CAPÍTULO 26
Anclajes
VALERIE
Al regresar de Nueva York, algo había cambiado dentro de mí.
Las palabras de Julien y Melanie no hicieron más que confirmar aquello que ya habitaba en mi corazón y recorría mi piel como una certeza silenciosa.
Había una fuerza naciendo desde mi interior que, aunque todavía no comprendía por completo, me llenaba de seguridad.
La sensación de estar exactamente donde debía estar se volvió absoluta.
Greg y yo hablamos largo rato y llegamos a un acuerdo: no permitiríamos que nadie volviera a dañarnos.
Dejando a un lado gran parte de su escepticismo, me acompañó a ver a Cris y a Chace para buscar una manera de proteger nuestro hogar y fortalecernos como familia.
Cada vez estaba más convencida de que aquello que nos había estado acechando se alimentaba del miedo, y había llegado el momento de dejar de retroceder.
Habíamos pasado demasiado tiempo escondiéndonos y reaccionando.
Cuando llegamos a la tienda, Cris y Chace ya nos estaban esperando, como tantas otras veces, a pesar de que no les habíamos avisado de nuestra visita. Apenas cruzamos la puerta, Chace giró el letrero de abierto a cerrado y corrió las cortinas, aislándonos por completo del mundo exterior.
Greg se tensó apenas las cortinas se cerraron, así que le tomé la mano para transmitirle algo de calma.
Cris nos indicó con un gesto que la siguiéramos hasta el centro del local y nos sentamos los tres en el suelo.
Chace permaneció cerca, apoyado contra el mostrador y manteniendo cierta distancia, como si quisiera observar sin interferir en lo que su hermana estaba por hacer.
Cris comenzó a explicarnos el procedimiento.
—Lo primero será consultar qué revela el oráculo sobre lo que ha ocurrido y lo que está por venir —dijo con serenidad—. Después veremos qué medidas debemos tomar para limpiar y proteger.
—¿No podemos simplemente limpiar y proteger todo de una vez? —preguntó Greg.
—No funciona así —respondió ella—. Para actuar con precisión necesitamos comprender el origen de todo esto. He intentado descifrarlo por mi cuenta, pero sin ustedes ha sido muy difícil. Lo que los rodea no es obra de aficionados; hay algo profundamente oscuro detrás.
Greg tragó saliva y yo asentí en silencio, invitándola a continuar.
Entonces desplegó frente a nosotros un paño circular color marfil, bordado con símbolos que no logré identificar por completo.
Parecían fases lunares entrelazadas con ramas y pequeños ojos cosidos con hilo plateado.
La estancia apenas estaba iluminada por algunas velas y una lámpara de sal que envolvía todo en una tenue luz ámbar.
En lugar de sacar un tarot convencional, Cris abrió una antigua caja negra. En su interior reposaban cartas más grandes y delgadas de lo habitual, ilustradas con imágenes sombrías y extrañamente realistas. No tenían nombres, números ni símbolos reconocibles.
Parecían cuadros atrapados en papel.
Bosques devorados por el humo. Figuras envueltas en raíces. Animales con demasiados ojos. Mujeres rodeadas de aguas oscuras.
Una inquietud inmediata me invadió.
—No es un tarot tradicional —explicó Cris al percibir mi reacción—.
Es un oráculo de sombras y umbrales. Se utiliza para identificar influencias energéticas profundas, especialmente cuando existen interferencias externas o situaciones ocultas.
Estas imágenes no predicen el futuro como tal; revelan aquello que se mueve detrás de él.
Greg respiró profundo.
—Suena sorprendentemente tranquilizador —murmuró.
Una leve sonrisa cruzó el rostro de Cris, aunque no respondió.
En su lugar, colocó un pequeño cuenco de cobre entre nosotros y quemó unas hojas secas junto con otras hierbas que crepitaron al contacto con el fuego. El aroma cambió de inmediato, volviéndose más terroso y penetrante.
—Necesito que ambos toquen las cartas y piensen en la casa —indicó—. No intenten ordenar sus pensamientos. Solo permitan que las sensaciones aparezcan.
Obedecimos.
Apenas mis dedos rozaron el mazo, un escalofrío me recorrió los brazos. Cris lo advirtió de inmediato; su mirada se volvió más atenta, más aguda.
Comenzó a barajar lentamente, dejando que algunas cartas escaparan por sí solas y cayeran sobre el paño, como si una voluntad ajena guiara sus movimientos.
La primera se detuvo justo en el centro.
La imagen representaba un antiguo farol encendido en medio de un bosque ennegrecido. La luz intentaba abrirse paso entre las sombras, pero gruesas raíces se enroscaban alrededor de la base, avanzando lentamente hacia la llama.
En la parte inferior aparecía una sola palabra:
INTRUSIÓN.
La temperatura de la habitación pareció descender.
—Esto confirma que existen influencias externas entrando de manera constante al hogar —dijo Cris en voz baja—. No se trata de emociones dispersas ni de casualidades. Hay intención detrás de ello.
Tomó una segunda carta y la colocó sobre la primera, cruzándola parcialmente.
La ilustración mostraba a una mujer suspendida en aguas oscuras, mientras finos hilos negros emergían de su boca y de sus manos.
MANIPULACIÓN.
Un malestar inmediato me revolvió el estómago.
