Baile Anual de Mascaras (Máscaras y sombras 1) XVII
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XVII

Jensen

No esperaba verla.

Aria está sentada en la terraza junto a Leyla con una copa de vino, ambas envueltas por una manta, riendo como si nada más importase.

No sé qué me desconcierta más: si la sorpresa de verla aquí o la naturalidad con la que se comportan la una con la otra, como si fueran viejas amigas.

Algo que me alegra bastante; parece que se necesitan la una a la otra.

Mi hermana siempre lo ha sido todo para mí.

Pero pocas veces la he visto así: relajada, libre, feliz.

No siempre lo ha sido, y con Leyla… es como si hubiera encontrado su reflejo.

Leyla podría llegar a ser para Aria lo que Viktor es para mí.

Aún están empezando a conocerse, todavía tienen mucho que vivir juntas, pero la química que hay entre ellas, cómo parecen completarse, me dice que van por ese camino.

Aria se gira hacia ella.

—¿Sabes por qué mi hermano te llama zhizn’ moya a pesar de no ser ruso? —le oigo decir.

Leyla se gira hacia ella, atenta, y su rostro se ilumina con una sonrisa que mezcla ternura y afecto .

—Cuando supimos que Viktor tenía raíces de allí, los dos decidieron aprender el idioma. Parloteaban entre ellos para que así yo no pudiera entenderles.

Sonríe al recordarlo, y esa nostalgia hace que mi pecho se tense un poco. Viktor no tuvo una historia fácil; al menos quise darle eso.

Me apoyo en el marco de la puerta, observándolas, sin atreverme a interrumpir. A veces, los silencios y las pequeñas miradas dicen más que cualquier palabra.

Hasta que Aria lo rompe dándole un codazo para añadir:

—Tuve que preguntarle a Viktor qué significaba y…

—se ríe, y el sonido me atraviesa— sé que lo vuestro aún está empezando, pero que te llame «vida mía»…

Bueno, mi hermano, el de «yo no siento nada por nadie» —hace comillas con los dedos—, parece que está empezando a sentir algo, y me alegro por vosotros.

—Gracias, significa mucho para mí —responde ella.

Aria toma la mano de Leyla con delicadeza, y ésta entrelaza los dedos entre los suyos en un gesto que habla de cariño y complicidad.

Después, se abrazan con suavidad. No quiero romper el momento, pero paso el peso a la otra pierna y la puerta hace un ruido al moverme.

Se separan al instante, buscando la interrupción. Leyla es la primera en verme.

—¿Cuánto llevas espiando? —pregunta cruzándose de brazos. Me regala una sonrisa al hacerlo.

—Lo suficiente como para saber que estáis tramando algo —respondo, y me acerco a ellas—. No me hagas tener que sacártelo como tú y yo sabemos.

Le robo un beso y, sin soltarla, le hago unas leves cosquillas en el costado. Me quedo inmerso en su mirada, disfrutando de la chispa que nos une, hasta que de repente oigo una arcada justo detrás de nosotros .

Pongo los ojos en blanco y me giro hacia mi hermana.

—¡Eeh, no me la robes! —Hace un puchero—. Aún no hemos terminado de hablar. Además, tú la tienes siempre a tu disposición. Ni siquiera sé cuándo…

Tras nosotros, la voz de Viktor suena suave y familiar:

—Mi preciosa esmeralda.

En un instante, Aria chilla por la sorpresa y se tira a los brazos de mi medio hermano, fundiéndose en uno solo. Son el uno para el otro. Eso es lo que yo quiero tener.

—¡Tenemos trato! —grita una Leyla satisfecha desde la terraza—. Mañana vendrán los arquitectos. Vuestra habitación está arriba, a la izquierda. ¡Pasadlo bien, mi pequeña saltamontes! —acaba, despidiéndose con la mano.

Aria asiente mientras se ríe y le lanza un beso a Leyla. Ahora soy yo el que hace un gesto de arcada, incapaz de soportar tanta cursilería.

Sin perder tiempo, Viktor coloca su mano en la cadera de Aria, la besa con suavidad y la guía lejos de allí, dejando atrás risas, miradas cómplices y un aire de diversión que todavía flota en el ambiente.

Me giro hacia Leyla y fijo mis ojos en los suyos, buscando respuestas.

—¿Qué estás tramando? —pregunto, sin apartar la mirada.

Veo cómo aparta ligeramente la mirada, pero una curva traviesa en sus labios la delata. Sin pensarlo, deslizo los dedos con suavidad por su cuello, atrayéndola hasta mí, alzando su cara hacia la mía. Puedo sentir su resistencia, y mi voz baja un tono, cargada de urgencia y ternura:

—Vamos, háblame —le susurro, mi frente pegada a la suya—. Estamos juntos en esto, ¿recuerdas ?

Ella respira hondo, como si estuviera reuniendo fuerzas, y empieza a contarme el plan. Sus palabras son claras, pero siento que todavía se guarda algo, un detalle que no quiere compartir aún.

—Es solo que… quiero tenerla cerca. Y sé que son importantes para ti, y tú lo eres para mí.

No puedo evitar que un extraño calor me invada al saber que ha decidido traerlos por mí. Son mis personas favoritas, los pocos en los que realmente confío. Que Leyla los haya considerado parte de su círculo me hace sentir algo que creía dormido; amor, tal vez.

No suelo mostrarlo, no soy dado a los sentimientos. Aunque verla formar su pequeño equipo me hace estar la hostia de orgulloso. Quiero ver cómo toma las riendas de su vida y saca todo su potencial.

La cojo de la nuca y la beso con vehemencia, con esa urgencia que me carcome. Estoy loco por ella. Cada día un poco más.

—Estoy orgulloso de ti, de cómo estás tomando las riendas —afirmo con rotundidad—. Estaré a tu lado hasta el final. Te seguiré al infierno si hace falta, zhizn’ moya.

Nuestras miradas se encuentran al fin, intensas y profundas. En ese instante, sin necesidad de palabras, ella comprende que estoy completamente en su equipo. Que ya no hay vuelta atrás. Un silencioso acuerdo se forma entre nosotros, tan fuerte como cualquier promesa.

Para reforzarlo, la abrazo por debajo de la cintura, pegándola a mí con un gesto firme y posesivo.

Siento su respiración mezclándose con la mía, el leve roce de su pecho contra el mío.

No es un beso, pero deja claro que la tengo, que estoy aquí para protegerla y acompañarla pase lo que pase. Que es mía. Que siempre lo será.

Pero sé que no va a ser fácil. Que el infierno al que voy a seguirla puede ser más oscuro y traicionero de lo que imaginamos.