Capítulo 2 extra.
Leyla
Después del viaje a la isla me siento renovada.
Gracias a Luca, el trabajo no se ha acumulado y he podido permitirme algo que hacía tiempo que no tenía. He disfrutado de mi relación con Jensen sin preocuparme por nada más.
Aria y yo intercambiamos mensajes a diario, pero nunca es suficiente al no tenerla cerca. La echo de menos más de lo que admito.
Con Dante y Luca todo es sencillo. No podrían haberme tocado unos primos mejores. No es solo la sangre lo que nos une; somos… familia.
Morirían por mí, y yo por ellos. Me gusta tenerlos cerca, que formen parte del equipo, que estén dentro.
Con Viktor la relación es más distante, aunque también lo echo de menos. Para Jensen es lo que Aria para mí.
Lo que algún día Lila fue.
Con ella aún tengo heridas que cerrar. Pero el tiempo —y quizá el vino— terminen haciendo su trabajo .
Voy en dirección a la casita que Jensen mandó construir para mí cuando la veo sentada en la hierba, admirando el horizonte. Lila parece ajena a todo, como si el mundo se hubiera detenido.
—¿Estás bien? —pregunto al pasar por su lado.
—Sí —sonríe con tristeza—, es solo que estar aquí me trae recuerdos.
Su voz suena cargada de nostalgia.
—¿Habías estado aquí antes?
Asiente despacio.
—Luca, Dante y yo crecimos juntos. Una vez fuimos grandes amigos.
Apoyo mi mano sobre su hombro, sin pensar demasiado en el gesto.
—Me parece que tienes muchas cosas que resolver —digo con suavidad—. Espero que te quedes con nosotros y puedas hacerlo.
—Yo también —murmura.
Gira la cabeza para mirarme, y por primera vez no hay dureza en sus ojos.
—Quería hablar contigo —afirma, y toma aire—. Te pido perdón por todo lo que pasó. No tenemos por qué volver a ser amigas…, pero quiero que sepas que siempre te quise. Eso no fue parte de ningún plan.
Deja escapar el aire como si llevara tiempo reteniéndolo.
—No fue culpa tuya —respondo—. Aún tenemos mucho que superar, y tenemos todo el tiempo del mundo para hacerlo.
Hago una pausa y sonrío.
—Además, me encantaría que le dieses una oportunidad a Dante.
Pone los ojos en blanco.
—Todos lo esperáis. Pero no es tan fácil.
—El camino nunca lo es —contesto—. Aunque la vista merece la pena. Y cuando llegas a la cima… el paisaje es maravilloso.
Me observa en silencio, sin discutir.
—Lo que quiero decir es que ninguna relación es fácil. Siempre hay dudas, heridas y momentos en los que parece que no merece la pena… Aun así, todo es mejor si lo haces junto a la persona correcta.
—Gracias —dice al fin.
Apoya la cabeza en mi hombro y nos quedamos así.
Sin hablar de nuevo.
Compartiendo el silencio y admirando el paisaje.