ATTRAVERSIAMO (ILUSIONES 1) Capítulo 24
22%

Capítulo 24

Antes de marcharse del edificio, guardó todos los papeles en una carpeta y se fue a la oficina de su jefe directo, el superintendente Jim Burns, uno de los mejores amigos de su abuelo; habían servido juntos en alguna fuerza y tenían la relación y confianza suficiente para que Graham le recomendara a su nieto recién recibido de psicólogo, aun antes de decidir su especialización en criminalística. Golpeó la puerta y asomó la cabeza.

—Hola, Max.

—¿Puedo pasar?

—Por supuesto —Entró a la oficina y se sentó frente a él— ¿Qué pasa? No me gustan esas expresiones en ti.

—¿Por qué no?

—Suelen significar problemas.

—Bueno… algo así…

Dejó la carpeta en el escritorio y la empujó, deslizándola hasta el extremo opuesto.

—¿Qué es eso?

—Cometí un error… —Jim Burns se calzó los anteojos y leyó. Se debatió internamente entre decir toda la verdad o una parte de ella. Hizo lo que pudo— Me equivoqué de persona al clicar sobre un sospechoso y terminé metido en la computadora de un florista de Edimburgo.

Burns recorrió rápidamente los papeles, deteniéndose en las partes que podían ser sensibles.

—Lo siento…

—No hay problema, Max. Todos somos humanos… Voy a hacer una solicitud para eliminar el perfil; podría tomar un par de días, pero no veo nada que impida que se haga.

—Muchas gracias.

—Va a quedar la nota en tu legajo y perderás una de las ventanas de errores —Qué pena.

Era una herramienta que se utilizaba en las agencias gubernamentales de seguridad, justamente para ese tipo de errores.

Max se encogió de hombros, como si no quedara otra alternativa, al diablo con el bono de Navidad por impecabilidad laboral—.

No te preocupes… pero sé más cuidadoso la próxima vez, por favor.

—Lo seré.

Se despidió de su jefe y encaminó sus pasos para abandonar el viejo edificio en 1-7 Old Queen Street.

Pasó por una cafetería y se llevó un expresso bien cargado para tomar a contramano de la gente, mientras volvía a su hogar en Barnes, a casi seis millas del centro de Londres.

Se abstrajo en sus pensamientos y resistió la tentación de volver a abrir su teléfono y la aplicación de IG.

Lo dejaría librado al azar, si el destino así lo quería, la encontraría sin necesidad de convertirse en Joe Goldberg de la serie “You”.

Parado en la esquina, esperando para cruzar la calle, levantó los ojos, vio una vidriera enorme con una publicidad en un llamativo y contrastante azul mar.

“50 % OFF en todos los cruceros + FREE UPGRADE desde 199 libras *con un asterisco para la letra chica* + Hasta 250 libras de crédito para tarifa aérea en cruceros seleccionados.”

Fue como si la gravedad lo arrastrase y la marea de gente lo llevara, de una esquina a la otra. Empujó la puerta y entró en la agencia de turismo.

—Buenos días.

—Buenos días —dijo la empleada, muy bonita y aburrida— ¿En qué puedo ayudarlo?

—Quería averiguar sobre esa publicidad… —dijo, señalando la vidriera a sus espaldas.

—¡Oh! Perfecto... Dependiendo del destino que prefiera podemos ofrecerle...

—¿Qué tienes saliendo de Roma la semana que viene?

La joven tecleó en su computadora y analizó la pantalla delante de ella.

—Tenemos varios cruceros hacia el Mediterráneo y el Adriático saliendo en esa semana y desde ese puerto.

—¿El Acmar Quest?

—Correcto…

La muchacha giró sobre su silla con rueditas y sacó varios folletos de los exhibidores.

—El Acmar Quest, con recorrido por la Costa Amalfitana, que está partiendo de Civitavecchia el viernes 8. Aquí tienes toda la información de los camarotes, restaurantes, instalaciones, entretenimiento a bordo y paquetes especiales.

—¿Cómo es el tema comunicaciones a bordo?

—Telefonía móvil sin restricciones dependiendo de su operador y el alcance de su señal.

Si necesita conexión permanente y segura, o mayor ancho de banda, puede contratar un paquete adicional de acceso ilimitado —Se estiró y buscó otro folleto— También hay paquetes de entretenimiento para adultos y un espacio romántico privado denominado "Dreamland".

—¿Cómo puedo comprarlo?

—En línea es la mejor manera, las gestiones desde la oficina tienen un recargo.

Max suprimió el deseo de entornar los ojos, agradeció la atención y salió de la oficina, retomando el rumbo a su hogar.