Bajo la protección del CEO multimillonario Capítulo 30
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Capítulo 30

Adam se está conteniendo, lo sé, y se lo agradezco. Sé que soy diferente de las mujeres que debe de conocer. Necesito ir más despacio que la mayoría, pero él ha sido tan increíble que cada día me siento más preparada para cosas nuevas.

Lo echaba muchísimo de menos y, desde aquel día en el restaurante, siento que lo necesito de nuevo. Sentirlo de una forma más íntima.

Hace algunas bromas, intentando suavizar la tensión sexual que se forma, y eso solo hace que me entren todavía más ganas de lanzarme sobre él. Claro que no lo hago, pero quiero que entienda que hoy podemos ir un poco más allá.

Aprovecho que los chicos salen de donde estamos y me acerco a él, atrayéndolo hacia un beso ardiente.

Un calor se extiende por mi cuerpo mientras su mano busca un contacto mayor, acariciándome el pelo.

El beso se vuelve más profundo, lleno de deseo y entrega, cada movimiento sacando a la superficie una ola de emociones.

—Sarah, estamos muy expuestos aquí. ¿Vamos a un lugar más reservado? —Interrumpe nuestro beso y me susurra al oído.

—Sí, por favor. —Abre una sonrisa de sinvergüenza y me tira de la mano.

Entrelazamos los dedos y salimos en dirección a una puerta en la que no me había fijado.

—Este es un espacio donde él solo permite que entremos nosotros, así que estaremos lejos de las miradas curiosas. No quiero a nadie presenciando lo que deseo hacer contigo.

Sonrío ante esa perspectiva. Ya hemos disfrutado bastante de la fiesta y así me sentiré mucho mejor.

Cierra la puerta de una habitación y me explica rápidamente que es una habitación para los amigos si necesitan pasar una noche aquí, ya sea por jugar al póker hasta tarde o después de una borrachera.

No pienso mucho en eso porque no quiero saberlo, no soy tan ingenua.

Se acerca de nuevo y me acaricia el rostro. Me mira con cariño, como si estuviera pidiendo permiso para eso, y decido responder atrayéndolo hacia otro beso ardiente.

Sentir su boca en mi piel me vuelve loca de deseo.

Cómo echaba de menos esto, a él, esta conexión.

Ahora que llevamos más tiempo hablando y abriéndonos el uno al otro, me siento mucho más cómoda con respecto a nuestra intimidad.

Ha sido tan increíble conmigo que, con cada día que pasa, me siento más preparada para entregarme por completo a él.

Nuestro beso empieza con bastante urgencia. La forma en que su lengua reconoce la mía es surrealista. Sus manos rodean mi cintura hasta que me presiona contra la pared de la habitación.

Me restriego contra él sin ningún pudor. Me siento bien aquí con él y quiero disfrutar a mi manera. Paso la mano por su cintura, atrayéndolo más hacia mí. Siento el bulto de su pantalón y sé que, por él, podríamos hacer mucho más que besarnos, pero por ahora no puedo.

Quita las manos de mi cintura y va subiendo, pasando sus manos gruesas por mis pechos duros. Estoy tan excitada que parece casi una tortura. Suelto un gemido cuando empieza a besarme el cuello. Esto es bueno, ¡demasiado bueno!

Decido hacer lo mismo y le doy besos suaves en la misma zona.

Siento que le gusta y que tiene cierta sensibilidad ahí, igual que yo.

Baja más las manos, llegando a mi entrada, y me mira con intensidad.

Siento la chispa saliendo de sus ojos, las ganas de tenerme son grandes, consigo sentir lo mismo.

Se contiene, por respeto y preocupación hacia mí.

Mi sentimiento por él todavía es confuso, pero siento una seguridad que nunca había sentido antes, por eso decido que ha llegado la hora de darnos más placer. Puedo abrirme un poco más para eso. Esbozo una sonrisa traviesa y él entiende perfectamente lo que quiero.

Pasa los dedos con cariño por toda la extensión de mi vagina. Siento un calor recorriéndome suavemente el cuerpo. Llega al clítoris y lo rodea con movimientos al principio suaves, pero pronto acelera, dejándome sin aliento.

Con una de mis manos libres, le abro el pantalón y libero su polla, que está extremadamente dura y gruesa por mí. Miro hacia abajo para admirar su tamaño y le gusta la cara que pongo al mirar su miembro. ¡Madre mía! Es enorme y debe de ser una delicia.

Empiezo a masajearlo con la mano mientras él continúa con la suya en mi clítoris.

Siento sus dedos dentro de mí mientras el pulgar sigue masajeándome ese punto que me vuelve completamente loca.

Quería seguir haciendo lo mismo por él, pero lo que estoy sintiendo es tan, pero tan fuerte, que empiezo a gemir y a decir su nombre.

—Adam… Madre mía, sigue... eso…

No para hasta hacerme retorcer en un orgasmo delicioso. Siento los espasmos de mi cuerpo y escondo el rostro en su chaqueta, mientras me permito terminar de sentir la relajación de esa corrida deliciosa. Madre mía, si hace esto solo con los dedos, ¿qué hará con su polla dentro de mí?

Sonríe, orgulloso de haberme dejado así, y veo, por las venas palpitando en su polla, que no puedo dejarlo así. Necesito corresponder, sobre todo porque quiero muchísimo sentirlo en mi boca.

