Atrapados en la nube CAPÍTULO 56
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CAPÍTULO 56

La cuenta atrás había comenzado. En unas horas Marc partiría a Manhattan y nuestros destinos volverían a estar separados de nuevo.

—Zoe, ¿puedo hablar un momento contigo? —Asier estaba frente a mí y ni me había percatado de ello.

—Ehhh… Lo siento, no te había visto.

—Ven al despacho, por favor.

Mis ojos se volvieron hacia Clara pidiendo conformidad para que también asistiese a la reunión, pero él movió la cabeza de un lado a otro negando la entrada de Clara a la sala.

—Ha sido muy intenso. —Abrí la conversación para suavizar el momento que acabábamos de vivir.

—Me da igual eso ahora. —Cerró la puerta y se acercó a mí besándome como nunca lo había hecho antes—.

Zoe, estoy sintiendo algo muy especial por ti.

Tú me has dado alas y has conseguido que me sienta realizado.

Me siento tan bien que ahora mismo te regalaría la luna si me lo pidieras…

Quiero que esta noche la pasemos juntos.

Por favor, Zoe, es el único regalo que quiero ahora mismo.

Me atrapó la cintura con sus fuertes brazos sin tener intención de soltarme y me acarició el pelo mientras sus ojos se clavaban intensamente en los míos.

—Asier, voy a ser sincera contigo. No sé si estoy preparada para estar con una persona como tú.

Primero tengo que ordenar mi vida y estar preparada para vivir un amor intenso contigo.

Cada mañana cuando me levanto me pregunto si esta historia es fruto de un interés por mí o realmente por destruir a Sofía.

No sé si he sido un instrumento para tus objetivos o has sentido algo por mí.

—Zoe, ¿cómo puedes dudar de lo que siento por ti? Creo que no has entendido nada. Nunca he sentido con una mujer lo que estoy sintiendo por ti. Si hubiera querido únicamente acostarme contigo te puedo asegurar que mi modus operandi no habría sido este.

—Asier, me atraes muchísimo, te lo aseguro.

Cuando estoy contigo noto que entre nosotros hay una química sexual alucinante y es algo que me encanta.

En el trabajo hacemos muy buen equipo y sé que vamos a funcionar muy bien, pero por favor, deja que mi cabeza se aclare.

Ahora mismo estoy hecha un lío, no sé lo que quiero y lo que no.

Necesito tiempo, solo te pido un poco de tiempo para encontrar la paz interior que tanto necesito.

—Tómate el tiempo que necesites. Lo que no te puedo asegurar es que cuando llegue vaya a estar. —Su respuesta fue contundente. Asier me quería aquí y ahora y eso no iba a poder ser de momento.

—Haz lo que tengas que hacer. No puedo darme a ti por completo ahora mismo. Primero tengo que ocuparme de curar mi alma. No sé cuánto tiempo me llevará. Puede ser un mes, un año o una eternidad. Así que tú eres el que decides.

Agarré sus manos fuertemente y las puse en mi corazón para que comprobase la fuerza de mis sentimientos. Le di un beso en la mejilla y salí por la puerta. Tenía el tiempo justo para regresar a casa y salir en busca de Marc.

Abrí la puerta de casa. La llave no estaba echada.

—¿Hay alguien? —Me extrañó que Sandy no hubiese cerrado la puerta cuando salió a primera hora con los niños.

—Estoy aquí. —La voz de Alfonso emergió del final del pasillo.

—¿No tenías que estar en el hospital? —Me resultó muy extraño verle en casa a esa hora.

—He venido a cambiarme. Voy de nuevo para allá. Esta tarde operan a mi madre. Tienen que seguir con las pruebas así que de momento seguimos allí. Yo ya no voy a tener días y en el trabajo estamos hasta arriba. Ahora no es el mejor momento para esto, joder.

—Nunca es el mejor momento para los contratiempos Alfonso. —Los contratiempos no vienen nunca bien a nadie y menos a una persona tan metódica como era él.

—Esta tarde tengo que volver a cerrar un contrato, pero a partir de mañana, si puedo ayudarte con tu madre, dímelo.

No obtuve ninguna respuesta por parte de él.

