La Trilogía (Aventuras y Desventuras Húmedas #4) ¡¿QUÉ ES ESTO?! #3
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¡¿QUÉ ES ESTO?! #3

Dio otros dos pasos, rebasando el lugar donde estaba el sujetador tan bonito de su hermana y llegando donde su hijo se mantenía de pie con piernas temblorosas.

Había dado otro paso hacia atrás, topando el trasero con la mesa del escritorio, no tenía escapatoria y las manos le habían comenzado a sudar.

Aunque eso era lo de menos, la fiera que tenía en frente y tiempo atrás había sido su madre, era en verdad lo que le aterraba.

—¿Quieres que te lo diga yo? ¿Quieres que tu madre te diga lo que hiciste?

Sergio no contestaba y en su mente trataba de buscar un motivo a porque lo sabía, solo había uno… su móvil, no había más. Era imposible que Carmen se hubiera ido de la lengua.

—Vamos, ¿lo quieres, verdad? —Mari estaba a centímetros del torso desnudo de su hijo— Te la follaste, ¿a qué sí? Te la follaste bien follada. —Sergio solo miraba, atenazado por las palabras de su madre, abrió la boca levemente.

—Mamá…

—¡Ni se te ocurra llamarme, mamá, puto degenerado! —no gritó tanto como antes, pero incluso la ira le hizo sacar unos pocos esputos por la boca.

—Mari, déjame que…

—¿Qué? ¿Qué me lo expliques? ¿Quieres que escuche como mi hijo se folla a su tía? No, gracias, no me interesa. Solo quiero saber por qué eres un degenerado, ¿por qué te has follado a tu propia tía? —Sergio abrió la boca— ¡CÁLLATE! ¡No quiero saberlo, joder!

Mari se dio la vuelta para no volver a mirar a su hijo. Pensar en que Carmen y él habían estado retozando le ponía la piel de gallina, una sensación de asquerosidad la envolvía, pero también otra… la de ser traicionada.

—Y luego… me dejé llevar. —Mari recordó el momento en que su hijo la masturbaba bajo el pijama— Desgraciado… no contento con su tía, luego… después de ella… yo.

Una lágrima corrió por el rostro de la mujer, otra más que habría que sumar al innumerable agua que ya soltó a la mañana.

Sergio notó el subir y bajar de la espalda de su madre, estaba llorando, lo sabía.

Al momento escuchó el primer sollozo y dio un paso para quedar detrás de ella. Se atrevió a hablar.

—Lo siento… no quería que acabara así…

—No hables. Ni una palabra. No quiero que estés en esta casa.

—¿Cómo?

—Quiero que te largues de aquí —le dijo su madre con toda la autoridad que tenía, mientras sentía a su hijo a su espalda.

—Pero… ¿Qué? ¿Qué dices, mamá? ¿A dónde me voy a ir?

—No es mi problema, no quiero que estés en mi casa. No te quiero volver a ver… No sé qué me paso, pero no puedo arrepentirme más de algo que de lo que pasó en Madrid.

—¡¿Qué vas a dejar a tu hijo en la calle?! —Sergio se estaba poniendo nervioso, en verdad no sabía cómo arreglar aquello.

—Dile a la puta de Carmen si quiere acogerte, a mí no me importa.

—Mari, y ¿qué le digo a Laura, o a papá? —no sabía por qué camino tirar.

—Mañana mismo haces la maleta y les dices que te quieres independizar. —se dio la vuelta y volvió a mirar a su hijo a los ojos. Los preciosos ojos azules estaban vidriosos y con infinitas venas rojas que parecían hilos.

—No pienso irme.

—¡Te irás, punto! —los ojos de Mari estallaban en una ira acumulada— Te dejo que digas lo que te plazca, si no diré lo que hiciste con tu tía.

—Omitiendo lo nuestro, ¿verdad?

Mari se volvió a dar la vuelta completamente y le encaró con ganas, ambos estaban piel con piel como dos días atrás, pero los sentimientos eran muy diferentes.

—¡Eso jamás pasó! Un error que no me perdonaré en la vida.

—No lo dices en serio. —Sergio se sentía humillado, no quería escuchar aquello, porque sabía que no era verdad— Te encantó.

—No vuelvas a mencionar eso, ¡te lo advierto! Nunca pasó, es lo peor que me ha pasado en la vida.

Mari se dio la vuelta y anduvo con pasos fuertes y rápidos hasta la puerta. Estaba de lo más furiosa y quería dar por terminada la conversación, sin embargo, la estúpida adolescencia de Sergio hizo acto de presencia.

—¡Celosa!

—¡¿Cómo dices?!

La cabeza de Mari se giró en un brusco movimiento haciendo que todos sus pelos se movieran con agresividad al tiempo que sus ojos mataban a su hijo.

—Eres una celosa. Hasta que no te has enterado de lo de Carmen, lo de Madrid te encantó, igual que a mí.

Recorrió los pasos andados y volvió enfrente de su hijo, encarando al joven que ahora portaba un rostro soberbio que Mari no reconocía.

—Lo siento, Mari —su mente caliente por la rabia no podía soportar ser tratado así por su madre, él también quería repartir estopa. No se podía quedar callado…— Siento que te joda que haya estado con Carmen primero y que hayas sido la segunda, pero no estés celosa…

El viento se cortó en un rápido movimiento.

Un sonido silbante pasó al lado de Sergio y en un abrir y cerrar de ojos sintió un dolor punzante en la zona siniestra del rostro.

Su madre le cruzó la cara con ganas y rabia, apretando sus labios al tiempo que su brazo se alzaba y con la mano abierta impactaba en la cara.

Sergio giró la cabeza por el golpe y un zumbido le anegó el oído izquierdo. Abrió y cerró los ojos al momento para centrarse donde estaba, un poco más y le noquea con semejante tortazo.

De pronto un tintineo de llaves sonó en la puerta y la mujer corrió hasta el final de la habitación, para dedicarle una última mirada asesina y deletrearle con los labios.

—Última noche en esta casa.