake negó con la cabeza.

—Los atacantes se han ido en vehículos distintos y han tomado direcciones opuestas. Pero la furgoneta negra en la que viajaban sigue dentro de la fábrica.

La mirada de Liam pasó de Jake al edificio.

—Creo que... quizá la han dejado ahí por alguna razón. Lo cual significa que volverán. En lugar de asaltar el lugar con equipos de armas de fuego y el equipo forense, creo que deberíamos vigilar este sitio. Esperar a que regresen.

—¿Y si no vuelven? —preguntó Garrison—. ¿Qué hacemos entonces?

—Démosle veinticuatro horas. Si no vuelven a por ella, investigaremos la furgoneta. Registraremos en busca de pruebas. Los riesgos son mayores si investigamos el almacén ahora. Por eso deberíamos dejarlo así. Jugar a largo plazo. La tortuga gana a la liebre, ¿recordáis?

Liam dio una palmada; el sonido resonó en la estructura a lo lejos y llegó de vuelta al grupo.

—Drew —comenzó Liam de nuevo—, quiero que te quedes aquí mientras consigo que aprueben todo. Te toca el primer turno de vigilancia. Alguien más vendrá a relevarte más tarde.