¡CORRE, CARMEN ESPERA! #5
Sergio la podía ver, apenas tenía una pequeña mampara que cubría un tercio de la ducha, el resto era abierto y muy amplia. La podía observar si tuviera algún problema… y por placer personal.
—Ha sido el mejor de mi vida, no te miento. —Carmen necesitaba ser sincera, porque… era la mayor verdad que había dicho en su vida.
—El mío también, estoy reventado.
—No me lo creo, ¿no has tenido mejores con Marta u otras? —sentía curiosidad mientras se enjabonaba los pechos, quitando así el curioso tacto del semen.
—Para nada. —no dudo.
—No paras de halagarme, cariño, te lo mereces todo.
—Bueno, con lo que me has dado ya fue más que suficiente.
—Te mereces más. Entonces —tenía una cosa en la cabeza que le hacía gracia— ¿te ha gustado oír a tu vieja tía, decir polla y otras cosas?
—Me ha puesto muchísimo, nunca te había imaginado diciendo tales cosas… es normal.
—Es que estaba supercachonda. Te diré, que te has venido muy arriba, me estabas dando muy fuerte.
—¿No te ha gustado? Lo siento, me he dejado llevar —Carmen le fue a cortar rápidamente.
—No, no, al contrario, me ha encantado. Me he sentido una adolescente, llena de vitalidad. Por cierto, tú… no te… —señalando a su pene mientras notaba como el agua caliente le caía por el cuerpo.
—No, solo una vez, pero me he quedado bien a gusto.
—Cariño, tenemos tiempo, ¿por qué no… te duchas conmigo?
—Tía, si entro, no creo que acabemos duchándonos.
—Bueno… quizá eso busque —el calor volvía a ella, “¿Cómo puede ser?”.
Sergio entró decidido, el agua caía como lluvia por el cuerpo de Carmen que aún le esperaba dándole la espalda. Este pasó sus manos por la espalda, subiéndolas lentamente hasta alcanzar los hombros, donde apretó dándole un masaje en los trapecios.
—¿Doble placer? ¿Primero sexo y luego masaje?
—Se hace… —acercó sus labios al cuello de esta y le besó con erotismo— lo que se puede.
—Dios… Sergio, no sé qué provocas en mí…
Pasó ambas manos intentando rodear el cuerpo del joven, aunque no pudo, solo lo consiguió atraer más a su espalda, notando como el sexo de su sobrino impactaba entre sus nalgas.
—Aún falta para que venga mi madre, ¿no? —dijo Sergio mientras mordía el cuello de Carmen.
—Mmmmm, sí… —subió una de sus manos y agarró la cabellera del joven para que no parara— Tardará un rato más, no estaría bien… que nos viera.
Las manos de Sergio rodearon el cuerpo de la mujer, la primera en dirección al pecho izquierdo, aprisionando el pezón entre sus dedos y jugueteando con él. Mientras que la otra, bajó hasta el clítoris que estaba durísimo y lo empezó a masajear.
—Si nos viera… no creo que aprobara esto.
—¿Hablas tan tranquilo de tu madre, mientras me metes mano? —le comentó su tía mientras volvía a sentir el placer por todos lados.
—No tengo problema… podría incluso mantener una conversación sobre ella mientras lo hacemos.
—Madre mía, —resopló con fuerza notando las ganas de tener sexo que de nuevo rebosaban su cuerpo— eres un guarro.
Miró a su sobrino con el rostro rojo de pasión, el mismo que tenía el joven. Sin dejar de mirarse, este detuvo sus manos, dejando de masajear la parte delantera del cuerpo de Carmen para posarlas en la espalda, haciendo que esta se doblara lentamente.
La mujer se quedó apoyada contra los azulejos mientras su trasero se abría cada vez más al chico.
El contraste del frío de los azulejos con el calor de la ducha le causaba una agitación en su cuerpo que el joven trataría de calmar.
Este no perdió la oportunidad y al ver de nuevo la rojiza vagina, agarró su sable y lo introdujo dentro de su tía, el interior parecía mantequilla ardiente.
—Carmen… no te parece nada guarro lo que te hago. Tan guarro no seré ¿no? —mientras comenzaba a penetrarla de nuevo con suavidad.
—Es diferente, soy tu tía… o no… seguro que si fuera… ¡Otra vez, qué gusto! —sollozó y añadió— si yo… fu… fuera… tu madre, seguro… que no me follarías.
