La Trilogía (Aventuras y Desventuras Húmedas #4) VUELTA A LA RUTA #3
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VUELTA A LA RUTA #3

No llegaron a transcurrir más de diez minutos, el coche se había vuelto una barbacoa, pareciendo incluso que se estaba mejor fuera que dentro, algo insufrible.

Apenas habían avanzado 30 metros y a Carmen el sudor le caía en grandes gotas por la frente surcando sus pómulos sin que diera la sensación de inmutarse.

Sin embargo, las sentía como punzadas en su rostro, no aguantaba más.

—Es insoportable —dijo aunque su vergüenza, orgullo o algo que ni ella sabía que era, le seguía manteniendo con la camisa y el pantalón.

—Yo he mejorado, tengo calor, pero mejor —sin la camiseta el aire ardiendo que entraba por la ventanilla no le agobiaba tanto.

—No me mientes ¿verdad?

—Tócame el brazo, toca —Carmen pasó la mano por donde decía su sobrino, su piel estaba cálida, pero no húmeda— ni una gota.

—No lo aguanto, estos pantalones están calados y la camisa se me está pegando a la piel todo el rato, que sensación más… más…

Sergio la dedicó una mirada, Carmen sabía lo que le estaba diciendo con esos ojos, sabía lo que tenía que hacer.

Sin embargo por alguna razón basada en la moralidad o en a saber qué no se decidía.

El muchacho se giró y buscó en su mochila mientras el coche seguía parado, sacando de ella un bañador corto que se lo pasó a Carmen.

—Esto es lo único que tengo, tía cámbiate, hazme el favor —le dijo con voz seria.

La mujer dudó con el bañador en la mano si hacerle caso a su sobrino.

Aunque su agonía era mayor que su pudor, en un momento de decisión comenzó a desabrocharse el pantalón.

Se lo bajó de manera rápida y nerviosa, pensando que en ese momento el mundo entero prestaría atención a lo que sucedía en el coche.

Sin embargo al vestirse, el mundo seguía tal cual y ningún informativo prestó atención a sus piernas desnudas, su vergüenza había sido una tontería.

—Mucho mejor —dijo resoplando— esto es otra cosa —incluso se quitó los zapatos dejando los pies al aire con todas las uñas pintadas.

—Te lo dije, es que con ese pantalón largo te iba a dar algo. Estás muy sudada, bebe agua que a ver si te vas a deshidratar.

Después de un trago de agua, Carmen vio que lo que le había dicho su sobrino tenía un efecto rápido, parecía que no se equivocaba con sus suposiciones y sin pensar en quien la vería esta vez, le dijo.

—¿Tienes una camiseta holgada y que transpire, cariño?

—Que va, si no ya me la habría puesto, todas son normales, si tuviera alguna de un equipo de futbol o esas que dan de publicidad en alguna carrera…

—Una pena… —Carmen se apartó el pelo algo mojado del rostro y añadió— bueno, ahora mi vida, no mires, ¿vale?

—¿Por qué?

Carmen se alzó la camisa por los hombros y la sacó con algo de gracilidad, a pesar de que estaba mojada y la piel la intentó retener.

Sergio que no había retirado la vista, no pudo evitar ver la lencería de encaje preciosa que llevaba y como sus pechos parecían tan mullidos como cuando los notó contra su cuerpo minutos atrás.

La mirada se detuvo en el tiempo. Con anterioridad había observado los senos de su tía ocultos bajo el bañador, casi todos los veranos en la piscina de su casa echaba una ojeada.

Sabía que eran bonitos, no le cabía duda.

Pero en ese momento, con aquella lencería, experimentó una sensación de estar ante el mejor busto que sus ojos habían contemplado.

Entendió que no tenía tanta razón al decir que ver a alguien en bañador o ropa interior es lo mismo.

—Ostras, perdón —dijo Sergio en voz baja algo avergonzado.

—Tranquilo, no pasa nada —le contestó Carmen ajena a esa mirada que Sergio le dedicó. Mientras se ponía la camisa estirada por encima para que no se le viera el sujetador añadió— así está mejor. No hay ni comparación, ¡Qué cambio!

—Mira que no hacerme caso…

—Es que hijo, una tiene su pudor —algo sonrojada.

—Tía, no creo que nadie te mire, la gente está pendiente de cabrearse por el calor, como mucho te pondrán el ojo 1 o 2 segundos. Y si miran, pues que se alegren la vista y ya.

Los dos siguieron callados en el coche contemplando la caravana apenas sin moverse, extendiéndose a lo lejos de forma interminable. Apenas pasaron 10 minutos, que Sergio vio la siguiente salida, algo se encendió en su mente y una gran idea surgió.

—Tía, no sé cuánto más estaremos aquí, ¿quieres hacer un alto? Total, mejor estar fuera del coche, ¿no crees?

—¿Tienes algo en mente? —preguntó intrigada. ¡Qué bien se encontraba con el bañador y su camisa sacada!

—Si cogemos esta salida, en 10 minutos estaremos en un pantano. Solíamos parar cuando era pequeño e íbamos a ver a la abuela. Si te apetece, nos podemos dar un chapuzón.

—Pues… —por su mente pasó el decir que no, que le apetecía llegar a casa, pero otra Carmen salió de su encierro. Una que olvidó hace muchos años y le dijo ¿Quién te espera en casa?— ¿por qué no? Mejor que aquí vamos a estar. Que lleguemos a la tarde no importa, nadie nos espera.

Los dos rieron y después de 20 minutos exageradamente largos, tomaron la salida para dirigirse al pantano.