La Trilogía (Aventuras y Desventuras Húmedas #4) ECOS DEL PASADO
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ECOS DEL PASADO

La cena fue de lo más tensa, no en el grupo, sino por el muchacho.

En silencio meditaba que querría su ex, a que venía aquella conversación.

Recordó si tenía algo suyo que quisiera recuperar, pero no daba con ninguna cosa.

De fondo su madre y su hermana hablaban de algo referente a los estudios, o eso creyó.

Su atención en ellas era nula hasta que terminó y sin casi decir nada, las dejó hablando sin ni siquiera despedirse.

Volvió a paso rápido a la habitación. Sus manos temblorosas delataban su estado de ánimo, estaba nervioso como pocas veces. Lo que no sabía bien era a que se debía, el detonante era Marta, eso estaba claro, pero ¿qué le ponía nervioso? ¿La ira? ¿Lo que quería la chica? Ni siquiera lo pensaba.

La luz del móvil parpadeaba encima de la cama, la contestación había llegado.

Se abalanzó hacia el aparato, sintiendo un dolor en el vientre debido al nerviosismo que le estaba inundando.

“Solo será una conversación normal, nada más” pensaba, aunque no lo tenía tan claro.

Era la primera vez que hablaban desde que lo dejaron y en todo este tiempo solo se cultivó el resentimiento.

Pero con el móvil en la mano, otro sentimiento afloraba, uno que iba de la mano de su abstinencia sexual.

—Quiero ir al grano. Sé que igual es tarde, hace mucho que no hablamos, pero no puedo quitarme de la cabeza lo mal que acabamos, me gustaría poder hablarlo contigo.

—Si tienes algo que decirme, dímelo. —a Sergio los dedos le temblaban, no entendía por qué no la mandaba al infierno. Era una mujer que le había hecho un daño terrible, sin embargo, la daba pie a hablar.

—Por aquí no. Quiero que hablemos cara a cara, esto es muy frío.

“Será desgraciada, ¡Si cortaste conmigo por aquí!” pensó hecho una furia, para al segundo siguiente, respirar bien hondo y tratar de serenarse a duras penas. Cuando el volcán en el que se había convertido bajo de intensidad, volvió a escribir.

—Mañana, después de las clases de la tarde, voy a ir a la biblioteca que tengo que terminar un trabajo. —en verdad, lo tenía que empezar.

—¿Te importa si te acompaño y lo hablamos? Yo también tengo que estudiar.

—Puedes hacer lo que quieras, no tengo problema.

Sus intentos por parecer indiferente parecían dar sus frutos o eso se creía el joven en su ingenua cabeza.

Dejó el móvil y se tumbó pensativo en la cama, no conseguía averiguar qué era lo que quería Marta. Recordó sus buenos tiempos, porque sí, los malos habían opacado todo, pero al principio hubo momentos de risas, de complicidad… con el tiempo todo aquello había cambiado. ¿Qué Marta se encontraría?

Sacudió su cabeza para dejar de pensar en ello, puesto que sabía que lo siguiente sería fantasear con que Marta quisiera ser su pareja de nueva.

Una idea del todo negada para el Sergio de agosto, pero que el Sergio de ahora, daba una pequeñísima oportunidad.

Sin embargo, la mayor parte de su cuerpo pensaba que sería una aberración, algo inimaginable, no volvería con ella jamás, se lo había prometido a sí mismo, cumpliría esa promesa.

Pasando por un rato del móvil, se acercó hasta el baño para ducharse.

La cabeza le daba vueltas, la idea de ver al día siguiente a Marta le había descolocado.

Tenía mil dudas, sobre todo ¿cómo debería reaccionar?

¿Debería insultarla por todo el daño que le había hecho?

No. Se prometió mantener la calma y una vez escuchase lo que tendría que decirla, contestarla, estudiar y punto.

Además siempre le quedaba la opción más valiente de recoger, levantarse e irse con paso rápido.

El agua caliente le comenzó a recorrer la espalda.

El chorro golpeaba en su nuca con fuerza propinándole un grato masaje.

En su mente solo cabía una persona, que incluso había desbancado a su tía, algo imposible por aquel entonces.

Se masajeó la cabeza mientras el champú se convertía en una masa de espuma que le bajaba por el cuerpo. Se encontraba tan a gusto.

Los malos pensamientos desaparecían. El dolor de la “traición” se había disipado y los paseos de la mano, las visitas al cine, incluso los primeros viajes en coche eran los que se habían apoderado de él. Pero aún más otra cosa.

Su vientre estaba vibrante, puesto que unos momentos muy especiales vinieron a su mente… sus primeros coitos. Los primeros meses de fogosidad absoluta. Las primeras veces que desataron el amor juvenil hasta límites casi de muerte por agotamiento, esos… sí que fueron grandes momentos.

La imagen de Marta le saltó delante de él.

Su cabello rubio con sus ojos de color verde brillando en frente de su rostro.

Un cuerpo menudo, siempre delgado y alejado de las curvas de su tía.

¿Cuánto tiempo habían pasado bajo sabanas, gimiendo y gozando de placer?

No lo recordaba. El sexo casi siempre había sido satisfactorio, hasta la fase final donde se volvió rutinario y aburrido, ya que la gran mayoría de veces, desempeñaba todo el trabajo.

Sin darse cuenta, la sangre había ido a acumularse en una parte de su cuerpo que hacía tiempo solo su mano conocía.

Como no podía ser de otra manera, cuando vio que su miembro le saludaba, lo rodeó con los dedos.

Apretando con fuerza, su piel se estiró hacia abajo, floreciendo un capullo rojizo que hacía mucho que no le daban el uso que se merecía.

Daba la sensación de que hoy le tocaría entrenar.

La imagen vivida de su exnovia no se iba de sus ojos.

Agarraba sus menudos pechos mientras ella le tocaba en su entrepierna.

La mano del joven movía arriba y abajo su miembro sin parar al tiempo que su imaginación volaba.

La recordó con piel morena, de vuelta de sus primeras vacaciones donde se había quedado totalmente dorada.

Justo aquel día al llegar, tuvieron un gran coito, ya que sus padres no estaban en casa.

Lo recordó a la perfección mientras el placer bajaba por su espalda.

Acabaron en la ducha, una semana de acumulación mientras ella le hacía un sexo oral apoteósico “¿fue el mejor día?” Se decía mientras la velocidad de su mano se volvía agresiva.

Era como si viajase al pasado, se veía allí mismo, donde estaba ahora, pero tiempo atrás.

Marta sujetaba con una mano su sexo y con la otra agarraba el mando de la ducha apuntándole a sus genitales.

Fue magnífico, el semen salió disparado haciendo que la chica se riera y sorprendiera a la vez, eso sí, la manchó solo ligeramente, haciendo que la muchacha rápidamente se limpiara, jamás le gustó.

Si la llega a dar todo lo que salió de los genitales de Sergio…

tuviera que haberse duchado mucho más a fondo.

Fue entonces que las piernas le temblaron, se tuvo que apoyar en la mampara para no perder el equilibrio, mientras sus fluidos salían disparados hacia el plato de la ducha.

No fueron tan abundantes como aquella vez, pero había una buena cantidad.

Su corazón se pausaba al tiempo que sus pulmones recogían todo el aire que podían.

El placer que todavía le cosquilleaba la entrepierna, fue tal que la comparación con los coitos con su tía, eran inevitables.

Con Carmen la sensación fue abrumadora, pero por muy extraño que le pareciera, esta vez y con Marta en su pensamiento, había sido fabuloso.