Capitulo extra 5 #2
Mientras caminábamos hacia la escalera, habló en voz baja.
—Kai... voy a mudar mis cosas a la habitación de la planta baja.
Su incomodidad se transformó enseguida en una sonrisa cargada de picardía.
—Creo que ustedes dos olvidan que yo también vivo aquí.
Rió por lo bajo.
Sentí el calor subir hasta mis mejillas.
No encontré palabras para responder.
Al bajar las escaleras, Lucian ya nos estaba esperando.
Se veía increíble con un traje negro a medida y una corbata roja.
Me recorrió con la mirada de arriba abajo y sonrió.
—Te ves muy bien con ese esmoquin.
Lucian sonrió y me tendió la mano.
—¿Nos vamos?
Asentí, todavía sin poder apartar la mirada de él.
—Sí.
Pasamos a buscar a Erin en el auto de Dean.
Salió de su casa con un vestido largo de color azul, entallado con elegancia y en perfecto contraste con su piel y su cabello.
Miré la expresión de Dean.
Definitivamente no podía disimular. Parecía estar viendo por primera vez a la hermosa mujer en la que Erin se había convertido.
Y, como conocía tan bien a Erin, en sus ojos vi que claramente había encontrado a esa persona que tanto anhelaba. Al parecer, siempre había estado frente a ella.
Me incliné hacia Lucian y le susurré al oído:
—Creo que ya no la ve como una hermana pequeña.
Lucian sonrió, compartiendo mi opinión.
Dean abrió la puerta del asiento del acompañante para ella y emprendimos el camino.
♦
El salón donde se celebraría la boda era elegante, pero sin resultar ostentoso.
La fachada de piedra clara estaba adornada con arreglos florales blancos y una hilera de faroles que guiaban hasta la entrada principal.
A través de los grandes ventanales podía verse el brillo de las lámparas de cristal y las mesas impecablemente preparadas para la recepción.
Al descender del auto, el murmullo de los invitados y la música que escapaba desde el interior terminaron de envolvernos en el ambiente de celebración.
Erin desapareció casi de inmediato en cuanto vio la mesa de aperitivos y, como era de esperarse, Dean fue tras ella.
Lucian y yo nos quedamos a un lado del salón, observando la escena.
Me giré hacia él.
—Iré a buscar unas bebidas. ¿Quieres algo?
—Solo una soda.
Asentí.
Caminé hasta donde los mozos ofrecían las bebidas y tomé un par de copas.
Cuando me di la vuelta, dos mujeres conversaban con Lucian.
Él parecía completamente relajado. Incluso sonreía.
Mis dedos se tensaron alrededor de la copa.
De pronto, una voz me sacó de mis pensamientos.
—No estés celoso.
Giré apenas la cabeza.
Arya estaba de pie a mi lado con una sonrisa divertida.
—Son mis primas. Estaban curiosas por ustedes.
Soltó una pequeña risa antes de añadir:
—Créeme, ahora mismo debe de estar presumiendo de ti.
—Arya... Felicidades. Fue una ceremonia muy hermosa.
—Gracias.
Hicimos un pequeño brindis.
Ella me miró con la misma sonrisa sincera de siempre.
—Ustedes me sorprendieron. Gracias por cuidar de él, Kai. Me hace muy feliz verlo así.
Sus palabras me llenaron de paz.
—Gracias. Aunque tú también nos sorprendiste.
Arya rio.
—Lo sé. Ni yo misma termino de creerlo.
Le dio un pequeño sorbo a su copa antes de continuar.
—Eric y yo nos conocimos en la escuela primaria. Después de tantos años volvimos a encontrarnos por casualidad. Supongo que, cuando lo sabes... simplemente sucede.
Volví la mirada hacia Lucian.
Él ya me estaba observando desde el otro lado del salón.
Cuando nuestras miradas se encontraron, me dedicó una sonrisa que hizo que todo lo demás desapareciera por un instante.
De pronto, la voz del maestro de ceremonias resonó por los altavoces, invitando a los recién casados a la pista central para inaugurar el primer baile de la noche.
—Supongo que debo ir —dijo Arya con una sonrisa.
Se despidió de mí con un leve gesto y caminó hasta donde Eric ya la esperaba.
Juntos se veían realmente felices.
Las luces del salón se atenuaron y una melodía suave comenzó a llenar el ambiente.
Me quedé observándolos por unos instantes.
Cuando volví en mí, Lucian estaba a mi lado.
—Luces muy serio.
Lo miré.
—Déjame adivinar... Estás pensando en si algún día me gustaría casarme... y quizá tener hijos.
No pude ocultar mi sorpresa.
Él soltó una risa baja.
—Mi respuesta es muy simple. Solo si es contigo.
Tomó mi mano entre la suya y comenzó a guiarme con suavidad hacia la pista, donde cada vez más parejas se unían al baile.
Todavía aturdido por lo que acababa de escuchar, apenas fui capaz de susurrar:
—Te dije que no sé bailar.
—Solo compláceme.
Deslizó una mano hasta mi cintura y me atrajo con delicadeza.
Intenté seguir sus pasos, aunque estaba convencido de que debía verme completamente torpe.
La vergüenza pudo más que yo.
Escondí el rostro en el hueco de su hombro.
Sentí su respiración rozar mi oído.
Con la voz apenas por encima de un susurro, dijo:
—Te amo, Kai.
Por un instante, todo el ruido del salón desapareció.
Ya no escuchaba la música ni las conversaciones a nuestro alrededor.
Solo podía sentirlo a él entre mis brazos.
Había anhelado tanto escuchar esas palabras...
Sin decir nada, me aferré con más fuerza a su cuerpo y escondí el rostro en su pecho.
Por fin comprendí que el hogar no era el lugar donde vivía.
Era el lugar donde mi corazón podía descansar.
Y ese lugar siempre había sido él.