Capítulo 62
Zak Prescott
Días después…
Algunas cosas no cambiaban. Caleb, por ejemplo, seguía siendo un hijo de puta irritante. Yo seguía queriendo ganarle y, al parecer, mi hijo había sido convertido en una afrenta ambulante a mi autoridad paterna.
Lo descubrí en cuanto entré en el área reservada para las familias antes del partido y vi a Zayn en brazos de Hannah. Me detuve y miré su camiseta. Hannah sonrió al verme, pero no perdí la concentración por culpa de aquella hermosa sonrisa y volví a prestar atención a la camiseta.
—No —protesté y ella empezó a reír.
—Hola para ti también.
La camiseta estaba dividida exactamente por la mitad. De un lado, el azul y blanco de los Denver Wolves, del otro, los colores de los New York Reapers. En la espalda habían conseguido empeorarlo. Prescott de un lado y el nombre de Caleb del otro.
Mi hijo, mi único hijo vestido de aquella manera.
—¿Quién hizo esto?
—A mí me gustó —respondió Hannah.
—No pregunté a quién le gustó. Pregunté quién cometió el crimen.
—Yo —anunció Caleb detrás de mí. Me giré. Venía por el pasillo ya vestido para el calentamiento, cargando el stick.
—Claro que fuiste tú.
—Quedó perfecta. —Caleb miró a Zayn con orgullo.
—Mi hijo tiene que apoyar a su padre.
—Mi sobrino siempre me ha apoyado a mí.
—No sabía que tenía una opción mejor.
—Esta camiseta no combina con mi sobrino —se quejó Caleb, acercándose—. Siempre ha llevado mi nombre. Así que agradece mi generosidad.
—Te aprovechaste de un niño vulnerable.
—Tenía buen gusto.
—No tenía opciones.
—¿De verdad van a discutir por la camiseta de un niño? —Hannah negó con la cabeza.
—Sí —respondimos al mismo tiempo.
Cerró los ojos.
—Esta familia mejora cada día. —Liam empezó a reír desde el sofá de al lado.
—Y tú deberías estar defendiendo a tu hermano. —Lo señalé.
—Estoy apoyándote.
—Pareces poco comprometido.
—¿Quieres que me pinte tu número en la cara?
—Sería un comienzo.
—Juega bien. —Liam se levantó y me abrazó rápidamente.
—Siempre.
—Y trata de no matar a Caleb. —Caleb resopló.
—¿Por qué todo el mundo le dice eso a él y nunca a mí?
—Porque históricamente tiene más sentido —respondió Liam.
Hannah soltó una risa y yo también. Era extraño, unos días antes no habría conseguido imaginar estar en el mismo espacio que Caleb sin sentir que algo pesado se instalaba entre nosotros, ahora ya no parecía una guerra.
Finalmente habíamos entendido que ninguno de los dos había ganado realmente aquella mierda.
Todos habíamos perdido algo y ahora intentábamos recuperar lo que todavía se podía.
Miré a Zayn, me observaba con seriedad.
—Ven con papá. —Extendí los brazos, dudó y mi corazón flaqueó como venía haciendo cada vez que dependía de la aprobación de un niño de quince meses.
Entonces Zayn se inclinó hacia mí. Lo tomé en brazos, todavía no me había acostumbrado, al peso, al olor, a aquella pequeña mano sujetando mi camiseta y al hecho de que aquel ser formaba parte de mí. Mi hijo.
—Vamos a hablar de tu ropa —dije.
—Pelota —respondió.
—Di Wolves. —Caleb lo señaló.
—Ni lo intentes.
—Wolves, Zayn.
—Reapers —corregí.
—Pelota. —Zayn nos miró a los dos.
—Piensa que los dos son idiotas. —Liam soltó una carcajada.
—Inteligente como su mamá —comentó Hannah.
Me acerqué y besé su frente.
—Todavía voy a tardar en acostumbrarme a esto. —Caleb hizo un sonido de disgusto.