Cuando salió por la puerta escribí a Marc. Eran las tres y media de la tarde.

—¿Estás todavía comprando? ¿Tienes la tarde libre para que pasemos juntos nuestras últimas horas?

Quería disfrutar cada segundo de él hasta que abandonase el país.

Mientras esperaba su respuesta me metí en la ducha.

Necesitaba relajarme y sentir el calor de las gotas de agua sobre mi piel y dejarme llevar por el placer de la evasión.

Cuando salí me encontré mucho mejor. Toda esa tensión que llevaba se había eliminado por completo.

Mientras secaba mi pelo con una toalla vi que la luz del móvil se encendía. Marc había respondido.

—Me han puesto una ‘call’ a las 16.00. Ven para el hotel cuando quieras pero no sé a qué hora terminar. Mientras tanto podré mirarte a los ojos, mirarte y sonreír porque eres lo más maravilloso que me ha pasado en la vida.

De repente mis ojos se inundaron de lágrimas.

Qué injusta era la vida. El amor que había nacido de la locura y había irrumpido sin avisar en mi monótona vida saldría de ella en unas horas, ¿o no?

La fuerza del amor es lo que tiene, es el arma más poderosa que hay en el universo, capaz de mover montañas, crear tornados y hacer realidad los sueños más imposibles.

—En dos horas estoy allí. Te quiero.

—Y yo. Estoy deseando encontrarme contigo de nuevo.

Llamé a Sandy. Necesitaba un último favor.

Alfonso me había cambiado los planes. Esa tarde iría a recoger a los niños, pero Sandy tenía que estar en casa con ellos.

Sería la última petición que le haría. Por lo menos en mucho tiempo.

Sandy había sido increíble conmigo. Siempre había estado a mi lado, pero ahora me había demostrado que era una amiga de verdad.

—¿¿Sandy??

—Dime, amor, estoy a punto de entrar en una reunión…

—Te necesito, un último favor, te pido por favor que esta tarde la pases con los niños. Te lo suplico.

—Hasta las seis no llego.

—¡Perfecto! Te debo mi vida Sandy. Eres mi ángel.

—Te dejo, luego hablamos, un beso.

El tiempo se me estaba echando encima. Iría al colegio a buscar a los niños, pero debía quedarme hasta que llegase Sandy a casa. Eché cuentas y por lo menos no llegaría al hotel hasta las siete. Tenía que escribir a Marc.

—He tenido un contratiempo. Llegaré más tarde. Quizás esté allí sobre las siete. Love u.

Terminé de arreglarme. Ya no tenía prisa. El tiempo se había detenido y Cronos me había quitado minutos para estar con mi amor. No importaba. El encuentro sería más intenso.

Mientras me dirigía hacia el colegio a por Hermes y Apolo pensé en Asier.

¿Y si era verdad todo lo que me había dicho?

¿Por qué tenía miedo a dudar de su palabra?

Al fin y al cabo, estaba etiquetando a un hombre por lo que había hecho en el pasado y por la fama que tenía de mujeriego.

¿Debía confiar en él? Eran muchas preguntas que ahora no estaba dispuesta a plantearme.

Recogí a los niños y los monté rápidamente en el coche.

Seguía ensimismada en mis pensamientos. Ahora le tocaba el turno a Sofía.

¿Dónde estaría? ¿Se habría escondido en su casa huyendo de ese choque de realidad que acababa de tener hace unas horas?

Era tan orgullosa que al sentirse humillada en medio de sus compañeros había sacado la hiena que llevaba dentro.

—Mamá, ¿esta tarde estarás con nosotros? —En ese momento me sentí fatal. Tenía la sensación de estar descuidando a mis hijos—. Tengo examen de Sociales y no me lo sé. Me tienes que preguntar.

—Cariño, tengo que cerrar el contrato y vuelvo a la empresa. Vendrá Sandy con vosotros porque papá vuelve al hospital con la abuela, pero te prometo que esta noche dormiré con vosotros.

Apolo no se había quedado muy conforme con la respuesta que le había dado, pero tenía que pensar un poco en mí y en mi felicidad. No nos damos cuenta de estas cosas, pero cuando nuestros hijos son mayores y abandonan el nido encontramos un sentimiento de vacío que inunda nuestros corazones.

