Capítulo 12
No tuvo más remedio que contarles a sus amigos lo que había sucedido en la piscina.
Su indignación mutó rápidamente en dolor.
Andrew quería ir a buscarlo y romperle la cara, Cat quería regalarle sus propias cicatrices, Eira buscaba al jefe de seguridad para denunciarlo.
Cuando se dio cuenta que todo se estaba yendo de cauce, llamó a la cordura.
—Déjenlo, no tiene sentido. Tal vez no fue para tanto su reacción y yo hice un mundo de una tontería.
—No es así… —dijo Jannie— Si te hizo sentir mal, está mal…
—Quiero olvidarlo, sino no voy a poder disfrutar el tiempo que nos queda aquí, y realmente me quiero enfocar en lo importante.
—Y lo importante es… —Cat hizo la mímica del nombre de Gabriel y señaló con disimulo a sus espaldas, donde el actor estaba sentado, solo, pasando las pantallas con el dedo en su teléfono.
—¡Ve!
—Quizás está ocupado… o esperando a alguien.
—¿No te dijo que comieran juntos?
—Dijo que me llamaría para un aperitivo. ¿Qué será eso? ¿En el almuerzo? ¿Después? ¿Merienda?
—Pregúntale —la empujó Jannie.
—Dijo que me llamaría... —insistió Lean, intentando mantener una pizca de orgullo.
—Pero si estás aquí… —murmuró Eira, sugestiva.
Lean decidió que sí, que iba a ir por ello, no esperaría.
Se levantó y se acercó a la mesa donde estaba sentado, junto a uno de los ventanales que daba directamente al mar.
—Hola.
—¡Lean! —dijo, poniéndose de pie con un salto.
—¿Estás… ocupado?
—No. Ahora no… pero… —Lean tomó eso como una invitación.
—Sé que me dijiste que me llamarías después pero como te vi aquí… solo. No quiero molestarte…
—No me molestas, para nada.
En ese momento se acercó una señora.
—Sciussi, Gabriel —le dijo, trayendo en la mano una servilleta, una lapicera y una cámara de fotos. Lo vio cerrar los ojos, levantar las cejas, respirar y poner su mejor cara, todo en una fracción de tiempo.
—Si…
—No quisiera molestar, estando en tan buena compañía… —dijo la señora, señalando a Lean— pero no puedo perder la oportunidad para decirte lo mucho que te admiro y lo importante que tus películas han sido para mí.
—¿Cómo te llamas?
—Loredana
—Gracias, Loredana, me honras con tus palabras.
—¿Es mucha molestia pedirte una foto y un autógrafo?
—Por supuesto que no.
Gabriel le firmó la servilleta con una breve dedicatoria y Lean se ofreció a sacarles las fotos.
La mujer agradeció y se marchó, pero no se quedaron solos, porque fue el pie para que seis mujeres más se pusieran en fila para pedirle y decirle, palabras más, palabras menos, exactamente lo mismo.
Lean ya no tuvo que ayudar porque todas tomaron selfies, incluso un par le pidieron si podían incluirla en una toma; al principio se negó pero insistieron tanto que finalmente se sumó con una gran sonrisa.
Cuando el ruido de alrededor desapareció y volvieron a quedarse solos, Gabriel la miró de reojo, disculpándose con la mirada.
—Lo siento. A veces el entorno se vuelve un poco caótico.
—No tienes que disculparte —Lean lo miro cariñosamente, encogiéndose de hombros con una sonrisa amable—. No olvides que yo soy una de ellas. Y te aseguro que se agradece descubrir que eres tan humano detrás de todo el ruido.
Él guardó silencio un instante, con la vista fija en el mar.
—Es que no soy nada sin ustedes. Al final del día, ¿para quién actúas?, ¿para quién te muestras? Es difícil sacrificar tu privacidad, y no te voy a negar que a veces me pesa... pero este cariño es lo que me sostiene. De verdad las amo.
Esto último lo dijo volviendo la mirada hacia ella, con una intensidad que a Lean le hizo saltar el corazón. La vulnerabilidad de Gabriel la conmovió profundamente, pero antes de que pudiera decir algo, una voz rompió la burbuja desde sus espaldas.
—Buenas tardes... ¿Interrumpo algo?
Lean se dio vuelta y encontró a la periodista que le había presentado la noche anterior, en la cena del capitán.
—¡Hola!
—Ciao, Janette —dijo Gabriel, poniéndose de pie para recibirla.
—No te molestes… —Lean pensó que diría que ya se iba, que solo pasaba, que los dejaba en su burbuja, pero no, se sentó justo al lado de ella—. ¿Qué tal van pasando el primer día de crucero?
—Muy bien.
—Bueno… creo que ya sería hora que nos pongamos de acuerdo con los detalles de la entrevista. Los de producción ya los he acordado con Paolo, pero quedan otros…
Los dos miraron a Lean y el silencio se hizo pesado en la mesa. A buen entendedor, pocas palabras, ella se levantó y sonrió.
—Los dejo con su trabajo… Janette, un gusto haberla visto de nuevo. Gabriel… Nos vemos después.
—Perfecto. Te llamaré.
Se quedó parada un momento, tal vez esperando algún tipo de saludo especial o de gesto afectuoso pero Gabriel simplemente se movió en su silla para quedar enfrentado a la periodista. Se instó a caminar tranquila hasta la mesa que ocupaban sus amigos.
—¿Y?
—Es la periodista que le va a hacer la entrevista. Tienen que coordinar algunos detalles…
—¿Y?
—Nada… —Lean no quería dar más detalles, así que miró hacia la salida, donde la gente iba enfilando para bajar del barco— ¿Quién tiene ganas de conocer Córcega?