ATTRAVERSIAMO (ILUSIONES 1) Capítulo 8
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Capítulo 8

Cat y Eira se acercaron hasta el borde de la piscina donde Andrew se había zambullido. Se sentaron con los pies en el agua mientras hablaban con él, todavía en el agua. En ese momento pasó muy cerca de ellos el capitán, que se acuclilló entre las dos.

—Buenos días, señorita Walker… señorita MacKinnon —Bueno, volvía a ser la señorita MacKinnon.

—Buenos días, capitán. Glorioso día. ¿Descansó bien?

—Perfectamente. ¿Usted?

—Como un bebé…

—Bueno, debemos continuar. Sigan disfrutando del sol y el calor mientras nosotros disfrutamos de las vistas —dijo antes de ponerse de pie otra vez con un guiño seductor— Señoritas… Señor…

Los tres lo vieron alejarse y Andrew se quejó.

—Todos los ojos para ustedes. Estoy pensando seriamente en ponerme un par de tetas.

—¡Andrew! ¡No digas eso! —sin hacerles caso, salió de la piscina rumbo a los camastros donde estaban Lean y Jannie.

Una vez solas, Eira volvió a la carga.

—No vas a contar qué pasó anoche. Esas miradas guardaban mucho más que secretos.

—De verdad, bonita. No puedo… pero voy a hacer todo lo que esté a mi alcance para que te enteres por tus propios medios.

—Ya me estás dando miedo…

—Esa es una de las razones por las que no puedo contarte. Pero no te desveles…

Estaba por seguir un poco más con su discurso esquivo, cuando un revuelo le llamó la atención. De inmediato identificaron a Gabriel, rodeado por fans, cámaras de fotos y hombres de seguridad, entre los cuales apreciaron al amigo de Eira queriendo poner orden en la situación con su gente.

—¿Qué es eso?

—Eso… es el huracán Gabriel haciendo de las suyas…

—¿Y Lean? —Las dos vieron en cámara lenta la secuencia en que Andrew estaba toqueteando a Lean, como Gabriel se acercó a ellos, y así como llegó, se marchó.

Lean y Andrew llegaron juntos.

—¿Qué pasó? —preguntó Eira, preocupada.

—Nada… quería que fuera a comer con él pero preferí quedarme en la piscina con ustedes.

—Y lo dice así, como si nada —comentó Eira, divertida— Hace una semana se conformaba con verlo en las fotos de su computadora y ahora se da el lujo de rechazarle una invitación.

—Awww… Lean… eres de oro —dijo Cat— Pero debo recordarte que el objetivo final de este viaje es que llegues con él tan lejos como puedas… entendiendo como lejos, su cama.

—¿Ustedes vieron sus pies en esas sandalias? —dijo Lean, sentándose junto a ellas—. ¡Qué tamaño! Si es como dicen, el tamaño de los pies es proporcional a su “masculinidad” … Me explota la cabeza solo de pensarlo.

—¡Lean! —amonestó Andrew.

—¿Qué? Soy romántica pero no tonta. Ese tipo no es normal.

—Bueno… quedará en tus manos… y en otras tantas partes de tu cuerpo, averiguar si es verdad.

—¡Que así sea!

Lean y Andrew se metieron al agua a refrescarse, alejándose un poco, nadando juntos hasta la otra orilla.

Cat y Eira se mantuvieron a distancia, ocupadas por localizar con la máxima discreción posible dónde estaban sus tripulantes favoritos.

Ninguno estaba a la vista. Cuando los otros dos volvieron de su excursión acuática, Cat giró hacia donde estaba Jannie.

—¿Qué hace Jannie que no viene? —Le hizo señas con las manos pero no le prestaba atención, un poco por la computadora y mucho más por… —¿Con quién está?

—Con Max… el inglés que conocimos en el pasillo. Voy a averiguar qué pasa.

—No seas molesto, Andrew. Déjala en paz.

Andrew la ignoró, saliendo del agua y caminando con paso firme hasta donde Jannie conversaba tan animada como podía con el muchacho. Dos palabras después, regresó.

—Entonces…

—Solo hablando, pero por cómo la mira lo tiene comiendo de la mano.

—Ojalá se le dé… —dijeron Eira y Lean al mismo tiempo.

Cat pensaba que a la suerte había que ayudarla y parecía que Andrew, una vez más, estaba en sintonía con ella. Volvió a la carga. Dos pases mágicos y Andrew regresó con la cámara de Lean en las manos.