Madre, esposa, hija, trabajadora y mártir. Eso es en lo que se estaba convirtiendo mi vida hasta que Asier y Marc aparecieron en ella.

A las seis y diez escuché el timbre del telefonillo. Sandy había llegado. Cogí el bolso y me despedí de los niños hasta la noche. La encontré en el rellano del ascensor.

—No sé cómo agradecerte esto de verdad. Necesito estar con Marc este instante. Quizás los últimos minutos que estemos juntos en nuestra vida. Y eso alimentará mi alma para siempre.

Nos fundimos en un gran abrazo. Una amistad sin compromisos, sincera, desinteresada, que mantendríamos el resto de nuestra existencia.

En el taxi de camino al hotel de Marc los recuerdos sobre el principio de nuestra relación emergían en mi mente como pequeñas pinceladas de un cuadro inacabado, difusas en sus trazos, pero con una intensidad emotiva fácil de capturar.

—Señorita, ¿puedo colocar mi chaqueta aquí? —me dijo amablemente y con un acento un poco raro.

—Sí, hombre, colócala donde te dé la gana, esto no es mío.

Quién me iba a decir a mí que eso sería el inicio de algo tan bonito como un sentimiento entre dos personas con dos caminos completamente diferentes que convergen en un único final: el amor.

Cuando atravesé la puerta de entrada al hotel Marc me estaba esperando en el hall. Nos dimos un apasionado beso en medio de la sala. Nos daba igual. No podíamos esperar para subir a la habitación para mostrar esa energía que no podíamos contener.

Eran las ocho menos cuarto cuando volvíamos a unir nuestros cuerpos de nuevo intensamente. Como si no volviesen a encontrarse nunca más. Los dos teníamos que recordar ese momento para siempre.

Cuando cogimos el taxi de camino al aeropuerto el silencio se apoderó de nosotros. Marc miraba al frente con la mirada perdida. Cogí sus manos y las uní a las mías.

—Zoe. —Nuestras miradas se unieron con la intensidad de un volcán—. Te quiero. Quiero que me esperes, por favor. Déjame dos meses, dos meses para organizar mi vida. I`ll come back for u.

—Te voy a esperar eternamente, mi amor. No quiero estar ahora mismo con nadie que no seas tú. Marc, te pido lo mismo, por favor. Sigamos con nuestra historia, quiero que estés a mi lado y que se unan los dos continentes solo por conservar nuestro amor.

El resto del camino fuimos abrazos, respirándonos y saboreando cada milímetro de nuestra piel.

Me acerqué a su oído y le susurré un “te quiero”.

Sentía que Marc era el hombre de mi vida.

Bajamos del vehículo y le acompañé hasta la entrada de la terminal de salidas.

Le besé y salí corriendo hacia la parada de taxis. No quería mirar atrás.

—¡Zoe, te quiero! —Oí la voz de Marc por última vez mientras la angustia invadía todo mi cuerpo.

¿Quién dijo que no existe el amor? A mis treinta y nueve años había conseguido sentirme plena y saber qué es el amor verdadero.

La despedida fue como un hasta luego. A partir de ese momento volveríamos a usar la tecnología para sentirnos vivos.

Esa nube que nos dio todo debería mantenerse viva para que la llama de nuestra pasión conservase la misma esencia que al inicio.

Y eso ya no era tarea de los dioses, Marc y yo nos encargaríamos de mantener el deseo y el amor verdadero que nació en la red.

De pronto una vibración me llevó de nuevo al mundo real. Era mi Whatsapp. Suponía que era un mensaje de Marc que ya me estaba echando de menos. Abrí impaciente la aplicación y vi un mensaje de Asier.

—¿Te apetece un Raventós i Blanc de Nit del 2017?

Me llamo Zoe, tengo 39 años y soy una mujer normal.

Una mujer que, lejos de creer que es una del montón, ahora piensa que es especial y que cree que todas podemos ser especiales.

Todas tenemos algo en nuestras vidas que nos hace únicas.

Solamente hay que creer en nuestra estrella y nuestra estrella vendrá a nosotras.