CAPÍTULO 17 — NOS ESTÁN MIDIENDO #2
La pantalla central se encendió. Primero, el mismo resplandor frío.
Luego letras. D-17 — PRESENTE. Debajo apareció otra línea, más pequeña.
GRUPO ENTRANTE — CINCO INTERFERENCIAS. Más que una explicación, parecía un insulto administrativo.
Allí dentro la fiebre de Nerea, la sangre de Damián y el miedo de Clara no eran personas: eran ruido en un protocolo.
El cristal opaco de la derecha se encendió por dentro.
No parecía una pantalla. Al mirar bien, era una habitación detrás de la habitación.
Una mujer con bata gris, mascarilla bajo la barbilla y una tarjeta girada al revés estaba sentada ante una consola vieja.
No miró a Luján. Miró el panel, levantó un sello triangular y lo estampó sobre una hoja. El golpe seco llegó por el altavoz.
La mujer dejó el sello encima de la consola y limpió el borde con el pulgar, como quien quita tinta de un trámite rutinario.
En una pantalla lateral avanzó una lista de códigos: D-17, A-2, INTERFERENCIA 03.
Delta no era una sombra infinita. También era una mesa vieja, un sello manchado y alguien obedeciendo por turnos.
—Delta confirma grupo entrante. Retorno pendiente. Nadie cruza sin registro.
La luz se apagó. La mujer volvió a ser sombra. El triángulo dejó de parecer un símbolo y tuvo, por fin, una mano al otro lado.
Nerea intentó apartarse de Clara y no pudo.
El cuerpo le hizo un gesto raro, una sacudida breve desde el estómago hasta la boca.
Clara la sujetó por la cintura con una fuerza torpe y aflojó enseguida, avergonzada de haberla tratado como si pudiera romperla.
Mateo miró la pantalla y después a Luján.
Por una vez no encontró una orden que darle.
Ese hueco en su cara, esa falta de plan, la asustó más que aquella palabra en la pantalla. Clara apretó la cintura de Nerea.
—Interferencias —repitió, y la palabra pareció darle asco.
La pantalla izquierda mostró la cocina de Vilanova.
Clara de pie con el móvil en la mano, la chaqueta de punto de Carmen detrás.
No lloraba de frente. Se doblaba hacia dentro, cubriéndose la boca con una mano, como si quisiera impedir que algo le saliera.
INTERFERENCIA 1. VÍNCULO FAMILIAR. RESPUESTA: CONTENCIÓN. UTILIDAD: ALTA.
—Apágalo —dijo Clara.
No gritó. Eso lo hizo peor. La pantalla derecha encendió otra imagen: Mateo en el aparcamiento del Hospital Universal, tirando de Luján hacia el coche mientras ella forcejeaba.
La escena parecía peor sin ruido. Más limpia.
Más fácil de convertir en dato. INTERFERENCIA 2.
VÍNCULO DE PROTECCIÓN. RESPUESTA: EXTRACCIÓN.
UTILIDAD: MEDIA / RIESGO: ALTO. Mateo siguió con los brazos a los lados.
—Hijos de puta.
La pantalla central cambió. D-17 — RESPUESTA EMOCIONAL ASCENDENTE.
Luego Nerea en la consulta falsa, pálida, leyendo por encima del hombro de Luján.
Luego Damián en una imagen antigua, más joven, sin sangre, empujando una camilla por un pasillo que no tenía ventanas.
Luego Isaac en un ángulo exterior, entrando por una puerta lateral con el aparato bajo la chaqueta. Nerea se humedeció los labios.
—Nos están usando para calentarte.
La frase salió fea. Por eso sonó cierta. El trazo del suelo se encendió desde los pies de Luján hasta la silla. INVITACIÓN DE RECONOCIMIENTO. SOLO D-17. Clara la agarró por la muñeca.
—No te sientes.
Le temblaba la mano, pero apretaba fuerte. Luján miró esos dedos. Los mismos que de niña le quitaban arena de las rodillas, los mismos que aquella mañana habían firmado lo que ella no había sabido firmar.
—No iba a hacerlo.
—No te creo.
—Bien.
Damián parpadeó despacio. Fue mínimo. Un parpadeo más largo. Pero Isaac lo vio.
—¿Qué es Delta?
Damián guardó silencio. Mateo dio un paso hacia él.
—Damián.
—No digáis ese nombre aquí.
Damián tragó aire, no saliva; aire corto, sucio, de alguien que ya no podía permitirse teatralidad.
—Si pone pendiente, aún no ha cerrado —dijo—. Eso es… bueno, dentro de esta mierda, es lo único bueno. Cuando Delta cierra, no llama a nadie. Archiva.
—No os quieren muertas todavía. Os quieren entrando solas. Eso necesitan: poder decir que habéis elegido la puerta.
—Pues ya ha salido solo —dijo Clara.
El trazo avanzó un palmo más. La sala pareció oír la palabra y seguir con lo suyo. En el cristal opaco de la derecha apareció una sombra. No una imagen nítida. Una silueta al otro lado, muy quieta. Luján dejó de mirar la silla.
—Jan.
La pantalla central respondió antes que nadie.
A-2 — PROXIMIDAD CONFIRMADA. Una puerta sin marco se abrió al fondo con un golpe seco.
La alarma no sonó todavía. Primero llegó una sacudida fría.
Después la voz grabada de Carmen, rota por la estática, apenas un hilo saliendo de algún altavoz viejo: No mires esa luz, Lu. Damián se incorporó de golpe.
—Ahora sí. Fuera.
La sala blanca dejó de estar quieta. Algo empezó a moverse.