La Trilogía (Aventuras y Desventuras Húmedas #4) LA GUINDA DEL PASTEL #4
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LA GUINDA DEL PASTEL #4

Los minutos pasaron y el temblor cesó, menos mal, todavía algún que otro espasmo le hacía palpitar sus piernas sin parar mientras gemía en susurros.

Carmen se incorporó limpiándose un poco de saliva que había escapado en su momento de máximo placer y lanzó una ojeada a su sobrino totalmente feliz y con un gesto de leve vergüenza.

—Estuvo… bien…

Ambos rieron y la mujer quedó rendida en la cama sin mirar a su sobrino, solo con la vista fija en el techo y descansando de un orgasmo que la había “matado”.

Sergio aprovechó a ponerse de pie y salir un poco de la habitación. Tenía que andar, las piernas se le habían entumecido de tanto ejercicio. Cogió el móvil y vio una llamada de su madre “mierda, se me ha olvidado pegarla un toque”.

Salió al balcón comentándole a su tía que iba a hacer una llamada, Carmen ni siquiera le escuchó y si lo hizo, no estaba para enterarse. El joven marcó el número y después de dos tonos su madre contestó.

—Espero que solo sea que se te ha olvidado y que no te haya pasado nada.

—Lo siento, mamá. —pidió perdón aunque la voz de su madre sonaba más a broma que a reproche— Con deshacer la mochila, el comer y eso, se me fue. Por cierto, muy rico el bocata.

—Gracias, cielo, y no pasa nada. ¿Te lo estás pasando bien?

Sergio abrió el balcón, sin reparar en el temporal que arremetía en el exterior y salió tal como estaba, totalmente desnudo, por lo menos se ventilaría.

En la calle nadie le podía ver, lo que tenía enfrente era un almacén de patatas abandonado y quizá algún vecino pudiera observarle, si es que quedaba alguno por aquellas viejas casas.

Además, ¿Quién iba a estar en la calle con semejante clima?

—Me lo estoy pasando de cine. Necesitaba salir un poco y despejarme.

—Has tenido un mes duro, con lo de Marta y los estudios. —la voz de Mari sin saber por qué le gustaba, parecía que no hablara con su madre, sino con una amiga.

—Aunque también he tenido muy buenos momentos, sobre todo cuando fuimos al cine.

—Fue fantástico.

Carmen apareció por detrás del joven y escuchando la voz de su hermana se mantuvo en silencio. Rodeó el cuerpo de su sobrino con sus brazos y besó lentamente su cuello.

—Mamá, he pensado en una cosa. —Carmen le cogió la mano que estaba libre y le metió de nuevo en la casa cerrando el balcón— Me acuerdo de que me hablaste de que querías ver el rey león.

—Sí, el musical.

—Pues he pensado en algo… —su tía le sentó en una silla. Arrodillándose delante de él, la mujer con todo el descaro y sin avisar, se apartó el pelo de su rostro y por a saber qué vez… volvió a meterse la polla de Sergio en la boca— Si tú quieres claro…

Sergio no podía sacar los ojos de la felación que su tía le hacía, quería poner toda su atención, pero en el teléfono esperaba su madre.

—¿Sergio?

—Perdón. —apretó los labios para quitarse el placer que le venía— ¿Quieres que vayamos juntos?

—Pues… Sí, claro. —a Mari, a kilómetros de distancia el corazón se le empezó a acelerar— Ya cuando vuelvas si quieres miramos para este verano.

—No —contestó con rapidez Sergio mientras el calor en sus genitales se amontonaba y su tía lamia sin parar su prepucio—. Lo voy a mirar este mismo fin de semana y si se puede, vamos el siguiente.

—Bueno, no sé… ¡Qué leches! Vale… Me gusta la idea. —Mari se sentía más hablando con su amante que con su hijo. Notaba cierta culpabilidad, pero a la vez una insaciable sed por estar a solas con Sergio.

El muchacho se levantó sin poder aguantar más, se colocó delante de su tía y mientras le sacaba el pene de la boca, se comenzó a masturbar delante de ella que seguía arrodillada.

—Pues hecho. Lo gestiono. —su respiración comenzó a ir cada vez más rápido, como la mano que subía y bajaba la piel— Hablamos mañana. Te aviso cuando salga.

Carmen esperaba paciente mientras aquella situación le hacía perder el norte.

El morbo se le salía por los poros al tiempo que veía como su sobrino iba a eyacular sobre ella y hablaba con su hermana por teléfono.

Posó su mano en los genitales del joven acariciándolos mientras movía los labios diciéndole en silencio “córrete”.

—Vale, mi vida. Gracias por acompañarme.

—Gracias a ti por ser mi compañera.

Sergio apartó un poco el teléfono de su oreja y aceleró más su frenética masturbación. Colocó el pene muy cerca de los elevados pechos de su tía y unos disparos comenzaron a salir como locos. No fue igual que en el coche, pero Carmen a cada uno que notó, se estremeció de placer.

Con los ojos cerrados el muchacho cayó sobre la silla con fuerza mientras volvía el teléfono a su oído y lograba escuchar las últimas palabras de Mari.

—Nos vemos mañana. Te amo.

Con la mirada algo borrosa y tragando saliva debido a una garganta agarrotaba, Sergio abrió los ojos, viendo como su tía con todos sus fluidos por el pecho, comenzaba a limpiarle su miembro.

Se humedeció los labios y pensando en lo mucho que se asemejaban ambas mujeres, pensó que los momentos tan íntimos con su tía, ojalá los tuviera con su madre.

Con aquel último pensamiento y notando como la lengua de Carmen le limpiaba los últimos rastros, contestó a su progenitora a cientos de kilómetros de distancia.

—Te amo.