UN NUEVO PROBLEMA #2
Laura se fue a dar la vuelta, seguramente para seguir insultando a su hermano, pero este le colocó la mano en la espalda para que se tranquilizara, la chica se quedó quieta. El joven comenzó a pasar su mano por encima de la camiseta del pijama y mientras la acariciaba con ternura prosiguió.
—Veo que te ha dolido mucho, no sé muy bien el porqué, pero da lo mismo. No te puedo ver así, se me parte el alma cuando estás mal, Laura. Por lo que me da igual porque te haya sentado mal, solo te pido perdón cuantas veces quieras. Perdón, perdón, perdón, perdón, perdón…
—Ya vale, pesado.
Aquella última gracia le había sacado una leve sonrisa y el roce de su hermano contra su cuerpo la estaba aliviando, aunque la pena no se marchaba.
—Mira, vamos a arreglar todo esto muy rápido para que todo vuelva a ser como antes, ¿te parece bien?
Laura alzó los hombros mientras volvía a sorber los mocos que trataban de salir de las fosas nasales.
No vio cómo su hermano, se tumbaba con ella en la cama y le abrazaba como podía con ambas manos, sumergiendo una bajo la almohada y otra rodeando su cintura.
La apretó con fuerza y la joven se sintió feliz, muy feliz, como si todo se pasara, aunque algún resquicio de odio todavía anidaba en su interior.
—No entiendo… —a Laura le costaba hablar— por qué lo has hecho. Hay muchas chicas en el mundo, ¿por qué justo con una amiga mía? Y además, Alicia…
—No es su culpa, es solo mía, fue… —¿en verdad era así?
, ¿Eso era lo que pensaba? Sí— un error.
Estoy fatal con Marta… bueno, seguramente lo vamos a dejar, si no es que lo hemos hecho ya.
Imagínate como estamos que ni lo sé. Creo que se me fue la cabeza y aproveché ese momento para…
para… no sé para qué. —resopló golpeando con su aliento el pelo de su hermana— Quizá para sentirme hombre o para desfogar, ni idea.
—Lo siento, por lo de Marta. —Laura agarró con fuerza la mano de su hermano que reposaba en su vientre— No sabía nada, si te puedo ayudar cuenta conmigo. —recordó que estaba enfadada y añadió— Me ha dolido mucho… solo dime, ¿vais a tener una relación?
—¿Con Alicia? —ella asintió— No, para nada.
Laura ignorante del porqué, se alegró al escucharlo, no quería a su amiga de cuñada y por otro lado… no la veía una buena chica para su hermano mayor. Aunque si lo pensaba a conciencia, sabía que a sus ojos no habría ninguna buena.
Agarrando la mano de su hermano se sentía mejor, mucho más aliviada. El saber que Sergio no quería nada más allá de un rollo con su amiga, la reconfortaba, “¿Por qué solo ha sido eso?, ¿Habrán follado?”. No quiso saber la respuesta.
—¿Me lo prometes, Sergio? —el muchacho la dejó hablar— ¿Me prometes que nunca más te vas a liar con ella?
Con un beso en la cabeza la respuesta era más que obvia, no le hacía falta a Laura escucharlo de sus labios, aunque añadió otra cosa para matizar.
—Bueno, ni con ella, ni con ninguna otra de mis amigas…
—Lo que tú digas, enana —le susurró cerca de la oreja, algo que hizo que la piel de Laura se erizase—. Una cosa, ¿por qué te molesta?
—Contéstame tú a una cosa, ¿te gustaría que me liara o me tirase a uno de tus amigos?
“Dios, NO” gritó la mente de Sergio. No lo había visto de esa manera, en ningún momento había empatizado con su hermana y puesto en su lugar.
Aunque a su modo de ver era diferente, ella era su hermanita, la pequeña de casa, era normal que no quisiera.
Sin embargo su mente le hizo recapacitar y pensar que para ella, él era su hermano mayor y eso pesaba mucho.
—No, para nada.
—Entonces me entiendes un poco. —sintió otro beso en el cabello que volvió a calmarla, el llanto había cesado y el calor de su hermano la había relajado— Al principio, no me lo creí.
Cuando me lo dijo pensaba que estaba de broma, que me quería vacilar, pero cuando me lo juró no entendí muy bien cómo podía ser posible.
—Espera, —cortó Sergio— me gustaría saber una cosa, ¿te lo ha dicho ella directamente?
—Pues sí. ¿Quién si no?
Sergio se separó de pronto de su hermana y levantándose enfadado de la cama. Laura maldijo por lo que había dicho, con lo a gusto que estaba…
—Pero, ¿para qué te dice nada…? Será… La dije que no contara nada, que tenía que arreglar unas cosas y hablaríamos.
—¿Eso es verdad? —preguntó su hermana sentada en la cama.
—¡Qué va! Se lo dije porque no sabía cómo salir del paso —el volumen de Sergio aumentaba, realmente aquello le había molestado.
