Bajo La Piel Del Enemigo (Dinastía Romanov nº 1) CAPÍTULO 1 #2
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CAPÍTULO 1 #2

La vida en la mafia es una absoluta porquería.

—Iré a Italia, siempre me hace sentir como en casa, y supongo que unas vacaciones no me vendrían mal. —Mi hermana mayor, Katya, respondió mientras que no dejaba de revisar su teléfono. Su expresión era serena, hasta que se transformó en una de preocupación. —¡Mierda!

—¿Qué sucede Katya? —Luka, el hermano del medio cuestionó.

—Según los medios oficiales, acaban de atrapar al capo italiano, Francesco De Angelis...

¿Atraparon a la bestia italiana?

—¿Quién dijo eso? —Nuestro padre apareció en la sala, lleno de frustración por la noticia.

—Todos los medios oficiales, está en cada página de noticias...Tal parece que la FSB lo capturó intentando salir del país.

Maximiliano suspiró con pesar, cerrando los ojos y echando la cabeza hacia atrás.

—Estamos jodidos, puta madre —golpeó la mesa con fuerza—.

Santa mierda, nos estamos yendo al carajo, no sé cómo vamos a solucionar todos nuestros problemas.

Los árabes amenazan con matarnos si no les entregamos los territorios que ellos desean y ahora que acaban de atrapar a Francesco, puede que él se atreva a hablar de nosotros.

..Y si alguien llega a descubrir más sobre nosotros, en serio estaremos perdidos.

—¿Por qué el italiano habría de hacerlo? Es decir, somos socios, lo hemos sido por un largo tiempo, y no creo que él tenga un motivo para hablar de nosotros. —Me encogí de hombros, había tenido varias conversaciones con Fran y no era tan malo como el resto pensaba.

—¿Por qué no lo haría? Nadie le debe lealtad a nadie, menos a bandos distintos. La policía suele ofrecer buenos tratos para que puedas darles información específica sobre ciertas personas que son buscadas por la justicia, y a cambio suelen reducir tu condena.

Por supuesto, ningún mafioso quiere pudrirse en la cárcel. Ninguno quiere recibir un castigo por sus actos.

—No hay ningún trato que salve el trasero de ese hombre, De Angelis es uno de los criminales más buscados en todo el mundo, quizá tanto como nosotros, y la FSB no va a permitir que se les escape de las manos.

—Katya farfulló con molestia, sujetando su cabello pelirrojo en una coleta alta.

—Sin embargo, todo esto da igual mientras no se conozcan detalles específicos sobre nuestra familia.

No me importa si les dice algo, igual no sabrán cómo encontrarnos.

Sabía lo que significaba esto. Tendríamos que escapar como unas ratas de nuevo.

—Quiero que hagan sus maletas de inmediato, más les vale que estén fuera de esta cada en menos de dos horas.

Luka solo escuchaba con fastidio las indicaciones de mi padre, a Katya prácticamente ya le daba igual todo.

—¿Cómo sabremos cuando haya llegado el momento de regresar?

Ojalá pudiera vivir una vida normal, sin sentir las preocupaciones de los negocios ilícitos.

—Veré la manera de comunicarme, mientras tanto solo deben esconderse en lugares donde los árabes no los puedan encontrar. —Luego de decir aquello, mi padre se retiró como si nada. Lo odio tanto, maldita sea.

—Supongo que nos veremos cuando se nos envíe la orden de volver ¿No es así? No olviden que estaré en Italia por si alguien quiere comunicarse conmigo, y por favor...Usen los teléfonos privados para hablar, no queremos perder el contacto.

—No necesitas repetirlo. Me iré a Australia, espero que en medio de todo el desastre que se ha formado, tenga la oportunidad de dar un paseo en silencio.

—Luka siempre fue así, como si nada pudiera alterarlo, pero en el fondo era el más sensible de los tres.

Besó nuestras mejillas antes de irse de la sala.

—También iré a preparar mi equipaje.

Luego de terminar de hacer mis maletas, procurando guardar de todo un poco, aseguré mi arma en mi cintura y bajé al comedor a despedirme de mi madre.

—Te veré en cuanto pueda, mamá —le sonreí, acercándome a abrazarla con fuerza. A pesar que ella me lastimó tanto en el pasado, todavía tenía la necesidad de fingir frente al resto de mi familia que mi relación con ella era buena. —Voy a estar en Moscú, por si quieres verme después.

—Sí, claro, dile a Pablo que prepare alguno de los helicópteros y que te acompañe hasta tu destino. —Respondió sin más, como de costumbre no me miró a los ojos. Nunca más pudo hacerlo desde que descubrí su mentira.

—Lo haré, hasta luego —me despedí, saliendo de casa con mis dos únicas maletas y busqué rápido a Pablo, uno de los hombres más confiables de mi padre, por todo el bosque que rodeaba la mansión hasta que lo hallé limpiando armas.

—Pablo, me preguntaba si me acompañarías hasta Moscú, necesito irme con urgencia.

—Por supuesto señorita Romanov, tan solo espere unos minutos hasta que lo prepare todo —me dijo antes de volver a desaparecer. Me quedé en silencio, observando todo lo que le pertenecía a mi padre, hasta que Larisa, su secretaria de varios años, apareció de repente.

