CAPÍTULO 20 #8
—¿Dasha? ¿Qué se supone que estás ejecutando tú en este edificio a estas horas de la madrugada? —mi madre interrogó, intentando recuperar su tono sibilino y autoritario para amedrentarme, aunque sus ojos negros delataban el pánico a que su presencia aquí llegara a los oídos del Pakhan.
Me quedé mirándola fija y gélidamente, sintiendo que las marcas invisibles de su agresión en mi cuello volvían a arder con fuerza, desatando una oleada de repulsión y pensamientos negativos hacia su persona.
Ella era una criatura podrida, una perra sínica que no hacía más que traicionar el honor de los Romanov.
—Ni el ser humano más noble, devoto y paciente de esta tierra puede ser capaz de soportar tanto daño, tanta bajeza y tanta hipocresía junta de tu parte, Anastasia —le respondí con una voz cortante que rebotó en las paredes del pasillo, cruzándome de brazos—.
Y yo nunca, por más años que transcurran en la Bratva, podré perdonarte tus traiciones ni tus agresiones físicas, ni en miles de años de olvido. Has muerto para mí.
—¿No existe acaso ninguna forma lógica o material en la que yo pueda ayudarte a olvidar todo este malentendido, Dasha?
—me rogó en un susurro desesperado, dando un paso hacia mí con las manos temblorosas—.
¿No hay ninguna manera viable de que entierres en tu mente todo lo que hemos vivido y lo que viste en Manhattan?
Por favor, te lo suplico por tu propia seguridad, tienes que olvidarlo todo de una vez; tienes que olvidar todo el daño que te hice en tu habitación para que la familia pueda seguir adelante en paz.
No destruyas nuestro estatus por un rencor.
Nada en esta vida de sombras es tan fácil de solucionar como pretendes en tu mente egoísta, Anastasia. Tus facturas de sangre no se borran con una súplica de pasillo.
—Sí que hay una sola forma fáctica en la que puedas ayudarme a aliviar este asco, Anastasia; solo existe una sola acción concreta que puedes ejecutar para ganarte mi silencio temporal y mi perdón jurídico —murmuré, acercándome a su rostro para que viera la gélida determinación de mis ojos carmesí.
—Por favor, adelante, dímela ya. Me encantaría saberla para cerrar este infierno —respondió ella con una chispa de esperanza desesperada en su mirada paranoica.
—Entra de inmediato a ese comedor, camina hacia mi padre y díselo todo de frente a Maximiliano Romanov; dile con total honestidad que le has engañado en su propia cara con su mejor amigo Lee Jaeyoon durante años y cuéntale detalladamente todo lo que me hiciste en mi alcoba para comprar mi silencio bajo amenaza de muerte —le espeté con una sonrisa helada, sabiendo el peso destructivo de mi demanda—.
Ve y díselo todo de una vez por todas, Anastasia.
.. y entonces, solo entonces, me habrás devuelto mi libertad y habrás pagado tu deuda con el honor de la familia.
Ejecuta la confesión si tienes el valor.
Ella se quedó completamente muda en el pasillo, sus labios temblando ante la crudeza de mi ultimátum, sabiendo perfectamente que dar ese paso significaría su inmediata ejecución a manos del lobo de la Bratva.
La dejé atrapada en su propio infierno de culpa y miedo, me di la vuelta sin mirarla y crucé el umbral del apartamento, cerrando la puerta con fuerza detrás de mí para refugiarme en las mentiras de Dimitri Korovin, mientras el amuleto de plata en mi bolso me recordaba que la verdadera tormenta apenas estaba por desatarse sobre todos nosotros.
EPÍLOGO
JUEGO DE SOMbrAS
Dimitri Korovin
El tic-tac del reloj de pared en mi despacho privado marcaba las cuatro de la madrugada con una insistencia burocrática.
El apartamento finalmente había recuperado su silencio sepulcral tras la abrupta huida de Anastasia Romanov por el pasillo.
En la habitación contigua, Dasha dormía con una respiración entrecortada, aferrada a las sábanas como si mi cama fuera el único refugio seguro en medio del colapso de su imperio familiar.
Las marcas rojas en su garganta eran la prueba del infierno del que venía huyendo.
Me senté frente al monitor encriptado, la luz azulada iluminando mis facciones frías de agente de la FSB. Mis dedos teclearon con una parsimonia ensayada, abriendo el servidor clasificado de la división táctica.
INFORME OPERATIVO: CASO brATVA ROJA
AGENTE: Korovin, D.
ESTADO DEL OBJETIVO: Confirmado. Dasha Romanov (lavadora de dinero) ha quebrado su seguridad operativa de forma total. El vínculo sentimental civil se encuentra consolidado bajo un control absoluto. El objetivo busca refugio psicológico en el suscrito tras fractura interna en el núcleo familiar.
Cerré el archivo con un chasquido sutil, recostándome en la silla de lino.
Una sonrisa de suficiencia apareció en mis labios.
Lo tenía todo bajo control. Estaba ejecutando el operativo de infiltración más perfecto de mi carrera, y lo estaba haciendo completamente solo, por mi cuenta, sin rendirle cuentas completas a los analistas del cuartel ni permitir que nadie interfiriera en mi gloria.
En mi mente soberbia, el Pakhan Maximiliano Romanov caería gracias a que su eslabón más débil, su adorada hija menor, confiaba ciegamente en mi máscara de hombre enamorado.
No necesitaba el apoyo de la división ordinaria, y mucho menos las advertencias burocráticas de mis superiores.
Ignoraba, en mi ceguera de cazador, que en los pasillos de la FSB el nombre de la implacable Annika Vasiliev ya empezaba a sonar para tomar las riendas de la división.
Ignoraba que, mientras yo me enredaba en la lujuria de las sábanas de Dasha y el desvío de sus secretos, la verdadera "bestia" de la agencia ya estaba auditando mis propios pasos, acumulando más datos reales de la Bratva de los que yo jamás lograría extraer.
Creía tener el tablero dominado, convencido de que Dasha era mi marioneta, sin saber que el juego ya se me estaba saliendo de las manos.
Me levanté y caminé hacia la cama, observando el cuerpo de Dasha en la penumbra. Me convencí de que lo mío era puro deseo, una obsesión táctica. Ella creía que yo era su salvación; yo sabía que era su verdugo. Una pequeña mentira civil no le hace daño al éxito de mi placa.