EN CAMINO
El pequeño coche que tenía funcionaba de maravilla, eso sí, estaba algo destartalado, pero bueno, perfecto para un joven con el carnet recién sacado.
Nunca le había fallado, pero cada vez que se montaba temía por ello, era algo innato, escuchar el motor le hacía suspirar de alivio.
Con dos puertas delanteras, sin aire acondicionado y con las maletas ocupando tanto los asientos traseros como el maletero, comenzaron su aventura.
—Gracias, hijo, no es que me quisiera ir, pero no quería aprovecharme de la hospitalidad de tus padres más tiempo, ¿tú me entiendes a qué sí?
—Que menos tía.
—Me haces un gran favor, si quieres estos días te puedes quedar en casa, no hace falta que estés solo donde la abuela, así no tienes que hacerte la comida.
—No te preocupes, me encuentro bien solo, muchas veces… incluso lo prefiero.
—Ya, pero… no me vas a dejar sola a mí ¿verdad?
—Eso es jugar sucio. —Sergio rio de la misma forma que su tía y añadió— No sé, ya veré, tenemos tiempo de pensarlo son 6 horas de viaje. Bueno, y… no te asustes, pero es la primera vez que hago un viaje tan largo.
—Que bien, morir en la carretera, mi sueño hecho realidad. —esas gracias con un tono de sarcasmo a Sergio le encantaban y no entendía por qué a los demás no.
—¿Qué tal están mis primas?
—Pues abandonando a su madre y con sus futuros maridos, haciendo sus futuras vidas. Ya tengo ganas de que alguna se decida a darme un nieto para cuidarle y que alguien me quiera.
—Con la suerte que tienes te van a tocar todo nietas. Admítelo tía, voy a ser al único que puedas malcriar —por supuesto Carmen rio.
—Ay, mi niño… siempre me ha dado pena tenerte tan lejos, pero bueno por lo menos nos vemos a menudo.
—Me gustaría que nos viéramos más, aunque sí, así es la vida, que se le va a hacer. ¿El tío que está haciendo?
—Yo qué sé, cariño —con un tono de que el tema le aburría— sus negocios insoportables.
Va a comprar algo por allí, no sé si para la empresa u otra empresa, sinceramente Sergio, ni lo sé, ni me importa.
De lo que tengo ganas es que venda su dichoso negocio o se lo traspase a nuestras hijas y vivir lo que queda sin preocupaciones.
—Tiene que absorber mucho tiempo.
—Y vida, cariño y ¡VIDA!, eso es lo más importante.
—¿Por qué lo dices? —a Sergio le picó la curiosidad.
—Al final —resopló para seguir diciendo— piénsalo, estos viajes suceden a menudo, y ha sido así toda la vida. Por suerte, ahora es menos habitual, pero he pasado mucho tiempo sola y quieras que no, una quiere a su marido cerca, así me puedo quejar de él, ¿o no? —Sergio la sonrió como contestación.
—Sé de lo que hablas… bueno no, porque no estoy casado y no me ha pasado, pero te entiendo —Carmen sonrió agradecida ante su comprensión.
—Tú, ¿qué tal con la chica que estabas?
—Ya no estamos…
—Vaya, —llevándose una mano a la boca— no lo sabía, tu madre no me ha dicho nada, y ¿fue hace mucho?
—Hace más o menos medio año.
—Entonces no te me vas a poner a llorar como una madalena, ¿o sí? —no esperó una respuesta, solo observó la mueca de su sobrino y añadió de forma más seria— ¿qué tal estas?
—Bueno, podría estar mejor. A ti es la única que no me gusta mentir, Carmen, estoy mal, pero no voy a llorar.
—la miró demostrándole sinceridad y luego pensó en que era la primera vez que lo hablaba abiertamente con alguien— Me dejó después de 3 años.
¡Por su ex! Que hacía 3 o 4 años que no lo veía —no pudo evitar sonreír de la incredulidad— ¡Es que es acojonante!
—¡Qué me dices! O sea que va y deja a mi sobrino —enfatizando el MI— ¿por uno que hace 4 años que no ve? Esa chica ni era la adecuada, ni sabe lo que ha perdido.
—Es que no me lo podía creer. A ver tía, es que eso es ser un poquito cabrona… y lo peor es que cuando estaba conmigo, ¿qué pensaba en él?
—Mejor que no te hagas ese tipo de preguntas, porque no te van a solucionar nada. Ahora toca abrir las ventanas y que entre aire fresco a tu vida.
—Ojalá. A ver en el pueblo si me puedo olvidar un poco del tema. Aunque todavía la tengo en el Facebook y eso ya sabes… me cuesta quitarla.
—¿Qué la tienes, para ver su foto y recordarla?
—Es difícil de explicar tía.
—¿Esperas volver con ella? —Carmen estaba más que interesada.
—¡No! —Sergio casi indignado.
Carmen cogió el móvil de su sobrino que estaba al lado de la palanca de cambios.
—Pon el dedo.
—Que vas… —lo puso sin pensar y sin darse cuenta de las intenciones de esta, aunque en su subconsciente, sabía lo que ocurriría— no tía, a ver espera…
—Calla anda. —después de un minuto, le volvió a decir— Ya está eliminada, solucionado. Ahora ¿de qué quieres hablar?
Sergio no pudo más que abrir los ojos por lo ocurrido.
Se sintió tan sorprendido que no daba crédito, pero más todavía por la sensación de paz que recorría su cuerpo al no tener más a aquella mujer en su vida.
