JACUZZI #3
A Sergio cada parte del cuerpo le fallaba excepto una.
Solo un hilo de voz surcaba su garganta, aunque no le hizo falta más, su madre sin comprender mucho, giró su cabeza y miró a su hermana.
Sergio se levantó del agua, su bañador estaba demasiado ceñido debido a lo que tenía guardado.
Un bulto enorme, gordo y duro como el diamante surcaba desde el medio de su entrepierna hasta casi el final de la corta pernera derecha del bañador.
Mari no estaba mirando, pero Carmen por supuesto que sí. Vio caer el agua caliente por su cuerpo y en especial por el bañador. La fina tela que guardaba un tremendo bastón se pegó de manera perfecta a la piel del joven, uniéndose ambas y dejando el relieve en una perfecta visión.
Todavía con el bañador tapando lo poco que podía, a la tía, le pareció mucho más grande, “¿es posible?” Se preguntó sin quererlo, aquello era un verdadero titán.
Todo el calor se le concentró en la entrepierna y de pronto, al ver como su sobrino se ponía totalmente erguido y la serpiente de su entrepierna luchaba por salir, todo explotó en su interior.
—¡Jo-der! —dijo casi atragantándose sin poder contenerse ni por un solo momento. Si no llega a decirlo, le hubiera dado un infarto.
La otra mujer que estaba mirando a su hermana. Vio primero el rostro enrojecido de la mujer, la sorpresa, la incredulidad, los ojos azules abiertos al máximo parecían salirse de sus órbitas y su cara de estupefacción hablaba más que sus palabras. El instinto la llamó “¿Qué pasa?”.
En lo más profundo de su conciencia, seguramente supo al instante que es lo que realmente ocurría.
Sabiendo de antemano que su hijo no quería que viera aquello, o quizá Mari realmente no tenía ni idea de lo que sucedía.
Por simple curiosidad, cuando escuchó como de los labios de su hermana salía semejante palabra dicha con tanta intensidad, comenzó a girar su cabeza hacia la dirección de Sergio, con toda la inocencia de su mente.
Estaba a punto de divisar a su hijo. Carmen se dio cuenta, aunque era demasiado tarde para hacer algo. Los ojos de Mari se fijaron en el joven, estaba de pie, no había nada que llamara su atención, era el mismo Sergio de siempre o no…
—¡DIOS…! —salió de su boca, justo cuando el tremendo bulto de su hijo llamó su atención. Para después notar las manos de su hermana tapándole la visión— ¡… MIO!
Con las suyas propias, giró la cabeza y también se tapó los ojos.
“¿Qué es eso? ¿De verdad, era… era… su… polla?”.
El corazón le latía a mil por hora, estaba atorada y la respiración se le aceleró.
Sus ojos habían hecho contacto con un bulto enorme, casi temible.
El bañador pegado debido al agua le hizo ver lo que su pequeño guardaba casi a la perfección, observando como la punta, por milímetros no escapaba por uno de los lados.
—Lo siento… —escuchó la voz de Sergio mientras unos pasos rápidos salían del baño y luego de la habitación.
Separó sus manos y las de su hermana y ambas se miraron durante unos segundos hasta que escucharon la puerta del cuarto de su hijo cerrarse. El silencio entre ellas se cortaba, alguien tenía que decir algo.
—Lo has visto ¿verdad? —preguntó Carmen, algo obvio. Su tono denotaba preocupación, era sin duda algo impactante para una madre ver así a su hijo. Mari asintió.
No sabían que decir, era una situación de lo más extraña, habían visto el pene tanto a su sobrino como a su hijo, aunque Carmen ya lo observó y probó con anterioridad. Se tenía que hacer la tonta, sin embargo, no sabía que decir, prefería que Mari fuera la que hablara, para algo era su madre.
Esta se llevó una mano al pecho notando su corazón y su respiración desbocados de tal manera, que sus duros pechos estaban fuera del agua. Pero no le importaba, eso era lo de menos, miró a su hermana para decirla.
—Perdona… me ha sorprendido… —resopló y añadió— es que no me esperaba eso… fue sin querer… te oí y… y… me siento incluso mal.
—Tranquila, cariño, es algo normal, está con las hormonas revolucionadas… es un adolescente.
—Ya, pero… Carmen, estamos tú y yo… su madre y su tía.
—Era una situación… extraña. Al final somos dos mujeres… estamos bien… casi desnudas… puede haber posibilidades de que pase. Además, ya sabes que esa parte piensa sola. —señalándose como si tuviera un pene.
Ambas dieron un sorbo a sus copas para serenarse y Mari se echó agua en la nuca para enfriarse un poco.
Misteriosamente o no de forma tan misteriosa, pero el calor de su cuerpo había aumentado, quizá por vergüenza o por otra cosa.
Además… ¿Qué había dicho en su mente?, no lo recordaba, ¡ah, sí!
Hacía mucho que no decía esa palabra… POLLA.
—Dices que te ha sorprendido —le dijo Carmen con seriedad— pero, ¿no se la habías visto? —y añadió mintiendo— A mí sí que me ha impactado…
—Sí, pero… era desde lejos… algo tapado… ver el pe… —no se atrevió a decirlo en voz alta— así de pronto, pues…
—Te digo una cosa —le dijo Carmen envalentonada por el alcohol— a mí verla no me ha sorprendido, o sea sí, claro… no me lo esperaba, —mentira— pero más lo otro…
—¿Qué otro? —preguntó su hermana algo ida.
—Chica… ¿El tamaño? —una risa tonta surgió de su boca e instantáneamente a Mari se le pegó.
—Ya… bueno, ya lo hablamos…
—Tú tenías una idea, —haciendo un gesto con la mano simulando la longitud— pero a mí… sí que me ha pillado de pronto.
—¿Por qué dices que lo sabía?
—La vez que le pillaste…
—Dios, si… lo siento, estoy algo en shock. —recordó aquella escena, estaba lejos, desde la puerta no la vio bien. Sin embargo ahora sí que la había visto, estaba a centímetros de su cara, aunque estuviera tras la tela, casi la podía sentir— Pero, no recordaba que fuera tan… pues eso…
—No creo ni que la recordases.
Ambas se echaron a reír sin saber muy bien por qué, seguramente por el alcohol en vena que tenían y el nerviosismo que a Mari le abordaba todo el cuerpo.
—Mejor será salir —dijo esta una vez cesó su risa.
—Sí, esto ya no puede ir a mejor… —riéndose todavía en un claro tono de broma.
Las dos se secaron y Carmen le dejó a su hermana un pijama para dormir, aunque no lo necesitaba seguía teniendo mucho calor. Cuando fue en dirección hacia su habitación, le dijo a su hermana.
—¿Te importa que duerma contigo?
—No, pero…
—Es que —le cortó Mari antes de que preguntara— me siento rara, no sabría explicártelo. No sé el porqué, pero no me apetece dormir sola. Incluso me da vergüenza salir de la habitación… —esto último a Carmen le recordó cuando su hermana era pequeña y vivían en casa de sus padres.
—Bien, Mari. Vamos, entra en la cama.
Ambas se metieron en cama y al de pocos minutos estaban dormidas. El sueño fue largo y reconfortante, como buenas hermanas soñaron algo similar, con algo… que vieron en el jacuzzi, pero que a la mañana siguiente no recordarían.