Sergio pasó sus manos hasta llegar a ambos pechos. Poco a poco, a pasos cortos y por el empuje del cuerpo de Sergio, Carmen se encontró con todo su cuerpo contra la fría pared. “Jamás había visto una definición tan clara de estar contra la espada y la pared” pensó al notar como Sergio la penetraba.
El chico ante lo que le dijo su tía, acercó su cuerpo pegándolo completamente al de la mujer.
Los cuerpos quedaron pegados, completando una perfecta unión sin que ningún centímetro del muchacho dejara de penetrar a su tía.
En un movimiento rápido, sus labios se movieron a la oreja de esta susurrándola.
—Que no te quepa duda… de que sí.
Carmen gimió al escucharlo, ni se imaginaba algo así, si Sergio fuera su hijo muchas cosas cambiarían y aquello jamás sucedería, lo tenía claro.
“¿O sí?” le dijo algo muy al fondo de su cabeza.
Cerró los ojos notando la penetración de su sobrino que no paraba de bombear.
Todo aquel morbo produjo tal placer y tal sensación en el cuerpo de Carmen, que gritó de nuevo en una entrada del chico y le dijo a viva voz.
—¡Cariño, dame!, ¡Que se viene otro!
—Y yo, tía… y yo…
No habían estado ni 3 minutos dentro del agua que de nuevo se iban a desbordar.
Se separaron un poco y volvieron a la posición en la que la entrepierna de Sergio se metió por primera vez.
Carmen sentía el agua en su espalda caer caliente, pero su cuerpo estaba tan acalorado que notaba que las gotas le golpeaban eran frías.
Aunque lo mejor estaba por llegar, dentro de su vagina notó como el pene de Sergio crecía y engordaba más y más, sabía lo que iba a pasar.
Estaban ambos a punto, Carmen apenas escuchó lo que Sergio decía, pero no le importaba sabía que era el aviso de su final. Ella estaba casi lista, pero le faltaba un poco, aunque cuando Sergio terminó todo… se arregló.
Al notar aquel chorro caliente en su interior, todo lo que le faltaba para que el orgasmo llegara apareció.
Vio las estrellas, las sintió paseando por su piel y desapareció todo en el mundo, “otro más, no me lo creo”, pero era cierto.
Se sujetó bien a la pared, con miedo a caer, mientras el pene de Sergio salía inerte de su interior y los dos jadeaban.
—Ya… ya… estoy.
—Magnifico, cariño… —le agregó Carmen sin aliento.
—¿Tú también? —ella asintió mordiéndose el labio— ¿4? —volvió a asentir— Voy un momento a la cama que me mareo.
—Bien, cielo… —Carmen no le importaba a donde fuera, solo quería estar relajada, lo más relajada posible, para seguir disfrutando de los espasmos en su sexo.
Sola en la ducha, con las gotas de agua masajeando un cráneo que desconocía donde se hallaba, comenzó a caer en la ducha.
Sus piernas flaquearon, se empezaron a quebrar y poco a poco su cuerpo bajo hasta quedarse de rodillas.
El agua seguía golpeando haciendo que se sintiera sumergida en el mejor de los sueños mientras que notaba, como un líquido de lo más apreciado salía de su vagina.
El semen de Sergio escapaba para diluirse por las cañerías.
El muchacho se secó en la habitación lo poco mojado que estaba. Por fin su pene volvía al estado de letargo, menos mal, de seguir así se hubiera mareado. Echó un vistazo al móvil viendo que su madre le había llamado hacia dos minutos, abrió su conversación le acababa de escribir.
—Cariño, ¿cuándo puedas me vienes a buscar?
—Lo siento, mamá, estaba en el baño, ¿dónde estás? —le escribió y ella lo leyó al momento.
—Para no liarnos, ¿me recoges donde me has dejado?
—Perfecto, me pongo ropa de calle y voy.
Su madre acabó mandándole el icono del beso, “que rara esta” pensó Sergio, “demasiado cariñosa”. Aunque eso en el fondo era bueno, “ojalá siempre fuera así”.
—Tía, me dice mi madre que la vaya a buscar —le dijo desde la habitación— volvemos en menos de veinte minutos.
—Bien, espero estar lista… —dijo su tía todavía arrodillada en la ducha y aislada en su placer.