Sabía que lo tendría que haber hecho el mismo mucho antes, sin embargo no había podido, quizá su problema era que no quería admitir que la relación había terminado.
Aun así, el fino dedo de su tía había sido la salvación y ahora, se sentía mucho mejor.
—Pues ni idea, pero… gracias, tía, me has quitado un peso de encima, alucinante. ¡Qué tonto soy!
—Cambiemos de tema, así no lo piensas. Cuéntame, ¿qué tal esta mi hermana?, la he visto algo delgada.
—Sí, está más delgada, todo es por el estrés, ¿ya sabes lo de la empresa de papá? —ella asintió— Esperamos que no. Pero el tema de los despidos está en el aire y no saben si le va a tocar. Además, yo estoy en la universidad… otro gasto y mi hermana… cada vez es más estúpida.
—No hables así de tu hermana —sonó en el mismo tono recriminador de su madre.
—Ya… es que está en una edad malísima, insoportable tía.
No obstante tienes razón, no debería meterme con ella.
—recordando el tema principal añadió— Volviendo a mamá, lo que pasa que está agobiada, intento ayudar como puedo…
he estado trabajando a la par que estudio.
No creo que tengamos problemas con el dinero, pero ya sabes cómo es, se preocupa mucho.
—Sabes que a nosotros, nos va bien. Si a tu padre le pasa algo y necesitase dinero, le daría lo que me pidiera.
—Ya sabes que no te lo pedirá jamás —contestó rápido Sergio— es muy orgullosa, creo que eso lo heredé de ella, aun así no creo que haga falta, tía, de verdad.
—Tú eres mi espía en la casa, si pasa algo grave me llamas sin dudar y os presto nuestra ayuda. Os quiero muchísimo y no puedo permitir que estéis mal, sois mi familia.
—Lo sé tía, pero de verdad no le des vueltas, todo se solucionará tarde o temprano, lo único que quiero, es que mamá esté más feliz y ya.
Por un momento, cesó la conversación entre ambos y dejaron que la música que sonaba en la radio les tomara el relevo, mientras el sol iba desapareciendo entre las montañas.
—¿Has conducido alguna vez de noche? —su tía estaba intrigada.
—¿Un trayecto largo? Nunca.
—¿Estás seguro de hacerlo? Aún quedan unas horas de carretera.
—Sí, claro que sí… —su confianza decaía según contestaba— bueno… supongo ¿no?, no tengo sueño… pero… me has metido la duda.
La hora de viaje se había cumplido, quizá Sergio se encontraba fresco en ese momento, pero la incertidumbre sobre cómo serían las horas restantes afloraron en él. Carmen sacó el móvil mientras negaba con la cabeza, comenzando a hacer una búsqueda rápida.
—No nos la vamos a jugar. Me he vestido para hacer un viaje, no para morir. En veinte minutos pone que hay un buen hotel, paramos y dormimos. Prefiero llegar mañana a la mañana que no llegar.
—Como tú digas. Te invito que ha sido culpa mía. Creo que me he venido un poco arriba saliendo a la tarde.
—¿Un poco? —rio al tiempo que el sol desaparecía casi por completo— la verdad, eres testarudo, sí que te pareces a tu madre, aunque también a mí. Pero calla, pago yo.
Llegaron al hotel en el mismo tiempo que lo indicaba el móvil de la mujer.
Según entraron las instalaciones sorprendieron a Sergio dándole la sensación de estar en un lugar lujoso, un sitio “caro”.
En recepción les comentaron que solo quedaban dos habitaciones y ambas para matrimonio.
La mujer con toda normalidad tomó la palabra.
—Bien, cualquiera de las dos nos vale, la cosa es descansar.
Una vez entregadas las llaves en un rapidísimo papeleo por parte de la recepcionista, cogieron el ascensor para subir y poder descansar.
Sergio que aún se sentía algo culpable, en un gesto algo tonto de compensación, decidió subir él todas las maletas.
Su tía le sonrió añadiendo un único comentario.
—Algo es algo.
Según abrieron la puerta, contemplaron lo amplia que era la habitación.
Con una parte para ver la televisión en la que había dos sofás y más atrás, la cama enorme al igual que la estancia.
Desde allí tumbados y con tranquilidad, podrían ver la televisión sin tener que pasar a la parte de la “sala” como la denominó el joven en su cabeza.
Como colofón, Sergio entró en el baño, el cual le pareció tan grande como lo era su propio cuarto, estaba en un hotel lujoso, no cabía duda.
—Pero, ¿tía donde me has traído? —el joven no podía salir de su asombro.
—Al primero que me salía con buenas puntuaciones y de calidad, ¿te preparas y bajamos a cenar?
—Sí, sí, claro.
Sergio se aseó con presteza en el inmenso baño, para después colocarse el mismo chándal que había llevado toda la hora de conducción. En cambio, Carmen sí que se había preparado mejor y su piel estaba recubierta con unos ropajes parecidos al primer día que cruzó la puerta de su hermana.
—¡Quietooo, hijo! —le saltó la mujer según le vio salir del baño— ¿Cómo vas a bajar así que pareces un pordiosero?
—¿Qué pasa? —Sergio en realidad no lo comprendía.
—Sergio, estas ropas están sudadas del viaje, y el pañalón… ¡Si está roto y todo!
—Pero apenas se ve y además, si vamos a estar sentados.
—Calla, por favor, a ver abre la maleta —dijo su tía acercándose a esta.