—Me dijo que se sentía mal por mí y que me lo tenía que contar, la verdad que me pareció extraño.
—No se sentía mal para nada, te lo digo con total seguridad. —Sergio cogió su móvil y abrió la conversación con la amiga de su hermana— Mira, por si tienes dudas de que algo vuelva a pasar.
Sergio comenzó a teclear y Laura se sentó a su lado en la cama, observaba como en la pantalla del móvil su hermano saludaba a Alicia de lo más normal.
Mientras esperaba que la chica contestase, leyó lo que la pantalla le permitía, casi todo eran frases normales que se podrían decir entre dos amigos, eso por algún motivo, la dejó un mejor cuerpo.
—¿Qué tal, Sergio? —leyó Laura el mensaje de su amiga.
—Conque le has contado a mi hermana lo nuestro… —las manos de Sergio echaban humo y Alicia esperó a contestar.
—Sí, es que me sentía mal por ella…
—¿No te dije que no dijeras nada? ¿Para qué vas y se lo cuentas justo a mi hermana? Le has hecho pasar un mal rato a lo tonto, incluso se ha puesto a llorar.
A Laura leer aquello por un momento le causó vergüenza, pero no le importó, sentirse al lado de su hermano, notar su calor, su cuerpo, la hacía estar tan protegida, que daba lo mismo.
—Joder, no me lo esperaba. En verdad… no te puedo mentir… lo hice para captar tu atención. Tío es que has pasado de mí todo este tiempo, ni un poco de caso.
—Te dije que tenía exámenes, este mes es muy jodido, necesito mi espacio para estudiar.
—Sergio vio una clara la oportunidad de acabar con todo y no la desaprovechó— No me esperaba que fueras así.
Me he llevado una desilusión, pensaba que teníamos posibilidades de que esto fuera a más, —mentira y gorda— ahora se acabó.
—No soy así, Sergio. Lo que pasa que no me has dejado otra.
—No has tenido paciencia y punto, voy a borrar tu número, Alicia. Qué chasco me he llevado… —quizá se estaba pasando un poco, pero todavía sentía el dolor de su hermana muy presente. En verdad, estaba siendo el rey del drama.
—¡No flipes! ¿Por esto ya no vamos a quedar?
—NO.
—Eres un capullo y una mierda, ¿solo por esto me dices que no…? No tienes valor a decirme la verdad y ya, eres un cagón. Que sepas que me voy a encargar de que se entere tu novia y te joda por cabrón.
—Tú misma, si quieres hacer daño gratuito a una segunda persona, adelante. Además que con Marta está todo acabado. ¿Y dices que no es para tanto…? Hacer daño a mi hermana, sí que lo es.
De la misma que borró la conversación y bloqueó a Alicia del móvil, sintió que caía un peso de su cuerpo, liberándose de una de las losas que lo ataba. No había sido la mejor forma y seguramente que al cabo de unos días se sentiría mal, sin embargo, tenía que hacerlo.
—¿Te ha molestado mucho que llorara? —la voz de Laura le hizo volver a prestar la atención que requería. Con tanto teclear se había olvidado que estaba allí.
—Por supuesto, eres mi hermanita y por ti lo daría todo.
Por un momento Laura se sonrojó, oír las palabras de su hermano tan sinceras, tan puras le hizo sentirse la más dichosa del mundo, no podía ser más feliz.
Curioso como una “desgracia” para la jovencita, acabara en algo maravilloso.
Miró a la pared por no mantener la vista por más tiempo en su hermano, le daba algo de vergüenza, como en el colegio cuando un chico le gustaba.
—Por cierto, antes de irme.
Sergio se levantó y sacó del bolsillo la pulsera de su hermana. Se la enseñó y ella se miró la muñeca buscándola, no se había dado cuenta de que la había perdido. Sin levantarse alzó su brazo derecho y Sergio se la colocó a la perfección, como siempre debería haber estado.
Laura se levantó para estar a la misma altura y con los brazos rodeó a su hermano propinándole un fuerte abrazo.
Notó como Sergio hacia lo mismo y ambos se fundieron en unos cuantos segundos mientras sus padres eran ajenos a lo que pasaba en aquella habitación, solo los dos eran testigos del amor que se procesaban.
Sergio bajó la mirada y al mismo momento la joven la subió, conectando con aquellos ojos que tantas veces se habían mirado, aunque ahora se veían más sinceros…
más amorosos. Los labios del muchacho se cerraron y descendieron con lentitud hasta el rostro de su hermana.
Ella lo esperó con ganas y cuando el beso estaba a punto de impactar en su mejilla, giró levemente su rostro para devolverle el arrumaco.
Ambos se quedaron por dos segundos disfrutando del beso del otro, cada uno en una mejilla, pero muy cerca de la comisura de los labios, cerca de un límite que no debe ser traspasado.
—Te quiero mucho, Sergio, quiero que siempre lo sepas, pase lo que pase, haga lo que te haga… te quiero.
—Y yo, tata… y yo.