Me agacho, mirándolo, hasta quedar de rodillas. Le bajo el pantalón y el calzoncillo y por fin dejo su polla completamente expuesta. Me relamo los labios mirándolo, y él está atento a cada movimiento que hago.

Paso una de las manos por sus huevos, masajeándolos. Me paso la mano por la vagina, que todavía está muy lubricada, y con eso la uso para masturbarlo. Él se vuelve loco con ese gesto.

—Joder, Sarah, ¿quieres volverme loco? Me cago en la puta…

Yo sonrío, feliz por provocar en él lo que él provoca en mí. Coloco las manos en su culo y meto su polla en mi boca. Es enorme y necesito ir poco a poco, hasta que consigo tragármela. Él gime mientras se la chupo con delicadeza. Su sabor es maravilloso, no me canso de tenerlo en mi boca.

Aumento la intensidad, dando lo máximo de mí, hasta que lo oigo decir que no aguanta más y se corre con todo en mi boca.

—Eso, trágate toda mi leche. Mira cómo estoy por ti.

Me ayuda a levantarme y me lleva al baño de la suite.

—Déjame limpiarte antes de que volvamos a la fiesta.

Su gesto me deja encantada. Podría irse porque ya ha tenido una parte de lo que quería, pero veo su preocupación y su cuidado conmigo y eso me llena de emoción. Vamos juntos al baño y, con toda la gentileza del mundo, cuida de mí.

Volvemos a la fiesta y nos servimos algo de comida.

Hay una mesa de aperitivos llena de jamón de Parma, brie con mermelada de albaricoque, caviar, tartar de atún, salmón, en fin, todo de lo mejor.

Me alegra, porque nuestro juego me ha abierto el apetito.

El camarero me entrega otra copa de champán y conversamos un poco más.

—Cuéntame más sobre cómo fue mudarte a Japón. Me dio curiosidad eso. —Pregunto, queriendo saber más de él.

—Fue difícil adaptarme. Nos mudamos justo al principio de mi adolescencia y ser extranjero allí no fue muy agradable, pero aprendí mucho de su cultura y, sobre todo, fue allí donde me descubrí en los videojuegos. —Se queda pensativo, como si recordara el pasado, pero sus facciones están suaves.

Imagino que tuvo una buena adolescencia, diferente a la mía.

—Hum, tiene sentido, la cultura es bastante opuesta a la nuestra, ¿no? Y pasar por la pubertad así no debe de ser muy fácil, pero qué bonito que descubrieras tu trabajo allí. —Coloco mi mano sobre la suya, acariciándolo mientras conversamos.

—Sí, los japoneses están muy por delante en esa cuestión tecnológica. Es una industria que factura miles de millones todos los años. Existe competencia, pero una vez que tienes a tu público fidelizado, es más fácil saber lo que desean. —Seguimos hablando un poco más sobre esa parte de su vida.

Me gusta cómo nos comunicamos, siempre es fácil y él está siempre abierto a contarme todo lo que deseo saber.

Deja de hablar y me mira con intensidad, acercándose lentamente a mí, dejándome con las expectativas por las nubes.

Volvemos a perdernos en los labios del otro.

Nuestras manos buscan el cuerpo del otro, acercándonos más, mientras nuestras lenguas se exploran con deseo.

El calor se extiende y la respiración se intensifica, creando una atmósfera electrizante.

Madre mía, ¡qué bueno es esto!

Siento que el momento se detiene y todo alrededor desaparece. Es como si solo existiéramos nosotros dos en el mundo, pero oigo la voz de Adriano de fondo y vuelvo a la realidad.

—Cómo me gusta besarte. —Me susurra al oído.

—También coincidimos en eso. —Sonrío y damos otro trago a nuestras bebidas.

—¿Y cuáles son tus hobbies? Sé que amas pasar tiempo con tu tía y hacer ejercicio. —Pregunta.

Le conté, entre nuestras conversaciones, lo de las clases de Krav Magá, pero en el sentido de ejercicio, no quise profundizar mucho, no vi necesidad.

—Soy adicta a los libros, amo leer. Es un momento en el que me permito trascender a otro lugar, a otros mundos. Es bueno sentir lo que los personajes están sintiendo y viajar en sus historias. De verdad lo amo. —Hablo muy emocionada porque eso, de hecho, es una de mis mayores pasiones.

—A mí también me gusta, pero leo más asuntos relacionados con mi trabajo. ¿Qué prefieres? ¿Cuál es tu estilo favorito? —Pregunta genuinamente curioso. Siento que cada vez desea conocerme más.

A pesar del miedo que siento al involucrarme, me estoy abriendo a él.

—Amo las novelas románticas, pero he estado leyendo mucho fantasía y suspense. Empecé a conocer más libros así y me han encantado, además de los de psicología, que devoro. Como leo mucho, necesito más opciones para mantenerme ocupada, pero siempre llevo mi Kindle en el bolso.

—Entonces tenemos a una empollona aquí. —Levanta una ceja, bromeando.

—¡Por supuesto! Y con mucho orgullo. —Lo digo con firmeza y él propone un brindis por eso.

Bromeamos sobre ser empollones, porque él lo es muchísimo. Creo que otro punto en común para añadir.

Decidimos dar una vuelta por la fiesta. La bebida ya ha empezado a animarme más y me siento feliz de haber venido.