Capítulo 13
Zak Prescott
Mi padre me esperaba en el pasillo, mi madre estaba a su lado. Sonrió cuando me vio.
—Felicidades, cariño.
Besé su mejilla.
—Gracias.
Richard me recorrió de arriba abajo con la mirada.
—¿Cómo está el hombro?
Me quedé rígido.
Miré inmediatamente a Liam. Venía unos pasos detrás y negó discretamente con la cabeza, como diciendo que no había sido él, suponiendo que hubiera entendido mi mirada. Volví a mirar a mi padre.
—Mi hombro está perfecto.
—Protegiste el lado derecho durante prácticamente toda la segunda mitad.
Mierda.
—Recibí un golpe.
—Lo vi.
—Entonces sabes que no fue nada.
Me observó durante más tiempo de lo habitual.
—Espero que no hayas sido irresponsable.
—El equipo ganó.
—Ya me di cuenta y debo decir que no fue gracias a tu buen rendimiento.
No hubo felicitaciones, ni una mención al buen partido y mucho menos la preocupación de preguntarme cómo estaba.
—Caleb hizo un partido excepcional —continuó Richard—. Los ojeadores parecieron interesados.
—Entonces quizá deberías ir a felicitarlo.
Mi madre me tocó el brazo.
—Zak.
Richard ni siquiera parpadeó.
—Eres el capitán. Deberías saber reconocer cuando otro jugador da más.
—Hoy dio más.
—Hoy es lo que ellos vieron.
Aquello golpeó exactamente donde él quería.
—Richard —dijo mi madre.
—¿Qué? ¿Estoy mintiendo?
—No. —Lo miré.
—Perfecto.
—Solo te estás esforzando bastante por convertir una victoria mía en una derrota.
—Eso lo hiciste tú solo.
Se me tensó la mandíbula y Liam se acercó.
—Papá, basta.
Richard lo miró.
—Estoy hablando con tu hermano.
—Lo estás provocando.
—Tal vez lo necesite.
—Tal vez necesite escuchar que ganó.
Mi padre volvió la mirada hacia mí.
—Sabe que el equipo ganó.
Reí sin humor.
—Excelente celebración familiar.
Mi madre volvió a tocarme el brazo.
—Vamos a cenar juntos.
—Tengo una fiesta con el equipo.
—Zak...
—Prometí que iría.
Mentira, pero cualquier lugar parecía mejor que quedarme allí.
Mi padre se acomodó el saco.
—Ve. Solo intenta no hacer nada más que ponga en riesgo tu posición.
Pasé junto a ellos y Liam dijo mi nombre, pero no me detuve. La noche ya había sido lo bastante mala.
Cuando llegué a la fiesta, ya había demasiada gente, era exactamente el tipo de ambiente que normalmente solucionaba cualquier problema. Mucho alcohol y mujeres, pero aquella noche, no.
Edgar me encontró cerca de la entrada con dos vasos en las manos.
—Capitán.
—No empieces.
Me entregó uno y miré el contenido.
—No puedo beber.
Edgar abrió mucho los ojos.
—¿Quién eres y qué hiciste con Zak?
—Medicamentos.
—Ah.
Recuperó el vaso.
—Entonces me bebo los dos.
—Tu hígado te lo agradecerá.
—Es rico. Sobrevivirá.
Recorrí el salón con la mirada, Caleb estaba al otro lado.
—¿Vas a quedarte mirándolo toda la noche? —preguntó Edgar.
—Estoy buscando un motivo para no lanzarle este vaso a la cabeza.
—Eso sería desperdiciar alcohol.
Edgar siguió mi mirada.
—Jugó bien.
—¿Tú también?
—No dije que jugara mejor que tú.
Lo miré.
—Pero lo pensaste.
—Tal vez.
—Vete a la mierda.
Se rio.
—Estás muy sensible hoy.
—Estoy rodeado de gente desagradable.
—¿Y tu padre?
—Sigue siendo mi padre.
