Capítulo 50. Diana
Me piso los cordones.
—Laia.
No puedo correr, pero corro. Tropiezo y continúo. Pestañeo y no te desvaneces, vienes corriendo hacia mí, una mancha de pelo rosa, azul, amarillo, y cuando vas a llegar de pronto me invento unas fuerzas que no tengo.
Abro los brazos y te atrapo.