—Entonces mira hacia otro lado.
—Es mi hermana.
—Y mi mujer.
—¿Tu mujer? —Hannah arqueó una ceja.
—Eres mía, eso es lo que importa. —Sonrió.
Todavía lo estábamos intentando, así era como Hannah lo definía. Intentándolo. Yo estaba aprendiendo a disfrutar de aquella palabra, aunque seguía prefiriendo mía .
El encargado apareció en la puerta.
—Zak, cinco minutos. —Asentí.
Le entregué a Zayn a Hannah y, antes de salir, volví a mirar la camiseta.
—Mañana voy a comprar unas diez de los Reapers.
—Mañana volverá a llevar una de los Wolves. —Caleb se rio.
—Vamos a terminar resolviendo esto en los tribunales.
—Buena suerte. Tengo testigos de que me conoció primero.
—Estás demasiado orgulloso de haber tenido ventaja sobre un padre que ni siquiera sabía que era padre.
Su sonrisa desapareció. Mierda, la frase se me escapó antes de pensar. Hannah se puso seria y Caleb también. Respiré hondo.
—Perdón.
—Está bien —aceptó Caleb.
Aquello también era nuevo, pedir disculpas sin tener que arrancarse primero un pedazo de la propia dignidad.
—Nos vemos en el hielo, Prescott. —Se puso el stick sobre el hombro.
—Intenta seguirme el ritmo.
Hannah Carter
Nunca pensé que me emocionaría viendo a Zak y Caleb estrecharse la mano, pero así fue. Sabía cuánta sangre, orgullo y dolor había detrás de aquel simple apretón.
Zayn golpeó las manos sobre mi regazo.
—¡Pelota!
—Ya terminó, mi amor.
—¡Pelota!
—¿Viste jugar a papá?
—¿Tu hermano y el mío acaban de abrazarse? —Liam se inclinó a nuestro lado.
—No exageres.
—Vi contacto físico amistoso.
—Debió de ser un accidente. —Se rio.
La gente empezó a abandonar las gradas mientras los jugadores permanecían en el hielo para algunas fotos de la campaña.
—Suelo. —Zayn empezó a moverse sobre mi regazo.
—¿Quieres bajar?
—Suelo.
Lo puse de pie y sujeté su pequeña mano. Poco después, Zak apareció en el corredor de acceso todavía con parte del uniforme, el cabello mojado de sudor y aquella sonrisa engreída que conocía demasiado bien.
Zayn lo vio primero y soltó mi mano.
—¡Eh! —lo llamé, pero empezó a correr, o su equivalente.
—Ven. —Zak se agachó de inmediato.
Zayn fue hacia él, Zak lo tomó y lo levantó.
—¿Viste mi gol?
—¡Pelota!
—Voy a interpretarlo como un sí.
—Le gustó más el mío. —Caleb apareció poco después.
—Cállate.
—Pregúntale.
—¿Quién juega mejor? —Zak miró a Zayn.
Mi hijo señaló a Caleb, yo empecé a reír y la expresión de Zak fue maravillosa.
—Esto está manipulado.
—Los niños no mienten. —Caleb abrió los brazos.
—Hannah.
—No me metas en esto.
—Tu hijo acaba de traicionarme.
—Nuestro hijo. —Se mordió el labio y arrugó la nariz como alguien que acababa de fallar un pase.
—Nuestro hijo tiene pésimo gusto deportivo —corrigió.
—Ven con el tío ganador. —Caleb tomó a Zayn durante unos segundos.
—El partido terminó empatado —se quejó Zak.
—Exactamente. Contra los Reapers, eso es una victoria moral.
—Eres insoportable.
—Aprendí de ti.
—Los dos jugaron bien, deberían estar en el mismo equipo. —Liam apareció y abrazó a su hermano por los hombros.
—No exageremos.
Los observé a todos: Liam, Caleb, Zak y Zayn en medio de aquel caos.