Tomé una botella de agua de una mesa.
—Liam descubrió lo del hombro.
—Mierda.
—No va a decir nada.
—¿Estás seguro?
—Sí, podría haberlo dicho al terminar el partido cuando nuestro padre preguntó.
Abrí la botella y fue entonces cuando escuché una risa conocida. Hannah estaba más cerca de la improvisada pista de baile con Briana. Caleb les decía algo a las dos y Hannah empujó a su hermano por el brazo.
Él se rio y mi mirada permaneció allí.
—Esto empieza a ser preocupante.
—¿Qué?
—Nada.
—Hoy estás igual que una vieja chismosa.
—Solo estoy observando.
—Entonces observa otra cosa.
Bebió un sorbo.
—¿Te diste cuenta durante el partido?
—¿De qué?
—De que Caleb te miró cuando Hannah te saludó.
Giré lentamente hacia él.
—¿Lo viste?
—La mitad de la arena lo vio.
—No exageres.
—No le gustó.
Volví a mirar a los dos, Hannah le decía algo a Briana mientras Caleb mantenía un brazo sobre sus hombros.
Solté una risa baja.
—Zak.
—¿Qué?
—Esa cara nunca termina bien.
—¿Qué cara?
—La que pones antes de tener una mala idea.
Volví la mirada hacia Hannah.
Estaba diferente de aquella mañana en mi habitación, no físicamente. Era el ambiente, allí había demasiada gente, demasiados hombres mirando, uno de ellos se acercó a ella y le dijo algo, Hannah respondió y Caleb de inmediato miró al tipo con una expresión posesiva e irritada.
—Controla quién se le acerca —dije.
Edgar siguió la escena.
—¿Caleb?
—Sí.
—Es su hermano, claro que lo hace.
—Lo sé.
—Tú también tienes un hermano.
—Liam no intentaría elegir con quién follo.
—Liam probablemente ya renunció a controlar cualquier parte de tu vida.
Lo ignoré.
El tipo siguió hablando con Hannah, Caleb se acercó un poco más y, sin necesidad de decir nada, el chico entendió y se marchó pocos segundos después.
Ya había visto a Caleb furioso, sobre el hielo, en el vestuario, durante nuestras discusiones, pero era diferente cuando Hannah estaba cerca.
—Tal vez estoy intentando atacarlo de la manera equivocada —dije.
Edgar bajó el vaso.
—Sabía que se acercaba una mierda.
—Sobre el hielo nunca va a reaccionar como quiero.
Edgar frunció el ceño.
—¿Adónde quieres llegar?
Miré a Hannah, se rio de algo que Briana había dicho.
—Tal vez solo necesito entrar por un lugar en el que no pueda controlarse.
Edgar siguió mi mirada y después volvió a mirarme.
—No.
Sonreí.
—Ni siquiera he dicho nada.
—No hace falta, estás mirando a la hermana del tipo que odias con esa cara.
—¿Qué cara?
—De sociópata encontrando un hobby nuevo.
Solté una risa.
—Relájate.
—Cada vez que dices «relájate», alguien debería llamar a la policía.
Bebí un sorbo de agua.
—No voy a hacer nada. Todavía.
Edgar cerró los ojos durante un segundo.
—Zak.
—¿Qué?
—Hannah es becada, ni siquiera por venganza deberías tocar a esa chica.
—Lo sé.
—Tu padre no va a aceptar eso.
—Solo voy a pasar un tiempo con ella, el suficiente para desestabilizarlo.
Volví a mirar a Hannah. Casi en el mismo instante, giró el rostro hacia mí y nuestras miradas se encontraron. Frunció el ceño, yo sonreí. Hannah entrecerró los ojos, intentando descubrir qué mierda estaba pasando por mi cabeza.
Mi sonrisa se amplió, Hannah no tenía nada que ver con el problema entre Caleb y yo, pero Caleb había dejado algo muy claro: su hermanita era su debilidad y yo nunca desperdiciaba una ventaja.