La proposición #4
Por su parte, Jim tampoco estaba solo en su propia misión.
Además de contar con Dimitri, su mejor amigo, además de compañero, tenía a su lado a su hermano menor, Andy, quien estaba emocionado de acompañarlo en la elección del traje de novio y de los padrinos, o hombres del novio.
Cada grupo vivía la emoción a su manera: las chicas entre vestidos, velos y accesorios, imaginando el gran día con ilusión, y los chicos entre trajes, copas y bromas, disfrutando de la camaradería masculina.
Eran momentos especiales, llenos de amistad, alegría y complicidad.
Porque, aunque cada uno avanzaba por separado en los preparativos, todos compartían la emoción de estar construyendo juntos un recuerdo inolvidable.
Entre sus trabajos y los ajetreados preparativos de la boda, el tiempo parecía avanzar a toda velocidad.
Sin embargo, en medio de aquel torbellino de emociones y responsabilidades, Lori recibió una noticia que llevaba tiempo esperando con ansias.
Algo que había deseado profundamente y que, cuando llegó, la tomó por sorpresa, aunque una sorpresa de las más dulces.
Todo estaba saliendo a pedir de boca, como si el destino le estuviera sonriendo en cada paso.
Estaba eufórica. No veía el momento de contárselo a Jim, pero quería hacerlo de una manera especial. Así que, aquella noche, cuando quedaron para salir a cenar, decidió esperar hasta el momento perfecto.
Cuando llegaron los postres, con el corazón latiéndole con fuerza, tomó aire y, con una sonrisa radiante, le dijo emocionada:
—Jim, cariño… —sus ojos brillaban de felicidad— me han llamado de Hawaiian Airlines… ¡Me han aceptado para comenzar la formación!
Lori apenas podía contener su entusiasmo.
Hacía tiempo que había enviado su currículo, junto con todos los requisitos exigidos por la aerolínea, y por fin la espera había dado frutos.
Había soñado con este momento durante meses, imaginando cómo sería el día en que recibiera la noticia.
Ahora, su meta de convertirse en auxiliar de vuelo estaba un paso más cerca de hacerse realidad.
Jim, consciente de lo que este logro significaba para ella y de las múltiples entrevistas, pruebas y requisitos que había superado para conseguirlo, se quedó unos segundos en silencio, asimilando la noticia.
Finalmente, una enorme sonrisa iluminó su rostro.
Con un gesto lleno de entusiasmo, levantó su copa de champán, se puso en pie y, sin pensarlo dos veces, tomó su mano, invitándola a acompañarlo.
—¡Esto merece un brindis, mi vida! ¡Lo has conseguido! ¡Enhorabuena!
Chocaron sus copas, y antes de que Lori pudiera reaccionar, Jim la besó apasionadamente allí mismo, sin importarle las miradas curiosas de los demás comensales.
Al ver la escena, muchos en el restaurante comenzaron a aplaudir, creyendo que acababan de comprometerse.
Entre risas, Jim se separó un poco y, mirando a todos con orgullo, anunció en voz alta:
—¡Mi chica va a ser auxiliar de vuelo!
Algunos, sorprendidos, preguntaron curiosos para qué compañía…
—¡Para Hawaiian Airlines! —respondió ella, radiante de felicidad.
Las palmas volvieron a sonar, y Lori, entre ruborizada y emocionada, agradeció los gestos amables de los desconocidos que celebraban con ellos. Sin duda, aquella noche quedó grabada en su memoria como otro momento inolvidable en su historia de amor.
Dos semanas después, tras haber presentado su renuncia con el tiempo de antelación reglamentario, Lori se despidió de su trabajo como guía turística.
Aunque lo hizo con cierta nostalgia, ya que había disfrutado trabajando de guía turística, y, además, era muy apreciada en la agencia de viajes donde trabajaba, sus compañeros y superiores comprendían que esto era solo un paso más en su camino.
Desde hacía tiempo sabían que su verdadera pasión era convertirse en auxiliar de vuelo y que aquel momento, tarde o temprano, llegaría.
Por eso, aunque la despedida estuvo llena de abrazos y buenos deseos, nadie se sorprendió realmente, sino que se alegraron por ella.
El día de su último turno, la agencia le organizó una pequeña despedida con globos, pastel y una tarjeta firmada por todos sus compañeros, donde le desearon el mayor de los éxitos en su nueva aventura.
Lori se sintió conmovida y agradecida por el cariño recibido y todos los grandes amigos que había hecho allí.
Así, con el corazón lleno de ilusión y una maleta cargada de sueños, comenzaría su formación como auxiliar de vuelo en Hawaiian Airlines.
Para ello, tendría que trasladarse a Honolulu durante al menos las seis semanas reglamentarias que duraría el curso.
Jim y ella estarían separados durante todo ese tiempo, quizás incluso más, hasta que la asignaran a una ruta, con suerte, en los vuelos Nueva York-Hawái o en la central de Nueva York, quizás en la terminal 4 del aeropuerto JFK, ya que lo había solicitado como prioridad.
A pesar de la distancia, un nuevo capítulo en su vida se abría ante ella, y no podía estar más emocionada.
[2] Aloha (pronunciado «aloja»): significa «hola», «adiós», y también expresa amor en hawaiano. [3] E Komo Mai: significa «bienvenidos» en hawaiano. [4] Mahalo (pronunciado «majalo»): significa «gracias» en hawaiano. [5] Toda la historia del padre Bob, en mi novela: En manos de dios.