—Aquí hay una clara alteración del pensamiento y un desgaste emocional deliberado —explicó Cris—. Confusión inducida, culpas magnificadas y una sensación persistente de pérdida de control sobre uno mismo.
Greg volvió la mirada hacia mí de inmediato.
Yo la desvié.
Sin hacer comentarios, Cris continuó la tirada, disponiendo las cartas alrededor de las anteriores hasta formar una espiral irregular.
La siguiente mostraba flores marchitas brotando desde el interior de un pecho abierto.
DUELO.
—Las heridas emocionales fueron utilizadas como una puerta de entrada —murmuró—. Cuando alguien atraviesa un dolor profundo, ciertas influencias encuentran el camino con mayor facilidad.
No necesitaba preguntar si hablaba de mí.
La carta siguiente cayó sobre el paño con un golpe seco, como si una fuerza ajena la hubiera empujado.
Cris se tensó apenas al verla.
La ilustración representaba varias manos enterrando pequeños objetos bajo la tierra oscura.
ANCLAJE.
El silencio adquirió un peso incómodo.
—Aquí se encuentra el núcleo del problema —declaró al fin—. Hay una energía sostenida mediante anclajes materiales.
Greg se incorporó ligeramente.
—¿Qué significa eso?
Cris alzó la vista hacia nosotros.
—Que esto no se alimenta únicamente de emociones o intenciones negativas. Existe algo que sirve como soporte, elementos utilizados para mantener determinadas cargas vinculadas a la casa o a ustedes.
La piel se me erizó por completo, y el estómago se me revolvió provocándome una sensación nauseabunda.
—¿Como qué? —pregunté.
—Depende de la práctica —respondió—. Cabello, tierra, hierbas, clavos, hilos, frascos, obsequios intervenidos o cualquier objeto oculto en lugares específicos.
Greg dejó escapar una risa tensa, claramente aferrado a la idea de que aquello sonaba inverosímil. Yo, en cambio, permanecí inmóvil. Demasiadas piezas comenzaban a encajar dentro de mi cabeza.
Sin añadir nada más, Cris continuó desplegando las cartas.
La siguiente carta mostraba a una figura sonriente sosteniendo una máscara idéntica a su propio rostro. MÍMICA.
—Esto señala a alguien cercano —explicó Cris—. Una presencia capaz de integrarse con facilidad en la intimidad de los demás, alguien que sabe mostrar exactamente lo que cada persona espera ver.
El aire se tensó aún más, sentí una especie de vacío, más que nada entre Greg y yo.
La carta siguiente reveló una criatura oscura oculta tras varias figuras unidas por finos hilos rojos. ENVIDIA.
Cris exhaló lentamente.
—Gran parte de esto nació de emociones humanas comunes: comparación, resentimiento, obsesión y el deseo de ocupar el lugar de otros. Pero alguien decidió alimentar esas emociones y convertirlas en algo más.
Mi corazón golpeaba con tanta fuerza que respirar comenzaba a costarme.
Greg apretó mi mano.
—¿Esto puede empeorar? —preguntó.
Cris no respondió de inmediato. Permaneció unos segundos observando las cartas antes de extraer la última.
A diferencia de las demás, aquella estaba bañada por tonos claros.
La ilustración mostraba un árbol antiguo de raíces profundas y ramas desnudas. En el centro de su tronco brillaba una pequeña esfera de luz, como un corazón encendido bajo la corteza. A su alrededor, varias aves oscuras emprendían el vuelo, incapaces de permanecer cerca.
DESPERTAR.
La expresión de Cris cambió por completo.
—Aquí está lo que no esperaban —murmuró, clavando los ojos en mí—. Tú.
Un estremecimiento involuntario me sacudió entera.
—Las cartas no muestran a alguien derrotado, Valerie. Muestran a alguien que ha comenzado a despertar.
—¿Despertar a qué? —pregunté.
—A aquello que intentó quebrarte.
El ambiente pareció densificarse a nuestro alrededor.
Sin apartar la vista de la carta, Cris apoyó las manos sobre sus piernas.
—El error de quienes trabajan con ciertas fuerzas oscuras es creer que su objetivo será incapaz de resistir. Pero cuando se equivocan... las consecuencias pueden volverse en su contra.
—¿Volverse cómo? —preguntó Greg.
La expresión de Cris adquirió una gravedad inquietante.
—La oscuridad siempre exige un precio de quien la alimenta. Y cuando no consigue consumir aquello que perseguía, termina devorando los cimientos que la sostienen.
El silencio se adueñó de la habitación cuando Cris concluyó la lectura.
Sentía el pecho oprimido, aunque ya no de la misma manera que semanas atrás. El miedo seguía presente, sí, pero ahora convivía con algo diferente: una extraña lucidez. Como si las piezas, dispersas durante tanto tiempo, comenzaran al fin a encajar ante mis ojos.
Greg sostenía mi mano con firmeza. Ya no parecía escéptico. Parecía inquieto.
Chace salió de la trastienda. Ni siquiera recordaba haberlo visto apartarse de nosotros. Se acercó y examinó las cartas extendidas sobre el paño marfil. Su mirada se detuvo en ANCLAJE.
—Tenemos que revisar la casa hoy mismo —dijo con serenidad.
Greg asintió de inmediato.