Capítulo 77
Lía
Solo veía letras enlazadas; no conseguía encontrar sentido a las palabras que formaban.
Aunque llevara desde que me había despertado con la cabeza metida en los apuntes, no había pasado de la primera página.
El partido era por la tarde, así que tenía que aprovechar la mañana para estudiar, pero la angustia que sentía por dentro no me dejaba.
Después de pasarme hasta casi el amanecer con la vista clavada en el techo, creí que me despertaría más serena, viéndolo todo de otra manera. Pero no. Todo era mucho más oscuro.
Mi corazón se sacudió molesto cuando dos golpes sonaron en mi puerta. Esa vez, Bastian entró sin que yo respondiera.
—Hola. —Fruncí el ceño con dolor cuando escuché su suave y cálida voz. Caminó hasta ponerse detrás de mi silla y posó sus manos sobre mis rígidos hombros, acariciando con los dedos mis clavículas—. ¿Cómo estás?
—¿Qué quieres? —conseguí responder sin que la voz me temblara.
Sus manos se tensaron sobre mi cuerpo antes de apartarlas.
—Verte —hizo una pausa—, y hablar.
Claro. Hablar. Ahora. Y no antes, cuando debió hacerlo. Cabeceé y empujé la silla hacia atrás para levantarme y quedar frente a él.
—No hace falta que finjas conmigo.
—¿Qué? —Un rayo de confusión cruzó su cara y eso me llenó de rabia. Todavía me tomaba por tonta.
—Que lo de ayer solo fue un buen rato, ¿no? —Me crucé de brazos para protegerme de mis propias palabras—. Nada más. Eso es el sexo para ti, ya me lo dejaste claro aquella noche en el descansillo.
—Lía, no es eso lo que…
—Ahórrate las explicaciones, no las necesito. Fui otra más, ¿no? Genial —dije sin conseguir que se me quebrara la voz mientras me clavaba las uñas en el brazo.
Por un momento, me pareció que su cara perdió el color. No se esperaría que lo confrontara de esta manera, claro.
Abrió la boca para hablar, pero no se lo permití.
—Vete.
—Lía, por favor. Escúchame un momen…
—Que te largues —espeté con amargura.
Me miró durante unos segundos con unos cristalinos y cansados ojos verdes mientras que su mandíbula se contraía con pequeños tics y sus fosas nasales se hinchaban. Asintió una sola vez antes de desviar su mirada al suelo y marcharse.
En cuanto la puerta se cerró, me dejé caer en mi silla, hundida. Creí que yo podría ser diferente para él. Hasta ese momento, no sabía cuánto había llegado a desearlo, pero quizá… solo podría ser otra más.
Siempre supe que fijarme en él sería jugar con fuego.
Me había quemado y ahora tenía el corazón hecho cenizas.