DE VUELTA EN CASA
La llegada a casa fue como se temían, aduciendo ambos cansancio y cada uno reposando lo más lejos posible del otro.
Alguna que otra pregunta respondió la mujer a su marido, pocas la verdad, tampoco era que tuviera un interés increíble en saber qué tal se lo había pasado.
Con Sergio ocurrió lo mismo, sin embargo, era su hermana la que no paraba de preguntarle con verdadero interés, el joven respondía como podía, sin parar de pensar en su madre.
Fue una tarde en la que la separación entre ambos amantes de la capital parecía obligatoria.
Si uno estaba en la sala, el otro se iba a la cocina, si uno iba por el pasillo, el otro se metía en su cuarto.
Estuvieron evitándose casi todo el tiempo, tratando por un lado de retrasar la “curiosa” conversación que les esperaba y por otro lado, con miedo de que los otros dos habitantes notasen algo extraño.
No fue hasta después de la cena que ambos se encontraron sin querer en la cocina. Mari estaba depositando todos los platos en el fregadero, pensaba darles un poco de agua y dejarlos a secar, pretendía hacerlo rápido para irse al sofá al abrigo de su marido, y no ver a Sergio.
El joven había marchado al baño, solo un momento para volver y terminar con la cena.
Sin embargo en ese mismo instante en el que él dejaba correr su líquido a través de su miembro viril, su padre y su hermana se levantaban de la mesa.
Dejaron sola a Mari en la cocina, con prisas por terminar de recoger todos los platos, no obstante… no le daría tiempo.
Su hijo volvió con la idea de comerse una fruta que rápidamente se le olvidó cuando vio a su madre sola en el interior. El corazón le dio un vuelco, porque ella le estaba mirando, sabían que estaban solos y no era decoroso huir, aunque una parte de su cabeza se lo pedía.
No podía comprender por qué ese pavor a tener la conversación con su madre.
Con Carmen todo fue más fácil, no hubo ni que hablarlo, lo hicieron, gozaron, repitieron y…
repetirían. Pero el interior más profundo de su conciencia le decía cuál era el problema.
Carmen estaba lejos, la veía muy poco y era su tía.
Mari estaba en casa, la veía a diario y ERA SU MADRE.
Todavía en la puerta el pánico por entrar en la cocina era enorme, pero más temor le tenía a que apareciera su hermana y le viera así de pasmado, por lo que dio un paso, sintiendo que entraba en una cámara de torturas.
—Sergio.
La voz de su madre le congeló. Ni siquiera alzó la cabeza para mirarla, solo se quedó como estaba, delante de la nevera, con la puerta abierta y mirando unos yogures que tenían muy buena pinta. La fruta estaba demasiado cerca de Mari.
—Ven.
Como un perro fiel obedeciendo a su amo, cerró la puerta de la nevera y dio tres pasos a la derecha, los suficientes para colocarse al lado de su madre.
El aroma que la mujer desprendía le recorrió las fosas nasales, rememorando unas imágenes poco luminosas, pero muy vividas. Aquello no era un perfume, era simplemente el olor característico que desprendía su cuerpo y mientras estaban en la oscuridad de aquella cama, lo sintió tan gratificante…
—Si se puede, hablamos mañana. Hoy ya es tarde y estoy cansada.
Mari quería evitar la conversación a toda costa, pero en algún momento tenía que salir a la luz. Vivían juntos era imposible evadirse todos los días, debían terminar con eso, la cosa era que la mujer no sabía qué decirle.
No es que le hubiera gustado, es que el sexo con Sergio fue de un nivel superior, aún sentía el calor nacer en su cuerpo cuando recordaba todo el miembro del joven en su interior.
Sin embargo la pega de tener un lazo familiar tan estrecho la hacía sentirse asqueada con ella misma, una situación insalvable e incompatible.
Deberían mantener el secreto para que no volviera a repetirse, aunque…
un pequeño demonio en su interior la decía “Si es en secreto, ¿por qué no?”.
—Mañana vuelvo a la universidad, pero a la tarde estoy aquí.
—Bien.
No hubo más que decir, los dos supieron que la fecha para la conversación había sido fijada y ambos dejaron de mirarse. El joven partió sin fruta, ni yogur, directamente a su cuarto para poder dormir, la tensión lo había matado.
Mari hizo lo mismo, viendo que su hijo estaba en el cuarto, se marchó al suyo diciéndole a Dani que ya se iba a dormir, quedándose este junto a su hija viendo una película a la cual ambos prestaban atención.
La mujer se metió en cama con un gran suspiro, como si se hubiera salvado del ataque de un oso salvaje, sin embargo, mañana lo tendría que volver a ver.
Cerró los ojos a la par que su hijo hacia lo mismo a escasos metros.
Estaban en la misma casa, pero esta vez separados por varias paredes, no como veinticuatro horas atrás, donde ambos compartían cama.
En la mente de la mujer, todo comenzó a funcionar, la imaginación voló como solo lo hace antes de dormir. El cerebro se puso a juguetear con los recuerdos, dejándole algunos para que los viera con total nitidez y otros deformándonos esperando convertirlos en sueños.
Mari no pudo frenar aquello, estaba demasiado cansada y dejó fluir todo lo que su cabeza le daba.
Las sensaciones de la noche anterior la empezaron a turbar, la imagen de ella encima de su hijo se volvía más clara y no tan oscura como era en realidad.
Las piernas de la mujer se apretaban bajo las sabanas debido a un picor muy caliente que amanecía como el sol.
Ahora ya no estaba encima, si no de rodillas frente a un gran mural mientras una bestia la golpeaba con fuerza con su terrible miembro masculino.
Su hijo estaba allí detrás, volviendo a hacer que sintiera el paraíso en la tierra.
Aquellos innumerables centímetros en su interior, tocando los millones de nervios de su vagina y haciendo que los fluidos manases como nunca Dani se había acercado.
El sueño pareció vencerla mientras sus piernas apretaban y rozaban con fuerza un sexo hinchado y caliente.
Se iba a dormir, justo en el momento que recordó lo que pensó mientras lamia el dichoso mural.
Le hubiera gustado comer aquel pene, meterlo en la boca, ver cómo le daba placer y el hombre…
su hijo se derretía de gusto. No se podía engañar, todavía le quedaba mucho por disfrutar con el joven o al menos…
se daba cuenta de que eso era lo que quería.