—Andrew, déjalos en paz… va a pensar que hay algo entre ustedes y por eso interrumpes.

—Estará agradecido. Le saqué la camisa y le di una probadita gratis de lo que puede conseguir si la desnuda.

—Jannie te va a matar.

—O me amará por el resto de su vida. Y ustedes, señoritas… ¡Tiempo de fotos! —gritó, sosteniendo la cámara en alto— Vamos chicas. ¡Posando!

La sesión de fotos comenzó. Las tres juntas primero, sentadas, paradas, abrazadas. Luego individuales, y otra vez grupales.

—Muéstrenme sus bikinis, así… — dijo adoptando una pose muy femenina y sexy. Las tres lo imitaron. Cat miró alrededor y vio que empezaron a acaparar la atención de nuevo.

—¡Andrew! —exclamó Eira— No sé quién es peor, ¡Si Cat o tú!

—Obviamente los dos —respondió ella— Vamos, chicas, juguemos como las Playmates. Seamos tapa de revista, bien perras. Nadie nos mira.

Ellas estaban tan absortas con la propuesta que no se dieron cuenta del revuelo que se estaba armando alrededor. Andrew sí lo percibió e intentaba por todos los medios de ocultarlo para que no se intimidaran.

—¡Vamos! ¡Así! ¡Estas son mis amigas, bonitas y sexis! —Las animaba Andrew— A ver… corran el tirante del bikini… así…

Las tres reían al unísono mientras posaban.

—Me falta Jannie. Voy por ella.

Aprovechando que Eira y Lean recorrían las fotografías recién tomadas, Cat simuló que se desperezaba como un gato y analizó a la audiencia. Todos estaban ahí. Pasajeros, tripulación, camareros, el de seguridad y el capitán.

Era hora de meter quinta velocidad y hacer que las cosas sucedieran.

Simulando que perdía el equilibrio, empujó a Eira, que cayó al agua.

—¡Uh! Disculpa, amiga. No te vi.

—¡Con que esas tenemos! —replicó Eira, saliendo por la escalerilla de la piscina con el agua corriendo por su cuerpo y el cabello más allá de la cintura como un manto negro brillando al sol— ¡Ahora me la debes, Cat!

Intentó atraparla pero con tanta mala suerte que en su movimiento arrastró a Lean con ella. Por suerte la cámara de fotos estaba a salvo a un costado. Cat sintió a Andrew a sus espaldas y Lean utilizó todo su poder sobre él para tomar revancha.

—¡Andrew! ¡Vénganse por nosotras! ¡Que Cat termine en el agua también!

—¡Sus deseos son órdenes, mi reina!

Cat abrió mucho los ojos cuando vio a Jannie pasar junto a ella, por el aire, y luego hundirse en el agua cristalina, y acto seguido sintió el empujón que la hizo caer en medio de sus amigas. Salió boqueando, mojada y enojada.

—¡Andrew! ¡Te odio! —le gritó con todas sus fuerzas— ¡Mi pelo!

Él recuperó la cámara de fotos y las enfocó

—Abrácense las cuatro y digan “Whisky” para mí.

—¡Whisky!

Un par de docenas de clics después, el capitán se acercó hasta el bullicioso grupo.

—Señoritas, por mucho que estemos disfrutando de las vistas que sus bromas producen, les pido por favor un poco más de recato. No queremos tener emergencias médicas…

—Es que nos gusta “jugar” —Entrecomilló Cat, con una mirada sexy, al capitán.

—¿Emergencias médicas? —intervino Lean, arqueando una ceja con falsa inocencia— ¿Tanto peligro corremos de caernos por la borda?

—Querida, si miras con atención a tu alrededor, verás que tengo a veinte hombres, aproximadamente, al borde del ataque cardíaco.

Los cinco miraron en las inmediaciones y vieron que varios pantalones les estaban provocando problemas a sus portadores. Miradas ardientes y respiraciones casi jadeantes dijeron más que mil palabras.

Por el bien de los ocupantes del Acmar Quest, decidieron terminar con el espectáculo, yendo al restaurante grill que estaba en esa cubierta.

—¿A dónde vas, Lean? —preguntó Eira.

—Un último chapuzón y los alcanzó —dijo, Cat la vio zambullirse, buscando la otra orilla.