Unos días antes, no estaba segura de que pudiéramos estar en el mismo lugar sin que se abriera alguna herida antigua.
Ahora Caleb discutía con Zak por una camiseta, Liam se reía de los dos y mi hijo parecía muy satisfecho siendo disputado por hombres adultos incapaces de admitir que estaban felices.
Mi mirada encontró la de Zak y sonrió. En aquel instante tuve una certeza: no necesitaba esperar a que todo fuera perfecto, quizá nunca lo sería, pero el matrimonio nunca debería significar que dos personas habían terminado de resolverlo todo, creo que solo significaba que habían elegido con quién querían seguir resolviendo y aprendiendo.
—Zak. —Me acerqué.
—¿Mmm?
—Necesito decirte algo. —Sujetè la parte delantera de su camiseta y tiré de él hacia mí.
—Me gusta cuando empiezas así. —La sonrisa apareció de inmediato.
—Quédate callado.
—Difícil —respondió, lo acerqué más y me puse de puntillas, aproximando la boca a su oído.
—Sí. —Zak se quedó inmóvil y parpadeó confundido.
—¿Sí qué? —Fingí pensarlo.
—Hannah. —Abrió mucho los ojos.
—Vamos a casarnos —dije y, durante unos segundos, Zak Prescott realmente no dijo nada.
—¿Hablas en serio?
—Sí.
—¿O sea, casarnos de verdad?
—Generalmente ese es el significado.
—¿Conmigo? —Empecé a reír.
—No, con Caleb.
—No bromees con esa mierda. —Se detuvo un segundo—. Dijiste que sí. —Me atrajo por la cintura.
—Lo dije.
—Después de hacerme esperar días.
—Lo necesitabas.
—¿Necesitaba sufrir?
—Un poco.
Zak me besó, allí mismo, sin importarle que Caleb se quejara, que Liam se riera, que la gente pasara por el corredor y, cuando nos separamos, apoyó la frente contra la mía.
—Voy a comprar el anillo más absurdo que encuentre.
—No.
—Grande.
—Zak.
—Caro.
—Quiero elegirlo.
—Eso no es romántico.
—Es mi dedo.
—Siempre tienes buenos argumentos.
Una manita golpeó su pierna y Zak miró hacia abajo. Zayn estaba otra vez en el suelo después de escapar de los brazos de Caleb.
—Papá. —Levantó los brazos.
Zak se quedó congelado.
—¿Qué dijo? —preguntó.
Se me cerró la garganta y Zayn golpeó las manos contra su rodilla.
—Papá. —Los ojos de Zak brillaron de inmediato. Se agachó y tomó a su hijo.
—Dilo otra vez.
—Papá. —Zayn le tocó el rostro.
Zak cerró los ojos, besó su pequeña frente y, cuando volvió a abrirlos, una lágrima bajaba por su rostro. Toqué su espalda.
—¿Estás llorando, Prescott?
—Cállate.
—Nuestro hijo te llamó papá. —Me reí entre mis propias lágrimas.
—Sigo odiando esa camiseta dividida —comentó Zak.
Empecé a reír y Caleb respondió de inmediato:
—Se queda.
—Mañana usa Reapers.
—Será de los Wolves.
—Acaba de llamarme papá. Me gané el derecho a elegir.
—Yo soy su tío desde hace quince meses. Tengo ventaja de tiempo.
—No empieces.
Así terminó, no con Zak venciendo a Caleb, no conmigo teniendo que elegir entre mi hermano y el hombre que amaba, ni con alguien borrando todo lo que había ocurrido.
El partido terminó empatado, Caleb y Zak salieron del hielo en paz. Mi hijo estaba en brazos de su padre y yo finalmente había dicho que sí.
Tal vez, después de todo lo que vivimos, ese fuera nuestro verdadero final feliz, nadie necesitaba ganar y nosotros solo necesitábamos elegirnos el uno al otro.