—Buenas tardes señorita Romanov —me saludó con respeto absoluto. Era la única ventaja de esta mierda, aunque su respeto es solo un reflejo del miedo que provocamos.

—Hola Larisa ¿Ya te vas?

—Acabo de llegar, tengo que aclarar un par de asuntos con el señor Romanov.

—¿Te has enterado de la captura del italiano?

—Me lo ha dicho Román hace poco, no ha hecho más que preocuparme. Sabes que esto no nos conviene.

—Desde mi perspectiva. sé que los hombres de confianza de Francesco encontrarán la forma de sacarlo de ahí, y por más que logre hablar sobre los Romano, no se atreverá a abrir la boca más de la cuenta.

Es posible que ahora mismo los agentes de la FSB tienen el pecho lleno de orgullo por atraparlo y están seguros respecto a lo mucho que él hablará.

..Así nos atraparán, al igual que a los españoles, a los árabes, a los coreanos y a los japoneses.

—¿Lo de los españoles ya se solucionó?

—No lo sé bien, tampoco comprendo la razón de nuestros problemas últimamente.

—Eso siempre pasa, señorita Dasha, todo el mundo quiere nuestros territorios.

—¡Señorita! ¡El helicóptero está listo! —Pablo gritó.

—¡Voy en un segundo! Larisa, debo irme, pero nos estaremos viendo pronto, cuídate por favor.

—Espero que tengas un buen viaje, hasta luego.

Asentí alejándome de ella.

Como sea, esta es la vida a la que estoy acostumbrada desde siempre, no tendría sentido quejarme de lo que me toca vivir, así que encontraré la manera de disfrutar en Moscú, aunque hay varios que quieren atraparme.

Sin duda ser Dasha Romanov tiene sus ventajes y también, sus desventajas.

CAPÍTULO 3

Dimitri Korovin

Terminé de leer el informe acerca de la captura del jefe de la mafia italiana, Francesco De Angelis, y solté un suspiro pesado mientras dejaba los papeles sobre mi escritorio.

Habían sido meses de trabajo duro, de vigilias interminables, de seguir cada pista en la oscuridad hasta lograr acorralar a ese gran criminal.

Ahora mismo, estaba a punto de entrar a la sala de interrogatorios.

Para todo agente, es un orgullo atrapar a esos sucios criminales a los que pasas investigando día y noche.

Sin duda, este es uno de los días más gratificantes de mi vida entera.

Caminé por el pasillo, respirando hondo antes de abrir la puerta y enfrentarme a él.

—Francesco De Angelis, jamás pensé que iba a llegar el día en que lo tuviera a mi merced —me burlé de él, cruzándome de brazos, y su única reacción fue enarcar una ceja con una calma que me crispó los nervios. Es un descarado.

—¿Alguien le ha dicho que me tiene a su merced? Ay, por favor, mejor siga soñando —rodó los ojos, pero qué carácter. Parecía que se le había olvidado con quién estaba hablando.

Me callé un segundo para no perder la paciencia. No estaba aquí por un juego de egos.

—Mire, no estoy aquí para perder el tiempo, así que le vamos a ofrecer un trato que quizá puede convenirle de alguna manera —le indiqué, mirando hacia la puerta— Ludmila, por favor, dile de qué se trata.

Ludmila asintió y dio un paso al frente.

Ella siempre ha sido considerada una de las mejores agentes dentro de la asociación y es que tiene una capacidad increíble; nadie era más indicado que ella para poder hacer un trato con uno de los capos más buscados.

Además, es una preciosa mujer, claro está.

—De Angelis, voy a ser directa con usted. Lo que queremos es que nos entregue más información acerca de los Romanov, y a cambio, vamos a reducir un par de años a su condena —soltó con una dureza que cortó el aire.

Ambos esperamos a escuchar su respuesta, observando cada uno de sus movimientos.

—Les tengo una mejor. Les digo un poco de información acerca de los Romanov y les doy el paradero de los coreanos, pero, a cambio ustedes tienen que dejarme en libertad —propuso con una sonrisa arrogante.

Ludmila y yo nos miramos incrédulos, sin poder creer lo que estábamos escuchando. La libertad a cambio de eso. Le hice una seña a mi compañera para que saliéramos del lugar, la cual ella entendió con rapidez.

Una vez fuera de la sala, la tensión estalló entre nosotros.

—¿Escuchaste lo que acaba de decir? —Le pregunté, frotándome la nuca mientras procesaba la oferta. Ella asintió, sin ser capaz de poder creerlo.

—¿Y acaso lo vamos a dejar ir? —Contraatacó, visiblemente frustrada— Nos ha costado demasiado detenerlo como para simplemente soltarlo así.

—Tenemos que ir a hablar con el jefe, creo que sí existe la posibilidad de que dejemos libre a Francesco De Angelis —expresé, dirigiendo mis pasos hacia la oficina del jefe. Ambos entramos luego de golpear la puerta.

—Jefe, tenemos que hablar.

—Muy bien, solo díganme que necesitan —respondió. El hombre solía ser bastante cortante y no le gustaban las interrupciones.

—De Angelis acaba de ofrecernos algo que no podemos rechazar.

A cambio de su libertad, nos ha ofrecido otorgarnos información sobre los Romanov y darnos la dirección de los coreanos.

Jefe, usted sabe la importancia de atrapar a los coreanos, porque son los más cercanos a los japoneses y a los españoles.